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Escépticos del cambio climático resisten pese a huracanes y tormentas

Deborah Star Reed todavía confía en el poder de la esperanza y, como muchos, no cree en el cambio climático, por eso no ha decidido mudarse de su casa a la orilla del mar en Nueva York, construida en 1919.
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29 octubre 2014 15:24 Última actualización 01 noviembre 2014 5:5
Deborah Star Reed duda del cambio climático y confía en que su casa resistirá a las marejadas y huracanes. (Bloomberg)

Deborah Star Reed duda del cambio climático y confía en que su casa resistirá a las marejadas y huracanes. (Bloomberg)

Cuando llegó el Huracán "Sandy", Deborah Star Reed permaneció en su casa. "Irene", el año anterior, había tenido una publicidad exagerada. Su casa de hormigón construida en 1919 quedó intacta con "Donna" en 1960 y el “Grande” de 1938.

Por eso, el 29 de octubre de 2012, esta trabajadora del sector de la construcción retirada estaba comiendo costillitas de cerdo con una amiga, después de ignorar las advertencias de evacuación, cuando la primera ola se estrelló contra su casa a la orilla de Jamaica Bay en Nueva York. Horas más tarde, con el agua a la altura de la cadera junto a un piano tambaleante, se puso a rezar.

Reed todavía confía en el poder de la esperanza antes que de la experiencia. La ciencia dice que está luchando en vano contra el océano enfurecido. En vez de irse, esta mujer de 63 años renovó la decoración, reconstruyó la cocina y erigió cuatro mamparos junto a su muelle y un muro de hormigón frente al agua.

“'Sandy' fue excepcional, un Frankenstein loco”, dijo desde su plataforma con vista al horizonte de Manhattan. “Creo que usamos el cambio climático como una forma de decirle a la gente que se vaya. Yo sé que estoy a salvo”.

La resistencia de Reed es confirmada por estudios según los cuales la naturaleza humana normaliza rápidamente fenómenos climáticos anormales.

Ella personifica el dilema que enfrentan 134 millones de estadounidenses que vivirán sobre las 95 mil millas de costa en 2020 y pone en evidencia la paradoja de que las personas más directamente afectadas son las que más dificultades tienen en adaptarse.

PLANETA RECALENTADO

Pero tienen que adaptarse. Un planeta recalentado está derritiendo glaciares, elevando los niveles del mar y amenazando a ciudades como Bombay o Guangzhou. La mitad de la población mundial ya está viviendo a 60 kilómetros  del mar, según Naciones Unidas.

Lo que se pasa por alto en el debate sobre el clima es el factor humano, dice Henk Ovink, ex director general de planificación hídrica en Holanda.

“Pueden reunirse los mejores científicos, diseñadores, ingenieros, sociólogos y los diseñadores de políticas mejor intencionados en una sala y, sin darse cuenta, la conversación gira hacia soluciones e inversiones”, dijo Ovink que viaja entre Estados Unidos y Holanda compartiendo el know-how holandés con quienes tienen a su cargo la planificación después de Sandy.

“Nunca se habla de la gente, de la cultura. Y es allí donde se produce el cambio realmente”.

El mes pasado, el alcalde Bill de Blasio anunció planes para reducir un 80 por ciento las emisiones de gas con efecto invernadero de Nueva York para 2050 desde los niveles de 2005, señalando que el cambio climático es “una amenaza existencial para los neoyorquinos y para nuestro planeta”.

Para los habitantes de Rockaways, probablemente esté hablando en otro idioma.

“No entienden lo que esto significa”, dijo el concejal Donovan Richards, que tiene a Reed entre sus votantes. “No hablamos su idioma”.

Lo que significa es que cada uno que conduce un auto o calienta una casa genera dióxido de carbono, un gas con efecto invernadero que eleva las temperaturas globales.

No obstante, cuando los negociadores de la ONU se reúnan en Lima en diciembre para hablar de un tratado destinado a reducir las emisiones, corren el riesgo de caer en la trampa de que no participe un público que es el más afectado.

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