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Brasil apesta a medianía

Esta selección brasileña vino a romper con la tradición del buen juego de sus antecesoras. Aunque le ganó 2-1 a Colombia y está en semifinales, su futbol apesta a mediocridad, a medianía. 
Mauricio Mejía
04 julio 2014 17:45 Última actualización 04 julio 2014 17:50
Neymar se cayó en muchas ocasiones durante el partido contra Colombia (Reuters)

Neymar se cayó en muchas ocasiones durante el partido contra Colombia (Reuters)

El más indigno, de tan vergonzoso, Brasil se hace de las semifinales sobre una Colombia que traicionó a su lindura durante más de la mitad del partido. La tarde de Fortaleza despide a un equipo alegre y se conforma con las minucias de un local dispuesto a todo con tal de la victoria. Es lastimosa la manera, pero la realidad suele conformarse con poco y para Brasil lo poco es mucho.

Indignante equipo este de Scolari, quizá uno de los peores enemigos de la belleza y el arte. Se habla mucho de Mourinho, pero el técnico brasileño es de una desfachatez que espanta. Su equipo, el que causa mayor admiración en el mundo, es un harapo que nunca es lo que debe y puede ser. Brasil apesta de medianía, de mediocridad. Juega a ser Italia, pasar la ronda a como de lugar. Luego a ser Uruguay, la trampa de la lesión y el desgaste del tiempo. Y muchas veces a San Marino, el peor en el toque de la pelota: la avienta al otro lado como si fuera éste un juego de barrio y no de alta escuela. Pobre Brasil de tan tacaño.

Scolari juega a ministerio del interior. Ganar, lo dijo Neymar, sin espectáculo. Se va notando que ese país, en medio de sus arrebatos de ira, busca el título aún con certificado apócrifo con tal de que de verdad se oculte en la mentira. Hay países a los que no se les está permitida la fealdad. Y éste hace de lo feo un acto de protesta. Vaya engaño que ha llegado tan lejos.

Ofende Brasil. Su injuria es tan penosa que sigue en el rezo antes que en el pincel. La noche del crack, David Luiz es lo único rescatable en esta camaradería de pequeñeces. Anota un gol en medio del suplicio. Suficiente para escapar de las garras de la paupérrima manera de ser de una oncena indecible de tan morosa. El veneno infame de Scolari debe ser contenido por un equipo solvente que eche abajo su tibieza. Brasil está impedido de la tecnocracia, sobre todo cuando se trata de futbol. El amaño de sus estándares de bienestar se nota. Scolari es una copia burda de Lula da Silva. La apariencia los gobierna.

Y lo peor: se quedan con la apariencia. Dos es más que uno, se dirá en el lenguaje aborrecible de la aritmética. Pero si alguien se le debe la fantasía, en la que dos y dos no son cuatro, es justo a los equipos siempre asombrosos y bellos del Brasil: Pelé, era bajito de estatura; Garrincha zambo y Romario un alma perdida en el relajo. Esta selección está impedida de las reglas de la economía y ahora resulta ser el más emblemático de la ecuación simple y conformista de la balanza comercial.

Colombia dice adiós a lo americano: el verso contra la simple y aburrida prosa del rival. Brasil es tan aburrido como la peor aristocracia de la otra tierra. Espantoso equipo. Inolvidable Colombia.

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