AMLO y los empresarios: el conflicto marital
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AMLO y los empresarios: el conflicto marital

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AMLO y los empresarios: el conflicto marital

En el sector privado comienzan a resurgir viejas preocupaciones sobre el próximo presidente y su agenda de gobierno.

Enrique Quintana
07/09/2018
Actualización 07/09/2018 - 11:01
Andrés Manuel López Obrador, presidente electo.

Un consultor con acceso a algunas de las empresas más importantes de México me dijo hace algunos días: “Luego de las primeras semanas posteriores al triunfo de López Obrador, que generaron tranquilidad entre muchos empresarios, hemos empezado a notar algunos signos de preocupación y, sobre todo, de persistencia de incertidumbre. Claro que esas preocupaciones las mantienen en privado, pues en público prefieren hablar de lo bien que va la relación con los integrantes del equipo de AMLO”.

¿Qué es lo que está ocurriendo? ¿Por qué ese cambio de actitud? ¿Por qué el resurgimiento de la incertidumbre?

Tras el triunfo de AMLO, existía el temor de que se anunciaran medidas que levantaran la alerta en los mercados, tales como evidencias de que no se cumpliría con la disciplina fiscal, la intención de revertir la reforma energética o el anuncio de la cancelación del proyecto del aeropuerto.

No ocurrió en lo inmediato nada de esto. Por el contrario, hubo signos de un manejo sensato por parte de AMLO y se fue articulando un proceso de transición muy terso a partir de las conversaciones sostenidas con el presidente Enrique Peña y su equipo.

Pero, poco a poco, los grandes temas macroeconómicos se fueron aterrizando en asuntos específicos.

Allí es donde han empezado a surgir las preocupaciones y los problemas.

Le enumero algunos de los asuntos más relevantes hasta ahora.

El compromiso explícito del próximo secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, es que se mantendrá el superávit primario del sector público que se consiguió en la actual administración federal. Para ello, se requiere que los gastos no crezcan más que los ingresos.

Sin embargo, se perciben presiones de gasto en asuntos como la construcción de la nueva refinería o la reconfiguración de las actuales; los desembolsos por los programas de política social que se han planteado; subsidios adicionales en temas como precios de garantía.

Y, por otra parte, se perciben reducciones de ingresos importantes como la baja del Impuesto al Valor Agregado (IVA) y del Impuesto sobre la Renta (ISR) en la frontera o el regreso a un esquema de precios controlados en las gasolinas que por años significó una carga importante en las finanzas públicas.

Habrá que esperar el presupuesto de egresos del próximo año para poder revisar claramente las cuentas. Pero ya ha surgido cierta preocupación respecto al riesgo de que no haya manera de cuadrar las cuentas.

Mientras que el sector privado celebró la llegada de personajes como Alfonso Romo, Jesús Seade o el propio Urzúa al equipo de López Obrador, también mostró preocupación por la integración de Octavio Romero o Manuel Bartlett a las direcciones de Pemex y CFE, respectivamente. O incluso de los funcionarios de la propia secretaría de Energía, como Rocío Nahle o Alberto Montoya. Se percibe un equipo heterogéneo con personas de muy buen nivel y reconocida capacidad, mezclados con otros que no tienen antecedentes en el servicio público o bien son muy polémicos por sus posiciones anteriores.

El caso más notorio es el del Tren Maya, cuyo proyecto creció de 900 a mil 500 kilómetros, aparentemente porque se detectó que se tienen los derechos de vía. Sin embargo, el proyecto carece de un estudio de factibilidad, pues requeriría que cerca del 80 por ciento de la inversión fuera privada. Otro caso es el del proyecto para la construcción de dos pistas y una terminal del Aeropuerto Internacional de México en Santa Lucía.

El caso es que Mitre, la principal autoridad en la materia, reiteró que no es operable esa terminal con el actual aeropuerto, lo que echa por tierra el proyecto de un grupo de asesores de AMLO. Sin embargo, pese a ello, se sujetará a consulta popular.

Hay iniciativas que se hicieron en el pasado que se han desechado conforme transcurre el periodo de transición. Por ejemplo, está el caso de la Guardia Nacional, que había sido uno de los ejes de la política de seguridad planteada. Ya no se sostiene en el corto plazo, de acuerdo con lo dicho por el futuro secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo. Pero al mismo tiempo, en reuniones con los titulares de Defensa y Marina, AMLO planteó que en lo inmediato no va a ser posible retirar a las Fuerzas Armadas de las funciones de seguridad pública. Estos vaivenes impiden conocer con mayor certidumbre cuál será la posición del nuevo gobierno en diversas materias.

En el sector de hidrocarburos se percibe el regreso a una postura más intervencionista. El caso más notorio es el de la fijación de los precios de las gasolinas, que regresaría a la política previa a 2017, lo que podría tener costos fiscales para el gobierno y al mismo tiempo desincentivar la inversión privada en almacenamiento, distribución y comercialización de combustibles.

Otro de ellos es el orientado a reconformar las grandes empresas del Estado, Pemex y CFE, en corporativos integrados, sin filiales, lo que podría conducir a que tengan un poder de mercado que se ha buscado reducir en los últimos años para generar un terreno más parejo en el sector. Y también se percibe la intención de debilitar –al menos indirectamente– a los organismos reguladores del sector energético.

El consultor al que aludía al principio me comentó que las empresas empiezan a trabajar ya en los escenarios de contingencia que van a enfrentar ante el nuevo entorno, pues ya están viendo que las cosas pueden ser menos sencillas de lo que anticipaban.

Alfonso Romo, designado Jefe de la Oficina de la Presidencia, y quien se ha encargado de establecer los lazos entre AMLO y el sector empresarial, dijo que la relación entre la iniciativa privada y AMLO ha dejado de ser una “luna de miel”, para convertirse ya en un matrimonio “católico”, por lo firme y duradero.

Quizás como en la mayoría de los matrimonios, después de la luna de miel y ya en la vida doméstica, va a haber más pleitos de los que parecían sobre todo cuando se empiezan a ver temas de la relación operativa con el nuevo gobierno.

Quienes pensaban que las buenas vibras que se vivieron en las primeras semanas tras el triunfo de AMLO se mantendrían sin perturbaciones no tomaron en cuenta que ante la dimensión del cambio que representará tener un gobierno con la visión de López Obrador, tendremos seguramente muchas zonas de conflicto que van a ser complejas de manejar.

Un hecho que va a acrecentar el riesgo de fricciones en el “matrimonio” es el proceso de aprendizaje del nuevo gobierno.

El caso será más grave en el contexto de una probable pérdida de capital humano, debido a la salida de funcionarios de la administración pública ante el recorte de plazas de confianza y la reducción de los salarios anunciada por AMLO.

No se extrañe que, así como en los meses pasados los empresarios fueron ‘flechados’ por AMLO, en el curso del 2019, con relativa rapidez, comience el desencanto derivado de la compleja ‘vida doméstica’ que sucederá.