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Así trata el Silicon Valley a una mujer

Las minorías padecen el control que mantienen blancos y asiáticos sobre las firmas tecnológicas. El 1% de ingenieros en Facebook, Google y Twitter son negros y 3% son hispanos.
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13 noviembre 2014 17:45 Última actualización 14 noviembre 2014 5:0
Ser mujer, negro o hispano en el mundo del desarrollo tecnológico, es sinónimo de pertenecer a una minoría poco reconocida. (Especial)

Ser mujer, negro o hispano en el mundo del desarrollo tecnológico, es sinónimo de pertenecer a una minoría poco reconocida. (Especial)

Ana Medina dice que hay un código no escrito en Silicon Valley. La primera vez que se cruzó con él fue en la conferencia de desarrolladores de Google, donde un chico en su fila le preguntó si consiguió una entrada gratis por ser mujer. Alguien, desde el evento, publicó una foto de ella y atrajo una serie de comentarios… sobre su escote.

Su instinto fue expresar su estupor en Twitter, pero los amigos la convencieron de no hacerlo. “No vale la pena,” le dijeron a Medina, una joven de 20 años de edad que se especializa en informática. “Fue una especie de ‘déjalo ir, olvídalo.’”

Quizá esas situaciones sean gaje del oficio para las minorías en el mundo de la tecnología, esas mujeres, afroamericanos e hispanos, en una industria que es una de las mayores creadoras de riqueza para blancos y asiáticos. Medina recibió el consejo que Lloyd Carney siempre da a los recién llegados. “Directamente les digo a las mujeres y a las personas de color, ‘No te atrevas a abogar por la diversidad, tu carrera estaría acabada” dice Carney, hombre negro de 52 años, oriundo de Jamaica y CEO de Brocade Communications Systems Inc.

‘SONAR CAUCÁSICO’

Toda la atención que reciben las desequilibradas estadísticas no disminuye la extrañeza cotidiana de ser uno de una minoría, según reflejan entrevistas con dos docenas de ingenieros con experiencia en más de 20 empresas. Ellos dicen que encontraron la manera de lidiar con muchas de las preguntas, situaciones y suposiciones extrañas y exasperantes, hay que ignorarlas, no prestarles importancia.

Así lo hizo Caitie McCaffrey, sólo rió cuando los hombres con los que charlaba en una recepción supusieron que era la novia de alguien, no una desarrolladora del videojuego Halo de Microsoft. Kate Matsudaira sólo suspiró cuando los conocidos en la industria notaron que estaba embarazada y le preguntaron si iba a cerrar su startup.

Harry Sims, un ingeniero en tecnología inalámbrica y perito forense en juicios de patentes, hace caso omiso de los destellos de preocupación cuando los abogados litigantes lo ven en persona por primera vez. “Mi nombre suena blanco, y no sueno como negro”, dice.

SIN RESENTIMIENTO

En el patio del Coconuts, restaurante de Palo Alto donde Carney pasa tanto tiempo que los propietarios le pusieron su nombre a una bebida, él explica que lo entiende, aunque ello no significa que no haya un problema. Los clientes a menudo le dan primero la mano a su vendedor caucásico, nunca adivinan que el hombre negro es el director general.

“Si eso te hace enojar, te impedirá avanzar,” dice. “No puedes enojarte. Tienes que ser mejor que eso. Me gustaría que no fuera cierto, pero lo es.”

Cerca del 1 por ciento de los ingenieros de Facebook, Google y Twitter son negros, y alrededor del 3 por ciento son hispanos. A pesar del éxito de mujeres como Sheryl Sandberg, directora operativa de Facebook, y Marissa Mayer, CEO de Yahoo, los hombres ocupan casi el 70 por ciento de los empleos en empresas líderes.

