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Guanajuato: el poderoso clúster automotriz en el que nadie creyó

Héctor López Santillana, uno de los protagonistas del "milagro" guanajuatense, dice que en el boom de la industria automotriz de Guanajuato no hay nada casual, sino que es fruto de un ejercicio de planeación estratégica que inició en la década de los noventa. 
PERLA OROPEZA
22 diciembre 2015 9:42 Última actualización 22 diciembre 2015 10:9
lintel Guanajuato PUerto Interior

Guanajuato Puerto Interior fue considerado durante mucho tiempo un "elefante blanco". [Cortesía]

LEÓN, Gto.— El boom automotriz de Guanajuato no es producto de la casualidad, sino de un ejercicio de planeación estratégica con participación ciudadana que inició en la década de los noventa, aseguró el alcalde de León, Héctor López Santillana, quien ha sido uno de los protagonistas de la historia económica reciente del estado.

Este ejercicio se concretó en 1992 un documento llamado Guanajuato Siglo XXI —del cual fue coautor el ahora presidente de INEGI, Eduardo Sojo—, donde se plantearon los retos de la entidad federativa en los temas económico, de infraestructura carretera, logística y agua, entre otros.

“Ahí se hablaba ya de las nuevas vocaciones económicas del estado y se establece la prioridad para la parte automotriz, cuando General Motors —que se instaló en 1995— todavía no era una realidad."


“Pasamos siete secretarios de Desarrollo Económico y seis gobernadores trabajando bajo el mismo proyecto. Hubo mucha continuidad”, comenta.

Exgobernador interino de Guanajuato y secretario de Desarrollo Económico Sustentable durante tres sexenios, López Santillana habla de su experiencia para promover el establecimiento de parques industriales en el Puerto Interior (que ahora ya cuenta con cinco parques).

“Fui al estado de México, a Toluca, cuando el ahora presidente era gobernador del estado de México; ahí me reuní con todos los parqueros industriales y ninguno creyó en el proyecto de Guanajuato. El único que creyó fue Grupo Lintel. Ellos ya tenían el parque Colinas de Silao, una pequeña operación, y junto con Ricardo Betancourt –su director general-, diseñamos un modelo que en ese entonces fue pionero en Guanajuato y que ahora está sirviendo de ejemplo para el desarrollo de muchos otros parques industriales.

“El gobierno del estado puso la tierra en un fideicomiso, Lintel aportaba la infraestructura, los dos acordábamos a qué precio íbamos a salir para recuperar sus valores y la plusvalía iba dando utilidades, una parte para Lintel y otra parte para el gobierno del estado a través de la empresa Guanajuato Puerto Interior y esa fue la base del éxito. Porque salimos con una propuesta de infraestructura a precios muy competitivos.”

En los noventa la proyección de crecimiento económicamente activa de Guanajuato planteaba todo un reto, porque se requería que la economía estatal creciera a un ritmo de 6 por ciento en promedio anual sostenido por los próximos diez años sólo para generar las oportunidades de empleo que requería el bono demográfico
.

“Crecer al 6 por ciento significa una inversión entre pública y privada de tres mil 700 millones de dólares anuales y la pregunta era de dónde vamos a sacarla. ¿Tenemos la capacidad de inversión privada y pública para lograr esa inversión durante diez años? La respuesta fue no. Era claro que entonces la estrategia tenía que estar muy sustentada en atraer inversión y que tendríamos que fomentar mucho nuestro comercio exterior simplemente para atraer el capital y el ahorro que nosotros no habíamos desarrollado.”

Hoy en día, dice, “estamos a la mitad del camino. El punto más crítico en este momento no es la infraestructura, es la gente. Cada año egresan 5 mil ingenieros y 25 mil técnicos, pero tenemos que seguir afinando los planes de estudio para que las carreras técnicas sean pertinentes, de acuerdo con las necesidades de las empresas”.
En términos generales de conocimiento técnico, los jóvenes están bien, pero están faltando las habilidades de trabajo, de comunicación oral y escrita en dos o más idiomas, y la capacidad para trabajar en un equipo multidisciplinario y multicultural.

A CONTRACORRIENTE

Cuando Guanajuato decidió que su futuro iría de la mano de la industria automotriz, muy pocos creyeron en él, expone López Santillana.
El único que confió en que tendría éxito fue Eduardo Sojo Garza Aldape, pero no opinaban lo mismo en la Secretaría de Economía. Durante la administración de Felipe Calderón, con Sojo como secretario de Economía hubo mucho apoyo, que se perdió con Gerardo Ruiz Mateos y se recuperó con Bruno Ferrari.

En este sexenio todo ha ido bien, asegura el alcalde leonés: “Si hay alguien que entiende de economía en este país es Ildefonso Guajardo. Independientemente de que no seamos de los mismos colores, lo que se reconoce es la capacidad de las personas.”


La promoción, indicó se tuvo que hacer en el extranjero: “Aquí no confiaban en nosotros; decían que cómo íbamos a incursionar en el clúster automotriz si sólo sabíamos hacer zapatos y ropa, si somo agricultores, por eso se estableció un mecanismo de promoción desde Detroit, con Juan Manuel Fernández como representante del gobierno del estado.

“La estrategia era sencilla: antes de que salieran las misiones para México, ahí las estábamos captando. Empezamos a hacer ese trabajo, que ha sido sistemático, consistente, y con la clara intención de hacer una transformación de la economía de Guanajuato.

“Más allá de la inversión, todas las empresas extranjeras que se han establecido en Guanajuato tienen una vocación muy clara y son de tecnología intermedia a alta. Para empresas intensivas en manufactura no necesitamos inversión foránea.”

De la inversión extranjera directa, se buscó que garantizara su permanencia por al menos 20 años para evitar que hubiera inversiones meramente especulativas o coyunturales. “Casi todas las empresas que hemos apoyado aquí han estado invirtiendo mínimo 50 mil dólares por empleo generado; en la industria automotriz ahora están promediando 150 mil dólares por empleo. Esta cantidad de inversión no la recuperan en menos de 20 años."