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Libreta de apuntes

El espíritu de Alemania es Philipp Lahm

El capitán teutón es el motor incansable. Hoy en el triunfo de los germanos ante Estados Unidos (1.0), Lahm ha compuesto una oda al espíritu.
Mauricio Mejía
26 junio 2014 13:45 Última actualización 26 junio 2014 19:31
Recife debe sentirse afortunada de ver a uno de los más grandes portentos que ha tenido el futbol en toda su historia. (Reuters)

Alemania hizo de Estados Unidos un guiñapo. (Reuters)

No existe en todo el torneo de Brasil un espíritu tan grande como el de Philipp Lahm. Si Alemania ha abolido las posiciones, la lucha de clases dentro de su esquema, se debe a que tiene al jugador más obrero de todos los que militan en la Copa del Mundo. Lahm es el motor incansable. Defiende como central, labora como contención, luego como creativo y es pieza clave en los avances de un sistema que ha dado vuelta a la tuerca.

Recife debe sentirse afortunada de ver a uno de los más grandes portentos que ha tenido el futbol en toda su historia. A veces parece increíble lo que hace este dínamo: recorre la cancha de un lado a otro, es puntual en la cita defensiva (como lo demostró en el único momento de peligro ofrecido por los americanos) abre el juego, le da cadencia, ritmo y, por si fuera poco, tiene un olfato ofensivo muy peculiar. Todas las posiciones parecen descansar en este microcosmos del juego. Hoy Lahm ha compuesto una oda al espíritu.

Alemania, resuelta a no dejar dudas, ha hecho del equipo más atlético un guiñapo, una facha. A la pregunta común de ¿para dónde va el juego después dela arte catalán? Los alemanes parecen ofrecer una respuesta: va hacia el futbol total pero remasterizado. No hay cargos en la fábrica. Una forma de comunismo gobierna el cuadro germano: Müller defiende, Kross ataca, Hummels actúa de lateral, el mismo Klose juega a defender desde la mitad del equipo contrario. Todos son todos. Es asombroso lo que hace esta clase trabajadora con la formación: se adapta a la circunstancia y nunca deja una zona descubierta del campo. Para ello se requiere de un gran esfuerzo, de un gran desgaste.

El trabajo impreso en cada partido es la sustancia de este sistema de producción: Alemania no juega, se emplea. Por eso es tan distinta al resto.

La peor estampa de los americanos ha coincidido con la recuperación anímica y táctica de sus rivales. Estados Unidos fue capaz de vencer a los alemanes en un amistoso y de sobrada manera. Pero un juego de Mundial es distinto. La maquinara ha impuesto condiciones y ha dejado en claro que en este torneo importa la prosapia. Desde 1954 los alemanes juegan a darle mejor rendimiento al motor. Hoy la WM de Herberger ha sido implementada con nuevas válvulas y bujías.

Alemania parece, otra vez, el saludo de una nueva época del juego más lindo. No será bello, pero será, como en otras ocasiones, tecnológicamente efectivo.

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