SÚPER MINORÍA

Emuye Reynolds, egresada de la Brown University, es minoría por partida doble: una mujer negra. Ha trabajado como ingeniero de software en compañías como Apple y Zite. Vestida con camiseta y jeans, apoltronada en un sofá en la oficina de una startup, la chica de 30 años dice que el desarrollo de software es un trabajo ideal, aunque algunas veces sea descabellado nunca trabajar con una persona parecida a ti.

No le preocupan los actos explícitos de discriminación y acoso. Reynolds sabe cómo manejarlos. Es el aislamiento y la especulación lo que puede sacarte de tus casillas. ¿Por qué no me asignaron ese trabajo?, ¿por qué ese recién llegado cuestiona mi autoridad?

“Es la muerte por detalles cotidianos,” dice Reynolds, mucha de esa tortura es auto-infligida por el debate interno que mantiene con ella misma. “Yo veo las cosas y pienso, ¿esto es porque…? ¿No es porque…?” A veces el debate se zanja con un “Tal vez estoy loca”.

MUJERES GEEK

Kate Matsudaira entiende ese dilema perfectamente. Ella le diría a Reynolds que no está loca, y que guarde silencio sobre el asunto. Ella aplica el consejo de Lloyd Carney.

“Tan pronto como te pones en el campo de las personas que hablan de ‘los problemas,’ ya no eres la persona que trabaja duro, eres la persona que alzó la voz,” dice.

Con 34 años y con un currículo donde aparecen Amazon.com y otras cuatro empresas, Matsudaira es prácticamente de la vieja guardia. Cuando comenzó en Microsoft en 2002, usaba pantalones tipo cargo para integrarse y mezclarse; cuando trabajó en Delve Networks en 2007, se unió a una liga de fútbol de fantasía, porque así era como los hombres creaban lazos.

A través de los años ha tenido roces con el sexismo, algunas divertidas, como la vez que alguien en una reunión directiva le pidió una taza de café, sin darse cuenta de que ella era una directiva.

Ahora es propietaria de una compañía en Seattle, el sitio de orientación profesional Popforms, y se pone vestidos y tacones cada vez que quiere, y deliberadamente en las fiestas de la industria, donde quiere destacar como geek mujer.

'CONVERSACIONES INCÓMODAS'

En San Francisco, en una mesa de conferencias en las oficinas de Pinterest Inc., Makinde Adeagbo dice que entiende lo que está detrás de la preocupación de ser visto como activista: las empresas, presionadas para idear el próximo gran producto, quieren talento que les ayude a lanzarlo, no rebeldes que vayan a distraer la atención de la misión.

Aún así, “participar en el cambio que quieres ver en tu industria no debería suscitar dudas sobre tu compromiso,” dice. Adeagbo está involucrado con grupos como Code2040, que ayuda a que negros e hispanos consigan pasantías. Comenzó en Pinterest en 2013 como ingeniero, hoy trabaja en procesos de reclutamiento y capacitación.

Egresado del Massachusetts Institute of Technology, Adeagbo aprendió rápido a qué se enfrentaba a su llegada a Silicon Valley. ¿Racismo? En realidad no.

“Lo que sí tenemos son un montón de conversaciones incómodas, embarazosas,” señala.

Dos de esos diálogos inolvidables se produjeron con entrevistadores blancos de compañías cuyo nombre prefiere reservarse, uno preguntó por qué los negros se sientan en la misma mesa del almuerzo, otro se interesó por la evolución en términos de su raza, incluyendo la palabra ‘nigger.’ Adeagbo dice que cortésmente puso fin a las conversaciones y declinó las ofertas, en uno de los casos indicándole a un reclutador que no estaba interesado en el puesto por una “seria incompatibilidad cultural.”

Eso fue antes de que obtuviera su primer empleo a tiempo completo, en Facebook en 2007. Ahora tiene 29 años y se ha establecido, piensa que no tendrá que pasar por eso otra vez - y quizás, hoy por hoy, eso ya no sucedería.

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