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Brasil vive violencia  estilo Ferguson todos los días: Marc Margolis

La diferencia, no es sólo la escala de la violencia policial sino cómo reaccionan las dos sociedades: Estados Unidos con protestas y disturbios, Brasil con una indiferencia colectiva.
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27 noviembre 2014 15:31 Última actualización 28 noviembre 2014 5:0
POLICIA BRASIL

En Brasil la violencia policiaca es tan común como las sandalias y las palmeras: M. Margolis. (Archivo/Reuters)

Como muchos ciudadanos estadounidenses en el exterior, pasé mucho tiempo en agosto mirando las retransmisiones de los videos de las protestas que sacudieron a Ferguson y otros lugares. Después de todo, el argumento, policía blanco mata a negro desarmado, estallan las calles, resultaba muy conocido, uno de esos momentos sintomáticos por los que el resto del mundo ve y juzga a los Estados Unidos.

Sin embargo, cuando le hablé del tumulto a un experimentado periodista político brasileño en Río de Janeiro, donde vivo, no pareció muy impresionado. “Ah, sí, oí hablar de eso”, dijo, lacónicamente. Asimismo, el hecho de que el gran jurado de Missouri no acusara al policía que apretó el gatillo recibió apenas algunos tuits enfadados y protestas en Facebook.

Mi amigo brasileño no demostró interés, simplemente acostumbramiento. El racismo, los policías canallas y la justicia irregular son tan característicos aquí como las sandalias y las palmeras.

La policía brasileña mató a 2 mil 212 personas el año pasado, informó el Foro de Seguridad Pública de Brasil, un centro de estudios nacional, en un estudio publicado el 9 de noviembre.La violencia policial de las policías estatal y federal, informan los autores, cobró entre ambas más vidas (11 mil 200) en los últimos cinco años que toda la policía estadounidense en los últimos 30 (11 mil 090).

Como era de esperar, dos veces más negros que blancos en Brasil fueron víctimas de la violencia policial en 2009, según una investigación reciente del economista Daniel Cerqueira. Otro trabajo de investigación de la Universidad de Sao Carlos demostró que si bien los blancos representan 34 por ciento de la población de Sao Paul, alcanzaban 58 por ciento de los asesinados por la policía.

“Nuestra policía mata de a cientos”, dijo Ignacio Cano, sociólogo que se especializa en el estudio del delito y la violencia policial. “Tenemos un Ferguson cada día”.

La diferencia, agregó Cano, no es sólo la escala de la violencia policial sino cómo reaccionan las dos sociedades: Estados Unidos con protestas y disturbios, Brasil con una indiferencia colectiva. “Allí (en los Estados Unidos) todos coinciden en que todas las personas son iguales ante la ley. Aquí, no hay consenso y muchos todavía creen que los habitantes de los barrios pobres son peligrosos o criminales, o ambas cosas”.

Señaló una encuesta nacional registrada en 2008 en la que 43 por ciento de los encuestados coincidieron en que “un delincuente bueno es un delincuente muerto”.

CAMPO DE LA MUERTE

Los expertos en seguridad sostienen que la policía es tan mala como la sociedad que sirve. “No se puede esperar una policía del Primer Mundo en una Sociedad del Tercer Mundo”, dijo Jose Vicente da Silva, ex comandante de la policía de Sao Paulo, que actualmente es asesor en materia de seguridad.

Si bien la policía brasileña mató más que su homóloga estadounidense, también patrulla un campo de la muerte. La tasa de homicidios de Brasil de 22 por 100 mil habitantes, es cuatro veces más alta que la de Estados Unidos.

Algunas de las víctimas más destacadas son los propios policías: 490 solamente el año pasado. Pero en un giro peculiarmente brasileño, 75 por ciento de las víctimas fueron asesinadas fuera de servicio, cuando muchos adornan su remuneración, legalmente o no, actuando en tareas de seguridad vestidos de civil.

Ocasionalmente, los brasileños se pronuncian enfáticamente contra los excesos. La lluvia de balas de goma y gas pimienta utilizada para aplacar las manifestaciones callejeras antes de la Copa Mundial desató una reacción nacional adversa. Pero la mayoría de los que protestaban eran personas de clase media, con formación universitaria y teléfonos iPhone, no habitantes de las favelas.

Sin embargo, cualquier clamor de juicio justo y responsabilidad policial parece ser sofocado por el miedo visceral y el drama de vivir con la realidad cotidiana del crimen y la violencia: un pasatiempo macabro en Brasil es transmitir videos policiales de operativos antidroga, como la persecución estilo safari de un traficante de Río armado con una ametralladora desde un helicóptero policial. Comparado con ese cuadro de brutalidad e impunidad, lo que pasó en Ferguson parece muy lejano.

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