El proceso electoral: un reto para el Bajío
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El proceso electoral: un reto para el Bajío

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El proceso electoral: un reto para el Bajío

No existe ninguna receta secreta para duplicar el ritmo de crecimiento del conjunto del país. La clave son buenas políticas públicas y una continuidad que trascienda los cambios políticos

Enrique Quintana
27/06/2018
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El próximo domingo, el país vivirá un proceso electoral inédito en el país en el que se van a renovar más de tres mil cargos de elección popular, desde el presidente de la República hasta cientos de alcaldías.

México tiene el reto de asumir este proceso garantizando la tranquilidad y procurando que decenas de millones de electores acudan a las urnas a expresar su voluntad.

La coyuntura en la que vivimos tiene muchas cosas que aprenderle al Bajío.

Es natural que muchos mexicanos estén insatisfechos con sus gobiernos en todos los niveles. Pero, será un reto distinguir las muchas cosas buenas que se han hecho por parte de autoridades surgidas de la mayoría de las fuerzas políticas actuantes en México.

En las entidades de la República tenemos ya un mosaico partidista que se reproduce también en los municipios.

En el Bajío, desde hace años, la alternancia es una costumbre. Los cambios políticos, sin embargo, no han significado modificaciones en las grandes estrategias de desarrollo que han convertido a la región en una de las más dinámicas de la economía nacional.

Al margen de qué ocurra con los resultados a escala federal, en los estados en los que habrá cambio de gobernador o congresos locales y en los municipios que renovarán sus poderes, existe la confianza de que el Bajío pueda seguir siendo una región receptora de inversiones, generadora de empleos, de poder de compra en el mercado interno, y de una gran fuerza exportadora.

La lección del Bajío debe ser aprendida por todo el país. Independiente de los cambios que puedan suscitarse en los poderes federales, se hace necesario garantizar un ambiente propicio para las inversiones productivas y para lograr un crecimiento que pueda ser sostenido y que tenga efectos que se generalicen a toda la población.

Ello hace necesario una mayor incorporación de pequeñas y medianas empresas en las cadenas productivas, que sean proveedoras de las grandes empresas de manufacturas o que agreguen valor y den servicio a la potente producción agropecuaria de la región.

Hay que recordar que mientras en el país el crecimiento fue de poco más de 2 por ciento en promedio en los últimos cinco años, en Aguascalientes, el Indicador de Actividad Económica Estatal creció a 5.4 por ciento en promedio anual en el mismo lapso; en Guanajuato lo hizo a un ritmo de 4.8 por ciento; en Querétaro a un paso de 4.6 por ciento y aún en San Luis Potosí, si se hace a un lado la actividad petrolera, el crecimiento fue de 3.9 por ciento en promedio.

No existe ninguna receta secreta para duplicar el ritmo de crecimiento del conjunto del país. La clave son buenas políticas públicas y una continuidad que trascienda los cambios políticos.

Sin embargo, el éxito económico no debe perder de vista los grandes problemas que tenemos, de manera fundamental, el de la inseguridad.

Los diferentes órdenes de gobierno deberán coordinarse de manera eficiente para responder a este reto, que se está convirtiendo en la región, en el más relevante y el que eventualmente pueda amenazar la continuidad del crecimiento.

El Financiero ha estado todos estos años, y lo estará cada vez con más fuerza, acompañando a la comunidad de negocios y a todos los involucrados en el desarrollo en las múltiples tareas que hay que emprender, con críticas a lo malo y respaldo a lo que se hace bien.