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El próximo CEO de Exxon heredará a un gigante disminuido

A una década de la transición del CEO de la mayor compañía petrolera de Estados Unidos a cargo de Rex Tillerson, la empresa se encuentra de nuevo en búsqueda de un nuevo líder. Pero, ¿qué rumbo tomará su gestión? 
Joe Carroll
25 diciembre 2015 19:45 Última actualización 27 diciembre 2015 15:43
Especial Tillerson

Especial Tillerson

Hace una década, cuando el CEO de ExxonMobil. Lee Raymond estaba próximo a jubilarse y en busca de un sucesor, Rex Tillerson parecía el candidato perfecto.

Tillerson, de 53 años y nativo de Texas con una licenciatura en ingeniería y una presencia física imponente, era un veterano de Exxon que había pasado 30 años en el sector “upstream” del negocio, dedicado a la exploración y producción de petróleo y gas. Su currículum incluía temporadas en Yemen y Tailandia.

El principal rival de Tillerson para el puesto, Ed Galante, provenía del sector “downstream”, dedicado al refinamiento de crudo y gas natural en combustibles y productos químicos, tareas importantes pero no tanto como la división de producción, que representa alrededor del 80% de las ganancias de Exxon. En enero de 2006, Tillerson se convirtió en presidente y CEO. Y al término de ese mismo mes, Galante se había retirado.

La mayor petrolera de Estados Unidos de nuevo está en busca de su próximo líder. Tillerson no llegará a la edad de jubilación obligatoria de Exxon de 65 años hasta marzo de 2017, pero en algún momento de 2016 la junta elegirá a su sucesor. La contienda para el cargo es muy similar a la anterior. Los principales candidatos son Jack Williams, quien dirige la división responsable de más de 45 mil pozos de petróleo y gas en todo el mundo, y Darren Woods, jefe del negocio de refinación, que genera 10 millones de galones de gasolina, diésel y otros combustibles cada hora cada día.

El vencedor asumirá el control de una corporación que sigue siendo impresionante en casi todos los sentidos. Extrae suficiente crudo para llenar un superpetrolero todos los días, emplea a 75 mil personas y genera 400 mil millones de dólares en ventas anuales. Las reservas sin explotar de Exxon son tan grandes que la compañía podría continuar el ritmo actual de producción por cerca de 20 años incluso si nunca encuentra en el subsuelo otro barril de crudo. Sin embargo, Tillerson entregará una Exxon sustancialmente disminuida con respecto a la que heredó.

Cuando Tillerson asumió las riendas, Exxon tenía en sus arcas 28 mil 700 millones de dólares en efectivo y extraía casi 4.3 millones de barriles de crudo al día. Hoy, la producción de Exxon ha bajado a 4 millones de barriles diarios, y sus reservas de efectivo han caído 85% a apenas 4 mil 300 millones de dólares, erosionadas por el desplome de los precios de los energéticos y los crecientes costos. "El mundo ha cambiado dramáticamente desde que Rex Tillerson asumió el cargo", dice Brian Youngberg, analista de Edward Jones, una firma de corretaje y asesoría. "El hecho de que él está dejando a su sucesor una empresa que produce menos de lo que producía hace 10 años dice mucho."

¿Será el próximo CEO uno que encuentre petróleo o uno que lo refine?
Cuando Tillerson llegó a la dirección tenía abundantes perspectivas de exploración desde África occidental a América Latina tras la compra de Mobil en 1999 por 88 mil millones de dólares. Habiendo agotado gran parte de ese inventario, tuvo que buscar otras fuentes de crecimiento.

Sin embargo, sus dos principales movimientos han sido hasta ahora fracasos. En 2010, después de dudar del potencial del esquisto de Estados Unidos durante sus primeros años como CEO, Tillerson negoció la adquisición de XTO Energy, especialista en la perforación de gas de esquisto, por 35 mil millones de dólares. Pero para el año 2012 los precios del gas natural se habían derrumbado y se han mantenido históricamente baratos. "Él hizo una apuesta en los precios del gas natural que resultó ser totalmente equivocada", dice Youngberg.

En 2011, Tillerson se asoció con la paraestatal rusa Rosneft para perforar en el Ártico ruso. El acuerdo se frustró luego de que la intervención de Vladimir Putin en Ucrania provocara sanciones internacionales contra Rusia, obligando a Exxon a abandonar el proyecto y los mil millones de dólares que ya había gastado.

Actualmente, a menos de 50 dls el barril, el petróleo vale casi la mitad del precio que tenía durante la mayor parte de la gerencia de Tillerson. Y para su sucesor no será fácil encontrar nuevos yacimientos de petróleo. "ExxonMobil no tiene crecimiento y su rentabilidad disminuye, y no está claro qué cambiará esa situación aparte de los precios del petróleo", dice el analista de Wolfe Research Paul Sankey. Sin embargo, en comparación con compañías petroleras rivales, Exxon ha gestionado la crisis bastante bien, evitando despidos masivos y conservando su calificación crediticia de triple A. El dinero que gastó se destinó a megaproyectos que asegura entregarán beneficios durante décadas.

En marzo, Tillerson anunció que Exxon planea duplicar su producción de crudo de esquisto estadounidense en tres años. Esa estrategia podría favorecer la candidatura de Williams para CEO, dada su experiencia en esa rama habiendo sido elegido por Tillerson para liderar XTO tras la adquisición. Williams hizo un buen trabajo protegiendo a los ingenieros exploradores independientes de XTO de la rígida centralización de Exxon en la toma de decisiones. Permitió que XTO operara como una unidad semiautónoma con sus propias oficinas centrales y con autoridad de compra. Esta libertad podría reportar sus frutos ahora que Exxon se apoye en la experiencia de XTO para aumentar su producción de esquisto en Estados Unidos. Woods, entre tanto, ha pasado los últimos tres años suprimiendo las unidades de refinación más débiles de Exxon, reduciendo costos y aumentando beneficios.

En última instancia, la decisión sobre el sucesor de Tillerson dependerá de la inclinación de la junta: si favorece al artífice de los progresos de la compañía en el esquisto o al ingeniero que vendió las propiedades de Exxon para mejorar las ganancias. Si se parece a la última sucesión, el perdedor acaso tenga que buscar un nuevo lugar para trabajar.

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