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DEPORTES

El sedán cruza el Sena

Alemania se convirtió hoy en el primer semifinalista del Mundial de Brasil 2014 al vencer 1-0 a Francia en un partido tenso, cerrado y muy psicológico. 
Mauricio Mejía
04 julio 2014 14:6 Última actualización 04 julio 2014 14:10
Mats Hummels fue el encargado de abrir el marcador al minuto 12. (Reuters)

Mats Hummels fue el encargado de abrir el marcador al minuto 12. (Reuters)

Alemania vuelve a semifinales por cuarta ocasión seguida en una tarde tensa en Río. Hummels, convertido en Gerd Müller, saca del aprieto francés a una maquinaria enfriada por la gripe. El extraordinario astro del Dortmund pontifica el señorío de los buenos centrales: su remate de cabeza hizo recordar a los grandes de este cargo cuando el futbol era sepia de pura nostalgia. Resolvió el enredo francés compuesto por un Valbuena heroico y diez colaboradores cercanos. Intenso duelo de estreses el de este día en el Maracaná. Se decantó por el tesón y la altivez más que por el estilo y los gestos.

El más parejo de los enfrentamientos de cuartos de final cumplió con la inercia de su propia historia
. Los vecinos se conocen hasta el aliento. No era fácil el programa para los alemanes porque nunca lo ha sido. En aquellas semifinales del 82, el pleito fue resuelto por la muerte súbita. Hoy, en el último aliento, Benzema pudo volver el calendario al Mundial español. Fue Neuer el causante de que todo terminara en la hora y media.

Alemania es una poderosa fortaleza justo porque sus hombres responden atinadamente a la hora del requisito. Si Hummels satisfizo la exigencia en el área chica contraria, Neuer lo hizo bajo el arco. Asumido como eco de Maier, aquel bárbaro guardameta del 74, mantuvo el cero en medio de una gresca que soplaba sus últimos suspiros.

Con achaques, la maquinaria alemana tuvo que imponerse primero al virus y luego a unos rivales de silenciosos atributos. Francia no fue sombra en este Mundial. Ni mucho menos. Compacto, bien armado, el conjunto jugó siempre a cerrar espacios y a obedecer la regla básica del juego: la que corre es la pelota. Así, diestro y espadachín se midió ante una escuadra que hace de las semifinales una redundancia. Para muchos este tipo de partidos, cerrados y bien protegidos, suelen ser tediosos. Cuando se juega un pase a la antesala del título, la partida de ajedrez se vuelve un espasmo, allí su riqueza táctica y sicológica. No hay que olvidar que el futbol es la guerra por otros medios.

La estrategia francesa mantuvo a raya por un buen rato al favorito europeo para alzar la Copa del Mundo. Acaso la diferencia entre uno y otro ha sido el sistema: los germanos se saben al pie de la letra el manual de uso de su fabricación. Cuando uno de ellos pierde la pelota hay uno enterado y corrige la avería. El soporte es abrumador. Para acabar con el artefacto hay que duplicar la paciencia y la imaginación.
A Francia le faltó eso: romanticismo. Sus ideas han sido atinadas, pero para acabar con el sedán se necesita algo más: creatividad. Victor Hugo se quedó sin palabras nuevas.

Cuando la tensión es mucha, los conjuntos bien plantados, seguros de sus cualidades, suelen salir airosos del conflicto. Los alemanes llevaron el partido al presión máxima. Sabedores de su potencia se dieron el lujo de fallar dos tiros ante el arco del triunfo. Schürrle pudo definir en ambas ocasiones pero la puerta de Lloris puso el candado desde el remate de Hummels.

El sedán busca el camino a Río después de atravesar el Sena.

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