Alfonso Cuarón, de burócrata a referente global del cine
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Alfonso Cuarón, de burócrata a referente global del cine

COMPARTIR

···

Alfonso Cuarón, de burócrata a referente global del cine

Lo que comenzó como un sueño de un egresado del CUEC que trabajaba en la burocracia en época de crisis terminó en dos Premios Oscar.

Eduardo Bautista
05/10/2018
Actualización 05/12/2018 - 17:10
Alfonso Cuarón, cineasta mexicano.
Al registrarte estás aceptando el aviso de privacidad y protección de datos. Puedes desuscribirte en cualquier momento.
logo GAME CHANGER
Bloomberg Businessweek

En 1981, México estaba a punto de sufrir una de sus peores crisis económicas debido a la caída de los precios del petróleo. El sueño del entonces presidente José López Portillo de “aprender a administrar la abundancia” estaba a punto de esfumarse, igual que la carrera del muchacho que trabajaba como encargado del cine club del Museo Nacional de Arte, Alfonso Cuarón.

Mientras el proyecto económico nacional se hacía pedazos, Cuarón se mimetizaba con el pesimismo nacional al ver frustrado su sueño de convertirse en director de cine.

A sus 20 años y recién egresado del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), ya tenía un hijo, Jonás, producto de su relación con Mariana Elizondo, hija del escritor Salvador Elizondo. No podía renunciar, la burocracia destrozaba sus ambiciones artísticas, pero nutría sus bolsillos. En el México de los ochenta, dedicarse al cine era una empresa casi quijotesca que iba en contra de las responsabilidades de cualquier padre de familia.

A los ocho años, Cuarón vio a Jacobo Zabludovsky narrar en la televisión la llegada del hombre a la Luna. Los astronautas se convirtieron en su obsesión. A los 12, sus intereses cambiaron luego de que sus padres —un médico nuclear y una química— le regalaran una cámara Súper 8 con la que filmaba a sus hermanos y a su nana por todos los rincones del departamento de la calle Tepeji, en la colonia Roma. Cuarón nunca tuvo madera de burócrata.

Un día, José Luis García Agraz, uno de sus primeros mentores, lo visitó durante su jornada laboral en el museo y le dijo: “¿Qué haces aquí, cabrón? ¿Esperar a que en 50 años le den un premio a ‘Don Ponchito’ por ser el más viejo del lugar?”. Entre regaños, García y otros mentores lo impulsaron para que hiciera cine.

Y así lo hizo. Hoy, Cuarón administra desde Londres la abundancia de la que nunca pudo presumir López Portillo. Y coordina, mediante su iniciativa Brigada, las labores de reconstrucción tras el sismo del 19-S que afectó a la urbe que lo vio crecer. “Hay personas que tienen muy claro lo que contiene su disco duro. Alfonso siempre supo que lo suyo era el cine. Era un soldado: el tipo más disciplinado que conozco, pero también un hombre muy sensible con un sentido impresionante de la plástica. Es una rara avis. Una especie de monje cartujo que tenía muy claro su destino”, recuerda García. “Su situación tampoco era tan particular: ¿cuántos jóvenes no se quedan en el camino siguiendo sus sueños? ¿Cuántas veces nos da miedo tomar una decisión? Él lo hizo”.

El resultado ha sido una alucinante cadena de éxitos. Hoy, Cuarón ve triunfar a su hijo Jonás en Hollywood, presume dos Premios Oscar por hacer una película sobre astronautas y hurga en sus recuerdos para llevar al cine aquella realidad que vivió en ese departamento de la colonia Roma que, según ha dicho, es una metáfora del México que sigue esperando el milagro de la prosperidad. 

El cineasta mexicano se sobrepuso a un inicio de carrera complicado para convertirse en un referente global del séptimo arte.