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Cómo convertirse en multimillonario en Rusia… sin ayuda del Kremlin

La  fortuna de Sergey Galitskiy sumaba al final de septiembre 12 mil 300 millones de dólares; sus admiradores lo comparan con Sam Walton, el estadounidense fundador de la líder global Wal Mart.
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27 noviembre 2014 19:59 Última actualización 28 noviembre 2014 5:0
Sergey Galitskiy, quien huye de la política, quiso ser futbolista. Hoy es el mayor empleador de Rusia. (Bloomberg)

Sergey Galitskiy, quien huye de la política, quiso ser futbolista. Hoy es el mayor empleador de Rusia. (Bloomberg)

Es un día caluroso en la ciudad de Krasnodar, en el sur de Rusia, en la cancha el partido también se calienta. Ari, el delantero brasileño del equipo local, recibe un pase desde la banda izquierda y anota un hermoso gol, corre a celebrar al borde del campo, y se levanta la camiseta para mostrar un mensaje: “¡Feliz cumpleaños, Sergey Galitskiy!”

El jugador es amonestado con una tarjeta amarilla por conducta antideportiva, pero el millonario dueño del club -el octavo hombre más rico de Rusia, que celebra su cumpleaños 47 en un palco del estadio- difícilmente podría estar más contento. “Estoy abrumado por las emociones”, escribió en su cuenta de Twitter ese día. “¿Podría haber tenido un mejor regalo de cumpleaños?”

Ese 14 de agosto, el FC Krasnodar venció al Spartak de Moscú 4 a 0. Pero el resultado iba más allá del futbol, como reseña la revista Bloomberg Markets en su edición de diciembre.

El equipo de Galitskiy, de una ciudad de menos de un millón de habitantes a 150 kilómetros del Mar Negro, había derrotado a un gran club metropolitano, nueve veces campeón de Rusia. El Spartak es propiedad de Leonid Fedun, cuya fortuna se estimaba al 26 de septiembre en cuatro mil 400 millones de dólares. Fedun fue oficial del ejército soviético, y en la década de 1990 supervisó la privatización de lo que se convirtió en OAO Lukoil, el segundo mayor productor de petróleo de Rusia.

Por enésima ocasión en su ascenso para convertirse en el mayor minorista ruso, Galitskiy se había demostrado a sí mismo y al público que él, un millonario por esfuerzo podía más que competir con los industriales más ricos del país.

EL MAYOR EMPLEADOR

Galitskiy se diferencia porque no es uno de los oligarcas de Moscú que hicieron fortuna usando los vínculos con el gobierno para comprar refinerías estatales y plantas metalúrgicas a precios de ganga en los 90. Tampoco está entre aquellos que amasaron su fortuna gracias a su amistad o relación con el presidente Vladimir Putin.

“El gobierno no le ha dado nada a Galitskiy”, dice Mattias Westman, socio fundador de la firma Prosperity Capital Management Ltd.
Galitskiy, quien al 26 de septiembre tenía una fortuna de 12 mil 300 millones de dólares, es el fundador y principal accionista de OAO Magnit. Hace 20 años se inició en el negocio minorista con una sola tienda, llamada Tander, en la calle Uralskaya de Krasnodar. Pero a fines de septiembre de 2014, Magnit tenía nueve mil tiendas esparcidas por toda Rusia. Con más de 240 mil empleados, Magnit (que en ruso significa imán) es el mayor empleador no estatal del país.

La cadena de tiendas ha salido mayormente indemne a la disputa geopolítica en torno a Ucrania. Algo meritorio, pues luego de que Estados Unidos y la Unión Europea denunciaron lo que vieron como una intervención rusa en la exrepública soviética e impusieron sanciones destinadas a penalizar a Putin, el presidente de Rusia tomó represalias en agosto prohibiendo la importación de alimentos de Estados Unidos y Europa.

