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Un acusado que
no puede defenderse

James Mitchell, el psicólogo que presuntamente cofundó una compañía pagada por la CIA para ejecutar su programa de interrogatorios, firmó un acuerdo de confidencialidad con la dependencia, por lo que no puede confirmar ni negar que tuvo algo que ver.
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11 diciembre 2014 23:57 Última actualización 12 diciembre 2014 10:9
La CIA es criticada por sus  presuntos actos de tortura, si ocurrieron fue para proteger a mucha gente, advierten. (Bloomberg)

La CIA es criticada por sus presuntos actos de tortura, si ocurrieron fue para proteger a mucha gente, advierten. (Bloomberg)

James Mitchell, el psicólogo que presuntamente cofundó una compañía pagada por la CIA para ejecutar su atroz programa de interrogatorios, está jubilado en Florida y pasa su tiempo libre practicando kayak, rafting y montañismo. Y ahora su vida raya en el surrealismo.

El hombre de 63 años, cuyo nombre la prensa vinculó por primera vez en 2009 al programa de la Agencia Central de Inteligencia, expuso que no puede confirmar ni negar si tuvo algo que ver con el polémico programa debido a un acuerdo de confidencialidad que firmó con el gobierno.

Entretanto, funcionarios estadounidenses que pidieron el anonimato y conocen bien el informe recientemente divulgado por los demócratas del Senado, revelaron que Mitchell participó en el interrogatorio de algunos de los detenidos más significativos de la CIA, incluyendo al autor intelectual del 11-S Khalid Sheikh Mohammed.

“Estoy en una caja, atrapado en alguna novela de Kafka”, dijo en entrevista telefónica desde su casa en Land O ‘Lakes, Florida. “Todo el mundo asume que soy yo, pero no puedo confirmarlo o negarlo. Es frustrante porque no puedes defenderte a ti mismo”.

Mitchell puntualizó que se retiró en 2011 y ya no está autorizado para practicar en ningún estado. Luego de que su nombre apareció por primera vez en informes de la prensa en relación con el programa de la CIA, recibió amenazas de muerte, declaró.

El informe, publicado por los demócratas del Comité de Inteligencia del Senado estadounidense, indicaba que el programa de interrogatorios mantenía a los sospechosos en frías celdas, los rociaban con agua helada y los alimentaban por la fuerza, algunos por vía rectal.

De acuerdo con el informe, al menos un detenido murió de hipotermia encadenado a un piso de concreto, mientras que otro trató de comerse su propio brazo. Otro detenido estuvo confinado 17 días en la oscuridad y otros alucinaban, sufrían paranoia y exhibían signos de psicosis. El informe utiliza seudónimos para los psicólogos involucrados, y no menciona específicamente a Mitchell.

Las técnicas utilizadas por la CIA, sin embargo, no sirvieron para proporcionar información útil y en ocasiones no fueron evaluadas ​​por el Departamento de Justicia, afirma el informe.

INTERPRETACIÓN SESGADA

Un artículo publicado por The New York Times en 2009 mencionaba que Mitchell y su socio fueron los arquitectos del programa de la CIA. El diario decía que Mitchell participaba directamente dando órdenes durante los interrogatorios, incluyendo un caso en que Mitchell ordenó que Abu Zubaydah, quien es descrito como un importante agente de Al Qaeda, se desnudara, fuera expuesto al frío y hostigado con música rock para privarlo del sueño cuando estuvo detenido en una cárcel de Tailandia. En el artículo del Times, Mitchell declaró que no podía comentar sobre esas acusaciones citando también su acuerdo de confidencialidad.

Mitchell, quien asegura haber pasado 20 años en la Fuerza Aérea de Estados Unidos, señaló que el programa de interrogatorios de la CIA debe ser considerado en el contexto de la época posterior al 11 de septiembre, cuando las agencias de inteligencia creían que otro ataque era inminente y estaban en una carrera contra el tiempo para evitar más muertes.

El informe del Senado “presenta sesgadamente las cosas” y pone otras fuera de contexto, adujo, negándose a dar detalles. “Parece que lo que hicieron fue tergiversar los hechos”, apuntó. “Es fácil mirar atrás en retrospectiva y decir que podrías haberlo hecho mejor”.

PRINCIPIOS ÉTICOS

Puntualizando que hablaba como un psicólogo entrenado en técnicas de interrogatorio, pero negando cualquier conocimiento directo del programa de la CIA, Mitchell dijo que apoyaría “cualquier recurso legal y que no produjera daño permanente”. Expresó que cualquiera que incurriera en abuso sexual o matara a un prisionero debería estar en la cárcel.

En 2010, luego de que el periódico Times publicara la historia, un psicólogo presentó una queja contra Mitchell ante el Tribunal Examinador de Psicólogos del Estado de Texas, citando su presunta participación en los interrogatorios y señalando violaciones éticas. La Asociación Estadounidense de Psicología expresó que la presunta conducta de Mitchell había dañado la “comprensión del público de la profesión de la psicología y sus principios éticos”.

Después de una audiencia a puerta cerrada en el 2011, el Tribunal Examinador de Texas desestimó la queja, indicando que no había suficiente evidencia para probar que Mitchell había violado sus reglas, según recogió Associated Press. Mitchell asevera que la denuncia estaba plagada de imprecisiones y expuso su caso al Tribunal estatal.

Ese mismo año, Mitchell renunció a su licencia. SIN EXPERIENCIA
El informe del Senado sostiene que los dos psicólogos que dirigían el programa de la CIA no tenían experiencia previa como interrogadores o en la lucha contra el terrorismo.

Mitchell señala que trabajó en una unidad de combate al terrorismo mientras estaba en la Fuerza Aérea, y decidió obtener su doctorado en psicología “para entender la psicología de la gente que construye bombas”. Se interesó particularmente en el estudio del “islamismo militante” después de que un amigo suyo fue capturado y asesinado en 1995 por una organización islámica militante, manifestó.

“Recibo muchos comentarios positivos de quienes piensan que los hombres y las mujeres de la CIA están haciendo el trabajo pesado para que el resto pueda dormir tranquilo por la noche”, apuntó Mitchell.

“Luego están quienes piensan que sería preferible que murieran tres mil personas en vez de abofetear a KSM (Khalid Sheikh Mohammed) y no les importa, porque no serán ellos quienes mueran. A ellos simplemente no les importa”.

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