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Doble Mate

El final del reinado de Juan Carlos I ha coincidido con el final del barroquismo español en el futbol. Chile ha puesto acta de defunción a un ciclo estético llevado al límite. Por ahora es tiempo, otra vez, de la máquina de alta velocidad.
Mauricio Mejía
18 junio 2014 17:8 Última actualización 18 junio 2014 17:50
No hay vuelta para atrás, avejentada, sobrevista, la escultura española es ya una reliquia del tiempo. (Reuters)

No hay vuelta para atrás, avejentada, sobrevista, la escultura española es ya una reliquia del tiempo. (Reuters)

El final del reinado de Juan Carlos I ha coincidido con el final del barroquismo español en el futbol. Chile ha puesto acta de defunción a un ciclo estético llevado al límite. Desde que Guardiola le dio vuelta a la tuerca para llevar la imposición del artista sobre la obra a lo máximo en el Barcelona, desde ese entonces se fue gestando una transformación en la geometría de la cancha.

Los planos ya no lo eran; llegaron los polígonos, los octaedros y las formas más imposibles en la imaginaria superficie del césped. Del Bosque llevó la vanguardia de Cataluña al resto de España. Y se hizo de la Copa del Mundo de 2010 con ese estilo casi churrigueresco. El futbol se sentía bien en el arte. Pero da la casualidad de que ambos son estados de ánimo, estados de tiempo. Ambos comenzaron a dormir en camas separadas cuando el Bayern de Múnich imprimió la fuerza del progreso al sistema de juego.

La industria y la velocidad terminarían haciendo de la vanguardia una nostalgia. El día final de la tendencia romántica ha llegado oficialmente. Holanda en la idea, y Chile en la ejecución terminan un ciclo, una periodo, de la expresión humana en el juego más lindo. No hay vuelta para atrás, avejentada, sobrevista, la escultura española es ya una reliquia del tiempo, un tiempo voraz e hípercompetido que proponen, otra vez como hace 40 años, Alemania y Holanda.

Brasil, en ese sentido, tampoco tiene argumentos para sumarse a la nueva vanguardia, que dicho sea de paso, terminará agotándose rápidamente, como todas las vanguardias. Llegará, eso sí, otro romanticismo como el de Brasil 70, como el del 84 o como de esta España. No hay manera de indagar por dónde.

Por ahora es tiempo, otra vez, de la máquina de alta velocidad.

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