Dignidad y planes de vida en la universidad
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Dignidad y planes de vida en la universidad

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Dignidad y planes de vida en la universidad

La razón ética y educación deben ir a la par en la búsqueda de una meta humana.

Opinión Bajío / Fernando Arriaga Cervantes
11/09/2018

La enseñanza de la ética en la universidad representa la oportunidad para los estudiantes de revisar el proyecto de vida que han ido definiendo. La ética se puede definir como filosofía moral, es decir, como una reflexión crítica de la moral, sobre todo de lo que son las creencias morales.

Sostenemos que la moral se constituye de estas creencias, de las acciones de tipo moral que llevamos a cabo día con día y de los juicios morales que se suscitan constantemente. Las creencias morales las vamos aprendido a lo largo de toda una vida, desde la más temprana infancia. Son los referentes morales fundamentales de una sociedad y cambian con el tiempo, no todas son permanentes.

Hoy día, una creencia más que fundamental, diríamos esencial, es la que afirma que todas las personas gozan de la misma dignidad. Concepto caro a las humanidades y a los procesos de humanización: humanizar es actuar respetando la dignidad de cada ser humano. Tan sencillo y tan complejo a la vez. La expresión concreta, inmanente de la dignidad humana son los derechos humanos. Humanizar es respetarlos, pero también indagarlos, promoverlos, cuidarlos, exigirlos, y cerciorarnos de que son parte medular de los procesos educativos.

En todos los niveles educativos deben ser parte del contenido curricular, máxime a nivel universitario. Humanizar concierne a todos: personas, profesionales, gobierno, empresa. Nadie está exento de esta obligación moral. Ésta es la impronta ética de nuestro tiempo: ser humano con los demás haciendo lo correcto: respetarnos a nosotros mismos y respetar a los demás.

Por ello afirmo que la enseñanza ética en la universidad es una oportunidad para el estudiante de revisar críticamente su proyecto de vida. Las preguntas son: ¿Está mi proyecto, mi plan de vida orientado a la humanización? ¿Respeta, cuida la dignidad de todos y cada uno en términos de sus derechos humanos? ¿Reconozco a los otros, dignificándolos, en mi proyecto de plenitud humana?

Estas observaciones y estas preguntas son, asimismo, motivo de análisis y esclarecimiento. La razón ética y la educación, al menos, deben ir a la par en la búsqueda de una meta humana que, como diría Eduardo Galeano de la Utopía, no es un lugar al que llegaremos, pero sí el que define la ruta por la que caminar.

*Profesor del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro.

jfarriaga@itesm.mx