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Corinne, la forense que identifica a los migrantes muertos en Texas

Corinne Stern, es la forense del Condado de Webb, al sur de Texas. Su misión es identificar los cuerpos de los migrantes y además se enfrenta a todo tipo de trabas burocráticas y lingüísticas para solicitar ayuda a México, El Salvador, Guatemala y otros países para que restos de sus "pacientes"vuelvan a su lugar de origen.
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15 agosto 2014 17:12 Última actualización 16 agosto 2014 5:0
MIGRANTES

Cientos de cadáveres de migrantes llegan cada año a la oficina de Corinne Sterns para ser identificados. (Archivo/Reuters)

TEXAS. El cuerpo tendido sobre la mesa de acero era el de una mujer hispánica, probablemente de veintitantos años, hallado en un alejado rancho de Texas. A la luz de una gran ventana saliente que da a una extensión de matorrales y mezquites abrasados por el calor ardiente, la doctora Corinne Stern rápidamente estableció que la causa de muerte era la exposición a las inclemencias del tiempo.

La siguiente búsqueda de la médica forense era más difícil: ¿Quién era ella?

Después de fotografiar un diente con una incrustación de plata, la camisa a rayas azules y verdes y el lóbulo de la oreja con tres aros, Stern revisó la ropa de la mujer. Encontró la foto carnet de una niña pequeña y un trozo de papel con varios números telefónicos.

Sin perder tiempo, Stern dejó la sala de autopsias y llamó a una de sus investigadoras que hablan español. Marcó un número en el teléfono de su oficina; un hombre respondió: “Bueno”.



“Tengo a una mujer joven en mi oficina y encontramos su número de teléfono”, dijo. “¿Algún familiar suyo está desaparecido o sabe de alguien que pudiera tener su número de teléfono?”

Como médica forense del Condado de Webb, una jurisdicción de 8 mil 806 kilómetros cuadrados y 262 mil habitantes en el sur de Texas, Stern trabaja en un lúgubre rincón del debate nacional sobre la inmigración ilegal: identificar a los muertos.

Sus esfuerzos para poner nombre a los cadáveres muestran lo insoluble que es la crisis fronteriza que sobrecarga los servicios de los condados del sur de Texas. Stern, que calcula que la tarea le insume el 25 por ciento de los recursos de su oficina, debe ocuparse de inmigrantes de por lo menos seis países, enfrentando todo tipo de trabas burocráticas y lingüísticas.

Ha realizado por lo menos 400 autopsias de inmigrantes desde que accedió al cargo de médica forense de Webb en 2006. En un día común, Stern hace las veces de especialista forense, detective de homicidios e incluso diplomática, pidiendo ayuda a los gobiernos de México, El Salvador, Guatemala y otros países para identificar a los muertos y devolver los restos a su lugar de origen.

TAREA AGRIDULCE

“Soy el último médico que verán”, dijo Stern, de 48 años, sobre las víctimas. “Mi tarea es agridulce. Doy a las familias un cierre emocional, pero también termino con sus esperanzas”.

En los últimos quince años, murieron más de 5 mil inmigrantes al cruzar de México a los Estados Unidos, según el Departamento de Seguridad Interior. Desde enero, murieron por lo menos 225.

Casi todos las víctimas de Stern son adultos. Los miles de niños sin compañía que cruzaron la frontera con México en el último año tienen más probabilidades de entregarse a las autoridades, mientras que los adultos tratan de evitar ser detectados. Stern realizó la autopsia de tres menores en los últimos 18 meses.

Stern cuenta con unos pocos empleados -cinco investigadores y técnicos en autopsias y un perro de rastreo de cadáveres llamado Rufus. El desafío que enfrenta se hace evidente en una carpeta de quince centímetros de informes sobre personas desaparecidas y un gran pizarrón para rastrear a 35 personas no identificadas que llegaron de Webb y otros nueve condados de Texas para los que trabaja por contrato. Dice haber establecido la identidad de más del 60 por ciento de los que cruzaron la frontera.

Desde enero, Stern ha practicado la autopsia a 92 inmigrantes. Recibió tantos cuerpos que en junio se declaró en emergencia y obtuvo un segundo refrigerador portátil para guardar los cadáveres.

Los pedidos de recuperar cuerpos en su propio condado llegan a toda hora, pero Stern en general no envía a su personal una vez que oscurece. El terreno es demasiado escabroso y hay serpientes de cascabel, para no hablar del riesgo de que su gente sea arrastrada por el río. El mes pasado, mientras recuperaban un cuerpo de las aguas, Stern cayó al río Grande y tuvo que hacer un gran esfuerzo para volver a la costa.

CUERPOS EN DESCOMPOSICIÓN

Vestida con una bata marrón de la Universidad de Texas, un gorra de cirugía azul que cubría su cabello castaño y guantes de goma, Stern se paró a la derecha de la técnica Mary Wickstrom, que examinaba los restos que había dentro de una bolsa para cadáveres color negro. Bajo los huesos, docenas de escarabajos e insectos corrieron de un lado a otro antes de revolotear al piso. Stern se inclinó para mirar sin prestar atención a los bichos o el miasma del cuerpo en descomposición.
“¿Cómo está mi paciente?” preguntó.

En señal de respeto, Stern nunca usa las palabras “cadáver” o “cuerpo”. Los restos son pacientes, difuntos o individuos.

Stern ha vivido en Texas toda su vida. Su padre era un psiquiatra que peleó como soldado de infantería en la II Guerra Mundial y luego trabajó en la Administración de Veteranos. Su madre prestó servicio en el ejército israelí. A los 4 años, su destino  quedó sellado: su padre le dijo muy serio que sería patóloga.

“No tengo idea de por qué me eligió esa profesión”, dijo. “Me llevaba a visitar el laboratorio de la Administración de Veteranos y eso de algún modo despertó mi interés”

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