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Pronto odiarás el chat de la oficina tanto como el e-mail

El chat grupal autorizado para usarse en la oficina como Slack, Google Hangouts, Hip Chat, entre otros, ofrecen utilidad disfrazada de entretenimiento, y a pesar de que alientan la comunicación, su omnipresencia puede empezar a molestar, tal como pasó con el e-mail.
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27 enero 2016 19:12 Última actualización 27 enero 2016 19:22
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Usuarios de chat

Más de un millón de personas inician sesión en el chat Slack todos los días. (Cuartoscuro/Archivo)

David Warsh quiere que te imagines a un oficinista reclinado sobre su computadora. “Luego llega una risita”, escribió en el Washington Post. “Un tecleo veloz. Él aprieta el botón de enviar y otro gerente en la otra punta de la habitación repite la escena”. Parece un día en la vida del empleado moderno, uno que pasa horas en Slack, HipChat o cualquier plataforma de chat grupal aprobada para el trabajo perdiendo el tiempo con sus compañeros de oficina. Pero el artículo es de 1991, y esos trabajadores no están chateando, sino mandando e-mails.

Cuando el e-mail llegó a las oficinas, a la gente le gustó por el mismo motivo por el cual a los trabajadores les encanta el chat de la oficina: ofrecía entretenimiento disfrazado de productividad. “Es divertido compartir secretos, contar chistes, coquetear, quejarse de los deslices de otros trabajadores”, escribió Warsh. Sin embargo, tal como pasó con el e-mail, nuestro amor por el chat grupal terminará transformándose en odio.

Los chats grupales en el trabajo explotaron. Más de un millón de personas inician sesión en Slack todos los días, frente a 120 mil usuarios diarios en 2014. Los equipos también se congregan en varios servicios similares, como HipChat, Google Hangouts y Skype, y a veces usan todos a la vez. El chat grupal fue elogiado como alternativa al e-mail, al que ahora se considera perjudicial y oneroso.

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ODIO, FATIGA

Hoy en día la gente odia el e-mail. Artículos recientes lo llaman “maligno” y la “cucaracha de la internet”. Uno de sus primeros atractivos resultó ser su perdición. “Creo que la belleza del e-mail está en que se lo puede seguir cuando a uno le plazca”, le dijo un entusiasta al Australian Financial Review en 1996. Ese placer redundó en casillas llenas que requieren mantenimiento constante. La capacidad de enviar e-mails en cualquier momento también acarrea que se los pueda recibir en cualquier momento. Una encuesta hecha el año pasado por el Pew Research Center descubrió que la mayoría de las personas chequea el e-mail del trabajo fuera de la oficina. En la misma encuesta, el 35 por ciento de los encuestados dijo que pasaba más tiempo trabajando debido a internet. Es sólo cuestión de tiempo hasta que también nos empiece a molestar el chat. Que el e-mail sirva de cuento con moraleja.

YA EMPEZÓ A SENTIRSE LA FATIGA DEL CHAT 


Justin Glow, quien escribe para The Verge, dejó Slack durante una semana en el último otoño boreal por la “sensación de pérdida de control”.

El chat, como el e-mail, alienta la comunicación, la cual, si bien es divertida, no siempre es la mejor forma de usar el tiempo. “Es muy fácil sentirse productivo cuando no lo estás siendo”, escribió Glow.

Brendan O’Neil, que trabaja en ventas en Robin, una aplicación para salas de reuniones, dice que sufre “miedo a perderse algo en los mensajes” cuando se aleja de Slack para trabajar. “Encontrar el equilibrio perfecto entre señal y ruido, estoy tratando de mejorar eso”, dijo él.

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hipchat


UTILIDAD

“En dosis pequeñas, es genial”, dijo Chris Collins, profesor asociado de la Escuela de Relaciones Industriales y Laborales de la Universidad Cornell. “La primera vez que uno se conectó a un chat por la velocidad probablemente haya sido genial. Sólo que se vuelve abrumador después de un tiempo a medida que levanta vuelo”.

La investigación de Collins reveló que si bien es importante compartir ideas dentro de un equipo, “el e-mail, las funciones de chat y los blogs internos son bastante inútiles”, dijo él. “Impactan muy poco a la hora de compartir el tipo de conocimiento para crear las grandes ideas”. Las reuniones cara a cara, descubrió Collins, son el lugar donde se originan las nuevas ideas. La investigación de Lindred Greer en Stanford arrojó resultados similares: el chat es bueno para la tormenta de ideas, pero no tanto para su ejecución.

Una ansiedad cada vez mayor con el chat no implica el fin del chat grupal. Slack, Google y Apple ven la posibilidad de que la gente sufra sobredosis de sus servicios. Cada una de ellas ofrece su propio modo “no molestar” —Slack presentó su versión recién el mes pasado—, un mensaje para otros miembros del chat que dice que usted está ocupado. Las funciones permiten que la gente lea y responda mensajes cuando le venga bien en vez de en tiempo real... lo cual suena muy parecido al e-mail.

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