Bloomberg Businessweek

Lo que Trump desprecia, otros países lo abrazan

Miles de emprendedores encuentran refugio lejos de EU.

NEGOCIOS

Bloomberg Businessweek

Tener una maestría en Yale y una startup con inversión ángel no fue suficiente para proteger a Mezyad Al Masoud de Donald Trump. Hace poco más de un año, el mandatario estadounidense eliminó un programa de visas destinado específicamente a fundadores de empresas con capital en mano, como el kuwaití Al Masoud. El abogado de inmigración del hombre lo llamó a su oficina de Wall Street para decirle que sin la visa para startups, que se le hubiera concedido bajo el extinto programa conocido como Regla Internacional de Emprendedores, tenía dos semanas para abandonar Estados Unidos. Esa tarde, Al Masoud pasó horas sentado junto al río, mirando hacia el puente de Brooklyn. La pregunta que cruzaba su mente: "¿Cómo le digo a mi hija de cinco años que fallé?"

Al final no tuvo que decírselo. Flair Inc., su startup de tecnología financiera, fue constituida en junio y está contratando ingenieros para desarrollar servicios web de gestión de dinero para deportistas profesionales. Claro, no está en Estados Unidos, sino en Vancouver, donde Al Masoud fue una de las primeras personas aceptadas en un programa de visas canadienses que se parece mucho al trámite acelerado instituido por Obama. En los últimos 18 meses han surgido programas similares en al menos una docena de países, entre ellos Reino Unido, China, Japón, Israel, Alemania, Estonia, Australia y Nueva Zelanda. Como muchos de sus pares, la primera opción siempre fue Estados Unidos, asegura Al Masoud, cuya startup es una de las 130 creadas desde febrero por personas admitidas en el nuevo programa de visas canadiense.

Los inmigrantes fundadores y cofundadores de empresas que luego progresan de forma importante tienen más que un sólido historial en Silicon Valley (allí están Google, Tesla, eBay, Stripe), al igual que los hijos de inmigrantes (Apple, Oracle, Amazon). Pero la legendaria avenida Sand Hill Road de Silicon Valley ya no es el centro del mundo del capital riesgo, y a medida que la administración Trump sigue incrementando las restricciones en casi todos los regímenes de inmigración, otros países están muy ansiosos por convertirse en el próximo gran centro de innovación. Hoy más que antes, las startups están buscando sede, señala Merilin Lukk, quien dirige el programa de reclutamiento de Estonia y ha llevado a su país a 160 emprendedores desde el año pasado, creando en el camino unos 440 empleos.

Los países ofrecen todo tipo de beneficios para diferenciarse. Un nuevo programa en Israel ofrece bonos de reubicación de 20 mil dólares, un contador local, clases de hebreo, vuelos anuales a casa y el pago de la telefonía celular. Otras modalidades incluyen préstamos a bajo interés, trámite de visa en seis días y, lo más importante, el equivalente a la green card o tarjeta de residencia. "La lucha por el talento tecnológico no es algo que se dará en el futuro. Está sucediendo ya", afirma Kate Mitchell, fundadora de Scale Venture Partners en Foster City, California. "Y estamos perdiendo".

Tal vez esa afirmación sea un poco exagerada por ahora, pero Estados Unidos no hace nada para revertir la situación. La administración Trump suspendió el programa concebido por Obama una semana antes de que entrara en vigor el año pasado, y aunque una demanda de la National Venture Capital Association logró que el gobierno federal tramitara un puñado inicial de solicitudes, un portavoz de los Servicios de Ciudadanía e Inmigración estadounidense sostiene que el programa no protege adecuadamente a los inversionistas y los trabajadores de su país, de modo que la agencia federal tiene la intención de suprimir oficialmente el programa tan pronto como haya terminado de revisar las observaciones del público al respecto.

La medida es parte de una ofensiva más amplia para restringir las visas, incluidas las H-1B que históricamente han sido una puerta para los trabajadores del sector tecnología. Quienes critican el programa de visas, incluidos los defensores de los trabajadores estadounidenses y los nacionalistas, dicen que se ha abusado con demasiada frecuencia, sobre todo por subcontratistas y empresas que quieren pagar menos a los trabajadores. Y puede haber algo de verdad en eso, más del 50 por ciento de los doctores en ciencias e ingeniería que trabajan en el país son extranjeros. Pero otra forma de ver esos números es que Estados Unidos necesita a los inmigrantes.

Canadá es un país menos problemático, asevera Al Masoud, quien disfruta de sus excursiones de fin de semana en el área de Vancouver sin tener que preocuparse por su estancia legal. La agencia de inmigración canadiense detalla que desde febrero ha aprobado 200 solicitudes de residencia permanente, y Al Masoud espera también estar en esa lista pronto. Por ahora, intenta llevar a Flair a un punto en el que pueda solicitar la aprobación de los reguladores financieros estadounidenses y comenzar a ofrecer el servicio. De vez en cuando, como cuando recuerda los juegos de la NBA o su Pontiac GTO del 67, se siente triste por las oportunidades que dejó atrás. "Siempre había sido mi sueño comenzar un negocio en Estados Unidos. Y debido a lo que ha hecho Trump, ahora tengo que contratar a canadienses", señala.

También lee: