Año y medio después, el Brexit sigue en duda
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Año y medio después, el Brexit sigue en duda

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Año y medio después, el Brexit sigue en duda

Incluso el gobierno de Theresa May no está tan convencido que dejar la Unión Europea, con todos sus pros y contras, sea buena idea después de todo.

Bloomberg | Robert Hutton
28/02/2018
Actualización 28/02/2018 - 0:23

Diecinueve meses después de que Gran Bretaña votara para salirse de la Unión Europea, la primera ministra, Theresa May, todavía tiene que asegurarle a la gente que el Brexit es un hecho. El 16 de enero, el canciller austríaco Sebastian Kurz le preguntó directamente a May si el Brexit todavía sucedería. El diario alemán Bild hizo la misma pregunta. “Wir verlassen die EU”, insistió May. “Saldremos de la UE”.

Brexit es la política central, absorbente, de la administración de May. Pero el sentimiento, y en algunos casos la esperanza, se aferra a que en un segundo referendo Gran Bretaña podría dar marcha atrás. Aunque hay muchos obstáculos para una segunda vuelta, conforme las dificultades y costos del Brexit se vuelven más evidentes, no puede descartarse. La idea ha atraído interés de ambas partes del debate, incluso de uno de los principales defensores del Brexit, Nigel Farage, exlíder del Partido de la Independencia del Reino Unido.

Lo que cierne sobre todo es la realidad de que, visto del otro lado del Canal, Gran Bretaña no se ve para nada lista para el Brexit. Solo en diciembre, un acuerdo entre Gran Bretaña y la UE para comenzar las negociaciones detalladas sobre el comercio casi colapsó cuando resultó que May no tenía alineados a sus principales aliados; los estudios secretos del gobierno sobre el Brexit resultaron triviales y se develó que su gabinete todavía tenía que discutir el tipo de acuerdo que quería.

El motivo por el cual May tenía hasta entonces para evitar dicha conversación es que el gobierno, como el país, permanece dividido en la pregunta. Muchos de los ministros más experimentados, entre ellos el canciller de Hacienda, Philip Hammond, han indicado claramente que creen que dejar la UE es un error básico. Para ellos, el mejor Brexit sería el no Brexit. Dada la poca voluntad de May de decir públicamente cómo votaría en un futuro referendo, es posible que opine lo mismo.

En el otro lado están personas como el ministro de Exteriores, Boris Johnson, quien argumenta que entre más lejos esté Gran Bretaña de la UE, más florecerá. Sin embargo, los inflexibles partidarios del Brexit son incapaces de decir cómo resolverían problemas prácticos como la frontera terrestre del Reino Unido con Irlanda. El verano pasado, funcionarios de la UE mencionaron la idea de que la desorganización británica en realidad era un engaño elaborado para generar un sentimiento falso de seguridad. Ahora parecen creer que el caos es real; y una señal de que el Brexit no significa Brexit. Es algo preocupante para May, cuya estrategia de negociación depende de ser tomada en serio. Los diplomáticos de la UE han aclarado que la principal prioridad, más que el comercio, es la integridad de la unión. Es un fuerte incentivo para que la UE haga que la salida parezca poco placentera, sobre todo si existe la posibilidad de que al hacerlo Gran Bretaña se motive a dar un giro de 180 grados.

Hay precedentes de que países europeos dan marcha atrás a los referendos. En dos ocasiones, los irlandeses rechazaron tratados de la UE, en 2001 y 2008, y se les pidió reconsiderar. Los daneses rechazaron un acuerdo con la UE en 1992 solo para aceptarlo, con modificaciones, en 1993. Eso ayuda a explicar porqué el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, mencionó la idea de que Gran Bretaña podría cambiar de opinión. “Nuestros corazones siguen abiertos” para Gran Bretaña, dijo el 16 de enero. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, apoyó el sentimiento. Estos comentarios han causado frustración en Londres. “Hemos estado absolutamente convencidos en varias ocasiones que dejaremos la Unión Europea”, dijo James Slack, vocero de May, el 17 de enero. “No sé cómo podríamos ser más claros”.

Sin embargo, hay algunos en Gran Bretaña, entre ellos el expremier Tony Blair y el ex viceprimer ministro Nick Clegg, que esperan que pueda frenarse el Brexit. Para ellos, otra votación tiene un obvio atractivo: se necesita un referendo para matar otro. El problema al que se enfrentan es, si la votación fuera mañana, que no están seguros que se inclinaría a su favor. “Actualmente hay poco apoyo para un segundo referendo ‘permanecer o salir’, ni apoyo para un referendo para los términos del acuerdo del Brexit”, dice Matthew Goodwin, profesor de política en la Universidad de Kent. Incluso, los legisladores que han dicho que el Brexit es un error, argumentan que están destinados a los términos del referendo. Así que el gobierno de May no ha dicho claramente qué tipo de Brexit quiere, porque sus ministros no se ponen de acuerdo. Sin embargo, sigue adelante.

Luego de tres años de eventos políticos inesperados, no es complicado pensar en formas para que el referendo comience a verse como la respuesta a un punto muerto. Los opositores del Brexit quieren un referendo para el acuerdo final que May asegure, con un “no” significando que Gran Bretaña permanece en la UE. Dicen que parte del motivo por el cual la opinión pública no ha cambiado es porque la idea del Brexit no ha logrado causar el pronosticado desastre económico. Las compañías esperan ver qué tipo de acuerdo logra May antes de tomar decisiones de inversión.

Aquí, la UE podría ayudar. Según Sam Lowe, del Centro de Reforma Europea, uno de los objetivos de los negociadores de la UE es que May explique la realidad del Brexit a los votantes. “La segunda fase del retiro de las negociaciones, para la UE, es forzar al Reino Unido a reconocer las compensaciones inherentes que vienen con el Brexit”, dice Lowe. “Hay esperanza de que cuando, y si se sinceran habrá un momento en que el país diga, ‘Ah, ¿realmente queremos hacer esto?’”.

Quizás para evitar esto, hay señales crecientes de que May podría dirigirse hacia un “Brexit solo en nombre”. El secretario del Brexit, David Davis, dijo el 24 de enero que Reino Unido permanecería cerca del régimen regulatorio de la UE tras el Brexit. Es esta idea lo que llevó a Farage a proponer su propia versión de una segunda votación, en donde al público le pedirían afirmar si realmente quiere dejar a la UE bajo los términos más duros. No tiene el peso para hacerlo solo pero, como con el último referendo, hay posibilidad de que consiga apoyo de uno de los más importantes atacantes de los conservadores: Boris Johnson.

El hombre, conocido universalmente como Boris, ha presionado para que el gobierno tenga ideas más atrevidas. Sin duda es posible que lidere una revuelta contra May, bajo el argumento de la traición del Brexit.

Cuando le preguntaron el 15 de enero sobre una revancha, Johnson pareció poco entusiasta. “Fue algo que causó muchos dolores de cabeza e introspección, y todos pasaron un mal rato con eso”, le dijo a The Guardian. “No estoy convencido que el público esté realmente emocionado por otro referendo para el Brexit”. Pero Johnson ha demostrado ser capaz de dar marcha atrás. Se ha visto incómodo en el puesto de ministro de Exteriores. Quizás lo que necesite es retomar su papel principal en “Referendo Brexit: la secuela”.