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TLCAN: inició la pelea, y a Trump le urge una victoria

Luego de más de dos décadas del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, los tres países de Norteamérica se suben al ring para una dura renegociación a siete rondas.
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16 agosto 2017 12:6 Última actualización 16 agosto 2017 14:16
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(Especial)

Esta semana se abrió un nuevo frente para la presidencia de Donald Trump, la renegociación de su principal pacto comercial: el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), calificado por él mismo como el peor acuerdo firmado por su nación y el que amagó con abandonar en caso de que los nuevos términos no le beneficien.

Trump quiere ajustarlo en favor de su política “America First”, pero tanto las intenciones de su mandato, como la experiencia mostrada hasta el momento, no son garantía de cambio.

La dimensión del tratado es gigante: más de un billón de dólares -un millón de millones- cruzan en bienes y capital entre México, Estados Unidos y Canadá cada año. Pongámoslo en perspectiva: para que Bill Gates, el hombre más rico del mundo, se acerque a ese monto, tendría que multiplicar por 10 su fortuna.

El peso de la negociación del lado del equipo de Trump recae en Robert Lighthizer, abogado nacido en Ohio, quien esta semana recibió a los negociadores de México y Canadá en Washington en su calidad del Representante de Comercio de su país, cargo al que llegó en mayo.
Del otro lado de la mesa tendrá a Chrystia Freeland, la canciller canadiense.

En la pelea también está Ildefonso Guajardo, economista regiomontano y actual secretario de Economía.

A Trump, quien se autodefine como un extraordinario negociador, le urge un triunfo en este ring del TLCAN, que promete una pelea a 7 rounds. El primero de ellos inició este miércoles en Washington. Su equipo buscará cualquier acuerdo que huela a victoria, en pos de ganar adeptos rumbo a un segundo mandato.

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La meta de la marca Trump

 

TLCAN


Lighthizer carga con una complicada pero precisa encomienda de su presidente: reducir el déficit de Estados Unidos con Canadá y México. Que su país aminore la carga que a su juicio representa comprar más de lo que vende.

En la mentalidad del equipo de Trump, el año pasado Estados Unidos “perdió” 64 mil 354 millones de dólares con México y casi 11 mil millones con Canadá. Ése fue el monto del déficit comercial con ambos países en 2016, de acuerdo con la Oficina del Censo de Estados Unidos.

Para emparejar el terreno, según su visión, es necesario revisar el establecimiento de salvaguardas que establezcan restricciones temporales a importaciones crecientes y entre otras medidas, modificar el capítulo 19 del TLCAN que avala arbitrajes imparciales para resolver disputas, para que ahora la justicia estadounidense prevalezca en caso de conflictos.

La insistencia sobre esos temas particulares representaría el punto de quiebre de la negociación. Para México, las salvaguardas significarían pararse de la mesa; para Canadá es imperativo mantener el actual esquema de solución de controversias. No hay oportunidad de discusión sobre esos asuntos, al menos no por parte de los socios de Estados Unidos.



2. El punto de quiebre

“Si el asunto no ha sido resuelto dentro de los siguientes 45 días de la petición para consulta o cualquier otro periodo que las partes consultantes acuerden, la parte quejosa, podrá solicitar el establecimiento de un comité especial”, dice un fragmento del artículo 1905 del Capítulo 19 del tratado.

El capítulo entero explica en 11 artículos y seis anexos cómo resolver imparcialmente acusaciones como las de dumping de una de las partes.

Para los canadienses, el mecanismo de resolución de disputas comerciales establecido desde su primer acuerdo comercial con Estados Unidos y luego heredado al TLCAN, es un elemento que no puede descartarse. En su experiencia, ha servido para zanjar desacuerdos con sus contrapartes estadounidenses, particularmente en temas de comercio de madera y productos lácteos.

En julio, funcionarios del gobierno canadiense aseguraron a The Globe and Mail (uno de los medios más relevantes de ese país) que el capítulo 19 del acuerdo es una “línea roja” que no piensan cruzar y los negociadores del Primer Ministro Justin Trudeau se retirarían si los estadounidenses insisten en su desaparición. El propio Trudeau, sin hacer mención al abandono de las conversaciones, consideró esencial mantener el capítulo.

