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Aquí es donde
hay que buscar la
próxima nación startup

Diversas naciones, entre ellas algunos de los milagros económicos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, tuvieron características de startup. Conoce qué es lo que las define como tal.
Tyler Cowen
24 agosto 2016 17:13 Última actualización 24 agosto 2016 21:5
startup

(Bloomberg)

Las virtudes de las startups han dado lugar a muchas historias de éxito. Estos emprendimientos comienzan de cero. Encarnan las visiones específicas y a menudo peculiares de sus fundadores. Las startups exitosas crecen más rápido que sus rivales. Aun después de ampliarse y volverse más burocráticas, estas compañías suelen conservar parte del espíritu creativo de sus orígenes como startups.

Es menos habitual reconocer que algunas naciones, entre ellas muchos de los milagros económicos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, tuvieron características de startup. Por ejemplo, Singapur nació como país independiente en 1965, después de haber sido expulsado de Malasia.

De pronto tuvo que valerse por sí mismo. Lee Kuan Yew fue el primer gobernante del país y encarnó muchas de las características del director ejecutivo y fundador: establecer la visión y la ética, asumir la responsabilidad por el resto del personal, ejercer influencia en la fabricación de las primeras líneas de productos y presidir el directorio en años posteriores.

Emiratos Árabes Unidos ha sido otra de las “naciones startup” que obtuvo la independencia del Reino Unido en 1971 y se convirtió en uno de los países árabes más estables y prósperos. Este proceso de formación comprendió recibir una cantidad notable de inmigrantes, generar nuevos centros financieros e innovar en una estructura política de siete emiratos semiautónomos.

Israel, Taiwán, Hong Kong, Islas Caimán, Estonia y Corea del Sur también podrían ser consideradas naciones startup. La mayoría surgió a partir de guerras, guerras civiles, la evolución o disolución de una relación imperial o colonial anterior o la combinación de esos factores.

En cada caso existió la posibilidad de comenzar de nuevo y de tener fundadores que impusieran una visión distinta a una nueva unidad política. Así como dudamos de que Bill Gates pudiera haber fundado y llevado adelante Microsoft dentro de los límites de la vieja IBM, consideramos que el éxito de Estonia exigió la independencia de la Unión Soviética y Rusia.

Hoy el mundo parece tener menos posibilidades de contar con naciones startup. Eso obedece, en parte, a que las relaciones internacionales son más pacíficas y también a que la mayoría de los vínculos coloniales se diluyeron en un pasado más distante. Ambas razones son positivas, pero el correspondiente lado negativo no siempre se advierte: hay menos probabilidades de rearmar las piezas.

En América Latina no hubo recientemente cambios de fronteras ni guerras importantes, y tampoco encontramos naciones startup.

El Caribe quizás sea una mejor apuesta, ya que su declinación económica podría incentivar más experimentación. Imaginemos que Cuba da libertad económica a una provincia, que Haití se consolida exitosamente como nación o que Trinidad decide construir buenos centros asistenciales o geriátricos.

Cierta versión de Kurdistán, ubicada en lo que es actualmente parte de Irak, a veces es mencionada como candidata a convertirse en una nación startup, o al menos en una región startup sin autonomía política total. Tiene muchos de los componentes de la fórmula, como una ciudadanía muy interesada en el éxito económico, pero la región circundante continúa siendo volátil y es difícil garantizar derechos de propiedad seguros a inversores extranjeros, al menos por ahora.

Numerosas fronteras cambiaron en Europa oriental y Asia central en la década de 1990, y nada indica que estas sean las divisiones territoriales finales y definitivas. Así, junto con el riesgo de conflicto, en todas partes de Rusia existe potencial para un mayor dinamismo económico.

Imaginemos que Kazajistán extiende los experimentos como zona económica especial que ha establecido para atraer inversiones, que Azerbaiyán se transforma en un centro de comercio con Turquía e Irán, que Rusia decide ceder partes de su sector oriental a China si no hace experimentos económicos radicales para resolver el conflicto, o que la colonización económica china del Camino de la Seda origina nuevas regiones semiautónomas.

Por ultimo, África puede ser la fuente más importante de futuras naciones startup. El continente aloja una gran cantidad de países y a menudo las fronteras no se corresponden demasiado con los grupos étnicos y lingüísticos.

Es probable que varias de las naciones actuales que eran estables con bajos niveles de ingreso per cápita inicien movimientos independentistas conforme crece el empoderamiento de sus ciudadanos. África también es la región con el mayor crecimiento demográfico y muy posiblemente experimente los cambios más grandes en las próximas décadas. Sería sorprendente que el continente evitara toda modificación territorial y fronteriza.

Parafraseando a John Cleese, de Monty Python, el concepto de nación startup no está muerto, simplemente descansa. Tanto en la esfera de los negocios como en la política, la lógica cautivante de la startup no desaparece.

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