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Una mirada al pasado podría revelar el futuro del iPhone

¿Qué tienen en común el smartphone y la maquina de escribir de IBM de los años 60´s? El escritor Adam Minter nos muestra un panorama de lo que podría enfrentar el teléfono de Apple.
Adam Minter*
21 abril 2017 14:6 Última actualización 21 abril 2017 14:38
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Para el décimo aniversario del iPhone,  Apple proyecta lanzar este año modelos nuevos y de más categoría, con diseños actualizados, cámaras mejoradas y pantallas de mayor calidad.

Pero un lanzamiento de producto más importante comenzó en realidad a mediados de marzo, cuando la compañía reintrodujo sigilosamente el iPhone 6 –de hace dos años y medio y discontinuado-- en varios países de Asia y Europa del Este.

Puede sonar poco atractivo, pero para Apple, cuyo crecimiento se está apoyando en el mundo en desarrollo, se trata en realidad de una medida con visión de futuro.

La empresa está reconociendo que los teléfonos inteligentes están transitando de la condición de productos de nicho y de elite a la de tecnologías maduras, que todo el mundo tiene y que no se cambian con frecuencia por versiones mejores. Y todo eso significa que la aburrida confiabilidad – no la innovación– definirá el futuro del iPhone.

A esta altura, la mayoría de los consumidores sabe lo que quiere de un smartphone (medios sociales, mensajes de texto y demás). Y mejores pantallas y cámaras solo persuadirán a unos cuantos de gastar en modelos nuevos. Eso es especialmente cierto en los mercados emergentes.

En Kenia, los usuarios mencionan los medios sociales como la razón principal para dejar atrás el teléfono básico, y los teléfonos usados –que se consiguen por solo 40 dólares— sirven igual para acceder a Facebook.

Por cierto, los teléfonos baratos no tendrán tan buena apariencia. Pero hacen todo lo que los adoptantes tardíos del smartphone quieren, y con eso es suficiente.

“Suficiente" no es algo que suene fantástico para Apple y otros fabricantes de teléfonos, que prosperan con el ciclo constante de elevación de categoría. Pero muchos productos conocidos han seguido el mismo camino, desde la innovación rupturista al producto básico confiable, rentable y suficiente.

El procesador de alimentos KitchenAid Model revolucionó las cocinas estadounidenses cuando apareció en 1937, pero desde entonces solo ha tenido cambios incrementales mientras se convertía en un titán de las listas de regalos de bodas. Los lavarropas Maytag, los molinos de viento Aermotor, los Ford y la pistola Browning M1911 han seguido en gran medida esa ruta.

Quizás el producto que más se aproxima al futuro del iPhone es la venerable máquina de escribir Selectric, de International Business Machines (IBM). Cuando IBM introdujo el aparato en 1961, ya había máquinas de escribir eléctricas desde hacía una década.

Pero la Selectric puso de cabeza el negocio al permitir una escritura más rápido y el cambio de fuentes, aumentando así la productividad en todo el mundo. Esa tecnología vino, además, empacada en una carcasa elegante y minimalista que rápidamente fue reconocida como un hito del diseño industrial.

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Foto. Tomada de (www-03.ibm.com)


Las ventas superaron los pronósticos desde el primer día, y la Selectric llegó a capturar el 75 por ciento del mercado estadounidenses de máquinas de escribir, ya que millones de gerentes de oficinas reconocieron que tenía exactamente lo que ellos necesitaban.

Pero un aparato tan perfectamente adecuado a las demandas de sus clientes no necesitaba mucho de nuevas versiones mejoradas, y a IBM le costó ampliar la línea.

La Selectric, introducida en 1971, permitía a los usuarios cambiar el número de caracteres tipeados por pulgada: algo útil, pero de ninguna manera indispensable para la mayor parte de las tareas de oficina.

Un tercer modelo fue lanzado en el amanecer de la era de la PC, pero para entonces el aumento de la competencia y el cambio de las demandas de los consumidores implicaban que los días de la Selectric estaban contados, y la línea fue discontinuada en 1986.

Sin embargo, de ninguna manera fue un fracaso. Su éxito de varias décadas contribuyó a financiar otras innovaciones en IBM, entre ellas la computadora personal.

En principio, el iPhone se está convirtiendo en algo similar, un modelo probado y usado que simplemente cumple con las necesidades del usuario. En Malasia, donde vivo, un revendedor autorizado está promoviendo el iPhone 6 con un gran letrero rojo que anuncia "Teléfono increíble, precio increíble”, sin referencia al nombre del modelo ni al año.

Un empleado me dijo que el teléfono se está vendiendo bien, especialmente a clientes jóvenes que no pueden afrontar un modelo más nuevo pero que aprecian la confiabilidad del iPhone en comparación con la mayor parte de los teléfonos Android.

Aunque poco vistoso, ese enfoque debería seguir siendo rentable para Apple durante algún tiempo y ayudar a pagar las cuentas mientras hace la transición hacia “la próxima gran cosa”.

Puede ser doloroso para los ejecutivos de Apple darse cuenta de que el emblemático invento se está convirtiendo en el equivalente para la era digital de una máquina de escribir o un lavarropas.

Pero en los últimos años Apple ha hecho importantes esfuerzos para expandir su negocio de servicios y contenidos, y que haya más iPhones –no importa cuántos—ayuda a cumplir con ese objetivo.

Si se los comercializa bien, la durabilidad de los teléfonos más aburridos puede convertirse en un activo. Entre tanto, si Apple quiere mantener su fama de innovador, deberá reconocer al iPhone como el producto maduro en que se ha convertido, y redirigir su famosa energía creativa hacia algo nuevo.

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial ni la de Bloomberg LP y sus dueños. Ni la de El Financiero

* Adam Minter es columnista de Bloomberg View y autor del libro "Planeta Junkyard: Viajes en el comercio de la basura un negocio de billones de dólares".

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