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Costa Rica se despide del Mundial con el respeto de la señora Europa

Costa Rica, la selección por la que nadie apostaba un sólo peso, se retiró hoy de Brasil 2014 con la cara en alto. Los ticos perdieron frente a Holanda en un partido que se extendió hasta los penales.
Mauricio Mejía
05 julio 2014 18:36 Última actualización 05 julio 2014 18:49
La selección de Costa Rica se convirtió en el "caballo negro" del Mundial de Brasil 2014. (AP)

La selección de Costa Rica se convirtió en el "caballo negro" del Mundial de Brasil 2014. (AP)

Costa Rica, la voz cantante de la Revolución de Terciopelo, se despide de un Mundial en el que no perdió y en el que se ganó la admiración y el respeto de las señoras selecciones de la vieja Europa.

Holanda gana en la ruleta rusa y vuelve a las semifinales en las que enfrentará a una Argentina tan afortunada como ella. El costumbrismo se impone en la recta final de Brasil ante el sarcasmo y el realismo mágico. El futbol es un señor conservador al que no le gustan los jeans y los poemarios sin comas ni acentos. Vaya señor Mostaza.

Mucho se dirá de la pericia de Van Gaal, estratega nato, general dentro y fuera de su casa. El técnico holandés, al que las bromas alteran, cambió de arquero cuando los tiempos extras esperaban los santos oleos. La ocurrencia pudo pasar como desplante para el resto del mundo, pero el señor sabe por dónde van las reglas y a ellas se acomete. La táctica es lo suyo. En un certamen en el que lo que importa es el qué, sin voltear a ver el cómo, Van Gaal se otorgó un nuevo diploma al mérito.

Acabó en el albur a una selección tica valerosa, admirable y graciosa. Sí. Los penales suelen medir la fortaleza técnica, mental y física de los conjuntos. Los holandeses han sido eficientes en el plano de la sicología y en el de la contundencia. Costa Rica demuestra, dolorosamente, que a los vecinos del piso de debajo del vecindario de las alcurnias les falta el detalle fino, el desliz. El desapego a la biografía con todos sus traumas.

Holanda, que tampoco ha perdido, recurre al amparo para salir ilesa de una tarde larguísima en Salvador de Bahía.

Los ticos demostraron hasta poco antes del silbatazo final que no eran una mentira; eran otra forma de la verdad. Honestos con su brega. Aplausos para un equipo ninguneado desde antes de que la pelota rodara en esta Copa. Mil veces eliminado, el batallón jugo a ser la ONG más combativa de este acontecimiento. Llegó al otro lado del llano y escuchó como callaban los perros a su paso.

Quijotesca manera la de esta percha. Los molinos pararon ante el paso de este caballito negro del que no se esperaba casi nada.

Al revés de los baluartes de la jefatura del continente, brasileños y argentinos, pechos fríos en medio de la hoguera, estos hombres propusieron e impusieron una forma de ver el mundo. Magnífico ejemplo del sueño en una era plagada de despiertos. No se sabe aún si esta historia sobrepasará el tiempo; por ahora es justo decir que David y Goliat compiten en la misma división, la de los superpesados.

Holanda necesita de dos victorias para redimir su largo pasado de frustraciones. Van Gaal lo sabe. Hasta ahora no hay relato en naranja.

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