Bloomberg Businessweek

Beijing es un ‘pueblo bicicletero’ (literal)

Nuevas startups chinas de renta de bicicletas han inundado la ciudad de los vehículos, transformando el caótico movimiento de la ciudad.
Christina Larson
01 septiembre 2017 21:7 Última actualización 03 septiembre 2017 5:0
Un congestionado estacionamiento para bicicletas en una calle de Beijing.

Un congestionado estacionamiento para bicicletas en una calle de Beijing.

Mi trayecto diario al trabajo, en Beijing, solía ser una prueba de combate urbano de 50 minutos.

Abordaba un vagón de metro en hora pico, y, por “abordar”, me refiero a embutirme a la fuerza en una masa de humanidad tan apretada que no podía doblar un brazo para mirar el teléfono.

Hace unos meses, una nueva y semiirónica vejación empezó a sumar aún más tiempo al calvario: la necesidad, afuera de cada estación, de navegar por un inmenso mar de bicicletas en renta, numeradas en decenas o incluso centenas, obstruyendo las zonas peatonales.

Las bicicletas son el inventario siempre creciente de dos startups de Beijing, Mobike y Ofo, y varias empresas que las copian. Los servicios se han vuelto casi idénticos: escaneas un código QR para liberar una bici, luego la sueltas en cualquier lugar, sin necesidad de dejarla en una estación o puerto de anclaje.

Moverte en bici en Beijing no es precisamente fácil.
Muchas avenidas grandes tienen carriles exclusivos, pero a menudo están bloqueados por automóviles estacionados, cunetas inexplicables y una colección de objetos en movimiento: repartidores en moto, turistas serpenteando en rickshaws, trabajadores de la construcción acarreando ladrillos en carretillas oxidadas y pequeños vehículos en forma de cápsula que parecen cebollas motorizadas.

A veces, un carril de bici termina sin previo aviso, obligando a los ciclistas a elegir entre la acera y la calle. Esta última opción es preferible, a menos que el coche que se aproxima sea un BMW o un Lexus, pues los propietarios de automóviles de lujo están acostumbrados a romper las reglas, incluso aquellas sobre arrollar ciclistas.

Pero todo vale la pena. Recientemente renuncié al sofocante metro y probé las bicicletas. Mi trayecto se ha reducido a la mitad, 25 minutos. En una ciudad difícil, la súbita omnipresencia de las bicicletas compartidas ha traído un poco de amnistía y todo es cortesía de la cultura startup de marca china.