En el caso de México, los funcionarios de la administración del presidente Enrique Peña Nieto han mencionado que rechazarían cualquier salvaguarda estadounidense que entorpezca el libre comercio entre ambas naciones. Trump y su gente han coqueteado con la idea de establecer aranceles temporales a ciertos productos, cuando el comercio bilateral afecte la producción en su país o genere pérdida de empleos.

Hasta ahora, el equipo de Trump ha mantenido firme su postura frente a las inconformidades de Canadá y México.


3. El déficit que incomoda

Desde que Trump y su equipo dieron a conocer sus prioridades para la renegociación del acuerdo, mostraron su incomodidad con el déficit comercial que su nación mantiene con México y Canadá.

Pero funcionarios y empresarios mexicanos han señalado que la reducción de ese dato para Estados Unidos no dependerá de lo que se discuta a lo largo de 7 rondas para modernizar el acuerdo.

“No hay nada en el TLCAN que tenga una aplicación directa para esta parte del déficit. Ahí lo que hemos dicho el secretario Ildefonso Guajardo y yo es que es un tema que se tiene que ver por separado”, aseguró recientemente Juan Carlos Baker, subsecretario de Economía de México.

Lo que altos funcionarios esgrimen lejos de micrófonos es que el equipo de Trump no comprende que su país requiere de insumos de bajo costo de México o de Canadá para evitar que su déficit global crezca. Puede vender en condiciones más competitivas a otras naciones gracias a sus socios del TLCAN, aseguran fuentes que piden anonimato.

El déficit global comercial de Estados Unidos en 2016 sumó casi 737 mil millones de dólares en 2016. El que tiene con México apenas representa 9 por ciento de ese total; el que mantiene con China, 47 por ciento.

Pero el déficit permanecerá en el discurso estadounidense y los negociadores están ávidos por puntos de coincidencia.

Otro de los temas controversiales ha surgido en días recientes. Se trata de la inclusión de un capítulo laboral dentro del tratado y no como un acuerdo paralelo,
como ha estado hasta ahora.
Actualmente, los mexicanos tienen el menor ingreso entre los trabajadores de países miembro de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), con un promedio de 15 mil 230 dólares anuales.

El gobierno de Trump “hará una fuerte presión, y considero que con razón, respecto a los estándares laborales”, dijo la semana pasada a Bloomberg Gerardo Otero, profesor de la Universidad Simon Fraser de Canadá que ha publicado más de 100 artículos o libros sobre México y América Latina.

“Si los precios mexicanos suben debido a los aumentos salariales podría haber una oportunidad de cerrar la brecha”.


4. El cuarto de junto

Cualquier cambio en el TLCAN tendría un impacto sobre las empresas.

Junto a los funcionarios mexicanos llegaron a la mesa de negociación los representantes de la iniciativa privada, encabezados por Juan Pablo Castañón, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE). A Castañón lo acompaña Valentín Díez Morodo, presidente del Consejo Mexicano de Comercio Exterior, así como Moisés Kalach y Eugenio Salinas.

Kalach encabeza el área de negociaciones comerciales dentro del CCE. Forma parte del llamado “cuarto de junto”.

Los empresarios mexicanos tienen algo muy claro: las negociaciones comerciales en Estados Unidos pasan en buena medida por su Congreso y es ahí en donde se pueden generar alianzas duraderas para conseguir un resultado positivo para el futuro del TLCAN.

De ahí su gran fichaje: un ejército de abogados de la firma Akin, Gump, Strauss, Hauer y Feld, una de las firma de cabildeo legislativo más importantes de la Unión Americana que estará al servicio de la comitiva nacional.

No es público el dato de cuánto pagó el CCE por los servicios de la firma, pero se trata de una con los honorarios más elevados en la capital estadounidense. Va una idea: esta firma tiene entre sus clientes a AT&T, Boeing, Chevron y Amazon.

“Veo un sector privado bien, esperando, bien preparados, muy pragmáticos, pero no con sobreconfianza (sic), siendo cautelosos”, dijo Kalach.

Los banqueros en México muestran optimismo sobre el futuro del acuerdo comercial. “Esta incertidumbre que vemos es que se firmará un TLCAN el año que entra, y en febrero ya estaría listo.

“En el caso de Bancomer las inversiones no cambian absolutamente nada de lo que estamos viendo, (...) vemos escenarios a largo plazo”, apuntó Eduardo Osuna, director de esta filial del español BBVA.


5. ¿Y si se rompe? ¿Chocamos?

El conteo de votos que el 8 de noviembre de 2016 puso adelante a Trump en la contienda por la presidencia de su país generó incertidumbre entre los principales ejecutivos de la industria automotriz mexicana. Un ejecutivo del sector cuenta de una avalancha de mensajes de texto entre directivos, operativos y funcionarios de gobierno siguió en los días posteriores a la sorpresiva victoria del republicano, todos con una temática similar: ¿qué va a pasar con nosotros?

Por nosotros se entendía la industria más representativa del TLCAN, que en poco más de dos décadas se expandió en México y creó cadenas de producción profundamente integradas en toda la región: 16 de las 23 plantas automotrices que hay en el país se instalaron luego de la entrada en vigor del acuerdo comercial.

Éstas producen alrededor de 3.5 millones de vehículos al año, 80 por ciento de los cuales se exportan, principalmente a EU. Nissan, Toyota, Volkswagen, Audi, BMW, Ford, Mercedes Benz, General Motors, Honda, Mazda, FCA y KIA tienen plantas e inversiones millonarias en México y todos han mostrados preocupación, en diferente medida, por la renegociación del acuerdo.

La preocupación de los automotores creció en enero cuando dos semanas antes de la toma de protesta de Trump, Ford anunció que cancelaba la construcción de su planta de San Luis Potosí, explica el ejecutivo que pidió el anonimato. El tema del fin del TLCAN o su renegociación comenzó a cobrar fuerza.

Para varias industrias, el eventual rompimiento de negociaciones que provoque el fin del TLCAN supone un riesgo acotado, pues el intercambio con EU se regiría ahora por las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y éstas no suponen una carga arancelaria elevada.

Los aranceles que pagaría México sin el TLCAN para enviar a Estados Unidos serían de 1.9 por ciento en el sector industrial y 6.4 por ciento en el agropecuario, México podría ser competitivo en muchos sectores con ese tipo de aranceles, de acuerdo con un análisis del año pasado de Luis de la Calle, quien negoció el tratado original y ahora es asesor del equipo del cuarto de junto.

Un alto funcionario de la Secretaría de Economía comentó que los aranceles que pagaría esta industria mexicana como nación más favorecida se ubican en términos generales entre el 2.5 y 4.5 por ciento para autopartes y vehículos terminados.


6. El 'Chicken Tax'

Hay, empero, un riesgo que viaja sobre ruedas. El arancel que pagarían fábricas mexicanas al gobierno estadounidense por exportar camionetas tipo pick up podría llegar hasta 25 por ciento, si no hay TLCAN.

La historia remite al “Chicken Tax”, un impuesto que data de 1963 que gravaba el almidón de papas, la dextrina, el brandy y las camionetas ligeras, incluidas las pick up, y que surgió como respuesta a los aranceles que impusieron Francia y Alemania Occidental a las exportaciones de pollo de EU.

Con el paso del tiempo, el impuesto quedó eliminado para todos los productos mencionados, excepto para las pick up, y de implementarse ahora golpearía a la industria nacional. Este tipo de vehículos representan una cuarta parte de las exportaciones de vehículos hechos en México.

Aún en este escenario, desde la industria, lanzan señales esperanzadoras. Un directivo del gremio de distribuidores de automotores, la AMDA, expuso que, ante esa circunstancia radical, México experimentaría un intercambio de producción. De acuerdo con su hipótesis, las armadoras traerían a México la fabricación de productos distintos a las pick up y llevarían a Estados Unidos la otra.

Toyota dio una muestra de confianza. Anunció al inicio de agosto que su planta de Guanajuato dejaría de producir el Corolla y ahora armaría la Tacoma, una pick up.

El cambio lució como un contrasentido. Sin embargo, Luis Lozano, director de relaciones institucionales de Toyota México, resumió su postura así: “Estamos confiados en México, Estados Unidos y Canadá sobre sus aptitudes negociadoras… por ello, la verdad, es que nos vamos a aventar al riesgo”.

“Nosotros tomamos decisiones con las reglas establecidas hoy, pensamos que la región NAFTA continuará, pensamos que habrá negociaciones exitosas, tenemos buenas relaciones con los tres países y confiamos en que tomarán la mejor decisión”, añadió en entrevista.