Magnit, que ha duplicado sus ingresos y triplicado su valor de mercado en los últimos tres años, importa de los estados miembros de la Unión Europea entre 3 y 8 por ciento de los productos que vende, dependiendo de la época del año. Aunque la prohibición significó que Galitskiy tuvo que recurrir a proveedores en Turquía, Serbia y otros estados no comunitarios, los ingresos de Magnit crecieron 34 por ciento en septiembre respecto al año anterior en medio de la subida de los precios de los alimentos.

Galitskiy nunca ha criticado al gobierno o participado en la política. “Cuando se trata de política, me siento en el sofá y como palomitas, o a veces me agacho para no recibir un golpe,” dijo Galitskiy en agosto en tono bromista al sitio web sports.ru.

BAJO PERFIL

Con las tensiones entre el Kremlin y la Casa Blanca traduciéndose en sanciones, Galitskiy ha mantenido un perfil especialmente bajo, por ejemplo, negándose a ser entrevistado para este artículo.

Los admiradores a menudo hablan de Galitskiy como una versión rusa del fallecido Sam Walton, quien comenzó con una pequeña tienda en Arkansas y convirtió a Wal-Mart en el mayor minorista del mundo.

“Ambos son líderes fuertes, muy centrados en las operaciones del día a día, y construyeron modelos que funcionaron muy bien en sus países,” señala David Ferguson, analista en Moscú de Renaissance Capital Ltd.

Su pasión más cara es, sin duda, el futbol. Desde 2008, Galitskiy, quien está casado y tiene una hija, ha gastado más de 300 millones de dólares para crear y mantener al club Krasnodar.

El hoy orgulloso propietario, quien paga millones de dólares a sus jugadores y los premia con relojes Rolex, fue en otros tiempos un ávido futbolista. Nacido en Lazarevskoye, un suburbio de la localidad de Sochi, el joven Galitskiy alguna vez aspiró a jugar profesionalmente. De allí que actualmente financie la academia de futbol de Krasnodar para darles a otros esa oportunidad.

Tras haber obtenido un título en finanzas por la Kuban State University, Galitskiy fundó con amigos de la universidad una empresa de venta mayorista de cosméticos en 1994, tres años después del colapso de la Unión Soviética.

Por su cuenta, abrió su primera tienda en noviembre de 1998, tan sólo tres meses después del estallido de la crisis financiera rusa que derivó en la suspensión de pagos de bonos soberanos. En cuestión de semanas, el rublo se desplomó 70 por ciento frente al dólar.

Pese a todo, Magnit prosperó. Como explica Maria Kolbina, analista de ZAO VTB Capital en Moscú, entre las empresas de consumo, “los comercios minoristas de alimentos son los más resistentes a los desafíos”, algo que se hace evidente ante la cuasi-inmunidad de Magnit a las sanciones. Hoy, nos dice Kolbina, el hogar ruso promedio gasta alrededor del 38 por ciento de sus ingresos en alimentos.

Durante la precaria época soviética, las modernas cadenas de supermercados simplemente no existían; la escasez y la falta de elección eran la norma.

“El mercado estaba vacío,” dijo Galitskiy a Bloomberg News en 2012. “Una vez que encontrabas el nicho correcto, las oportunidades para expandirte eran ilimitadas”.

En 2001, Magnit tenía 150 tiendas; cuatro años más tarde, mil 500. En promedio, Galitskiy invierte unos 150 mil dólares en abrir una nueva tienda, y necesita sólo tres años para pagar la inversión, incluidos los préstamos, según datos de la compañía.

De acuerdo con las proyecciones que la empresa entregó a los inversionistas en septiembre, para el término de 2018 Magnit pretende tener 12 mil tiendas, 650 hipermercados y cuatro mil 500 puntos de venta de cosméticos. Si estas previsiones se confirman, Galitskiy tendrá mucho que celebrar cuando vuelva a cumplir años.

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