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Deshilado de Aguascalientes se resiste a morir

La antiquísima técnica textil está librando una batalla para mantenerse en el mercado; empresarios piden que se le dé denominación de origen o sea considerado patrimonio cultural.
Corresponsal María Luisa González
15 agosto 2017 9:19 Última actualización 15 agosto 2017 9:30
Deshilado de Aguascalientes

Deshilado de Aguascalientes.

GUASCALIENTES, Ags.—El municipio de Calvillo se ha convertido en prácticamente el último reducto de una batalla que empresarios de la “vieja guardia” del sector textil están librando para evitar que “muera” una de las actividades que forjaron la identidad del estado y una economía social que dio trabajo o ingresos “extra” a miles de mujeres, sin salir de sus hogares.

Se le conoce como “deshilado”, una antiquísima técnica textil –traída a México por los españoles, según algunos investigadores, o por los franceses, según otros– que consiste en levantar y tirar suavemente con la punta de una aguja hilos de una tela –usualmente de algodón y lino–, hasta formar un cuadro o rejilla sobre la que se realizan diseños o “rebordados” variados.

Es, a decir de los expertos, un trabajo hecho a mano extremadamente complicado, minucioso y tardado que da como resultado “verdaderas obras de arte sobre tela”.

En Aguascalientes pasó de ser una actividad practicada en exclusiva por las mujeres en el hogar, como parte de sus deberes o pasatiempos, a negocio rentable y virtual embrión de uno de los pilares de la economía estatal durante casi todo el siglo XX, como fue la industria textil y de la confección tras la llegada del ferrocarril y de los Talleres Generales de Construcción de Máquinas y Material Rodante del Ferrocarril Central.

Algunas mujeres de los ferrocarrileros, según diversos historiadores, comenzaron a ofrecer a los pasajeros canastitas con productos deshilados con tal éxito que otras más las emularon y fueron surgiendo paulatinamente talleres familiares para producirlo, venderlo y distribuirlo a otras partes de la República a través del ferrocarril.

El empresario Carlos García Villanueva, miembro de una de las familias pioneras de la industria textil y de la confección de la entidad, estima que en su “época de oro”, el deshilado, junto con el bordado de prendas, sobre todo blancos que hasta ahora se trabajan en parte a mano, representaron alrededor del 20 por ciento del PIB estatal.


Para validar esta cifra, recuerda que “no había entonces colonia, comunidad ni ranchería donde no se trabajaran” y que alrededor “de un 50 por ciento de la gente se ocupaba en eso de tiempo completo o parcial”, sobre todo mujeres que lo elaboraban en casa y de esa manera complementaban el gasto familiar.

Aguascalientes cobró fama y fue punto de referencia en toda la República en ese terreno por la gran calidad, belleza y originalidad del deshilado trabajado y tipo de prendas confeccionadas, en su mayoría de uso cotidiano como manteles, servilletas, juegos de baño, tortilleros, carpetas, chales, mandiles, blusas, vestidos, fondos, guayaberas, cortinas, rebozos y cualquier otra que se ocurra, “donde lo útil no riñe con lo bello”, sin faltar las de uso ritual, como ropones de bautizo, vestidos de primera comunión y trajes de novia.


La empresaria Eugenia Sánchez, cuenta que su aceptación y popularidad en el estado y la República en general alcanzaron tal grado “que llegamos a decir que no vendíamos, sino que nos compraban”. Ella forma parte de un grupo de empresarios de la “vieja guardia” del sector textil que persisten en mantener el deshilado en sus líneas de producción, en parte por encargo a mujeres de comunidades rurales que lo siguen trabajando.

La importancia y peso económico del ramo fue erosionándose por la combinación de varios factores, entre ellos, paradójicamente, la diversificación y fortaleza que adquirió la industria textil y de la confección, al apostarle con éxito a otras líneas, como prendas de lana y acrilán, cobertores, colchas, hilados y vestuario infantil, entre otras.

A esto se agregó la posterior “maquilización” de esa industria, que encontró también en las llamadas popularmente deshiladoras un envidiable ejército de obreras, y la “invasión” de productos chinos e hindúes de baja calidad y considerablemente más baratos, por lo mismo, que contribuyeron a que los locales perdieran paulatinamente mercado, al punto de que comenzó a pronosticarse su inminente “muerte”.

CULTURA POPULAR

“El deshilado sigue vivo”, asegura Angélica Medina Pérez, coordinadora de Culturas Populares del Instituto Cultural de Aguascalientes (ICA), aunque reconoce su “achicamiento” y que fue “descuidado” durante mucho tiempo.

Confirma que se conservó y se sigue trabajando a la vieja usanza en algunos municipios del estado, sobre todo el de Calvillo -ubicado a 32 kilómetros de la capital- que históricamente también es considerado, junto con los Altos de Jalisco, como “la cuna” del deshilado en la región Occidente de México, según el maestro y jefe del Departamento de Investigación de la Universidad de las Artes (UA), Víctor Manuel Solís Medina.

Él asegura que todavía el año pasado se encontraron en diferentes comunidades rurales más de 14 mil mujeres de todas las edades deshilando en sus casas por la tarde, como en el pasado, aunque anota que pocas están registradas y que la mayoría lo hace “más por tradición cultural que por negocio”.

No obstante, buen número combina ambos aspectos y Calvillo es el mejor ejemplo de ello. La coordinadora del área de artesanías de ese municipio, Erika Pérez, indica que muchas mujeres del lugar venden también a través de diferentes canales, sea directamente en sus hogares o en pequeños locales y “placitas”, en la Casa del Artesano local y la que opera en la capital del estado, así como el Fonart, empresas textiles -que les entregan prendas cortadas para la aplicación del deshilado- y el comercio especializado.

¿ARTESANÍA O INDUSTRIA?


Reposicionar en el mercado al deshilado hidrocálido no es tarea fácil, indican autoridades municipales. Este objetivo se enfrenta, entre otros obstáculos, a la renuencia de muchas deshiladoras a trabajar en equipo y a las restricciones presupuestales que limitan el alcance de programas oficiales para financiarlas y capacitarlas en diferentes campos, sobre todo el empresarial, mercadológico y diseño.

A esto se agrega un fenómeno al que sectores oficiales y empresariales involucrados acreditan más poder, si cabe, de convertir efectivamente al deshilado en reliquia del pasado: que la cadena de transmisión de generación a generación se está rompiendo. Muchas hijas de mujeres que lo trabajan ya no quieren aprenderlo porque los precios de venta regularmente no compensan el esfuerzo y tiempo invertidos.

Para Carlos García Villanueva, sin embargo, esto podría contrarrestarse si se cambia el “enfoque” de los programas oficiales, los cuales ven y tratan al deshilado como “artesanía”, en lugar de virtual “industria”, que puede reconvertirse y entrar en las tendencias de moda internacionales. “No es razonable que todavía a estas alturas se sigan haciendo prendas iguales a las que se vendían hace 50 años”, advierte.

Por tanto, considera que la actual administración estatal cometió un “error grave” al transferirlo del ámbito de competencia de la Secretaría de Desarrollo Económico (Sedec) estatal al del Instituto Cultural de Aguascalientes. “Es no conocer el ramo y creer equivocadamente que va a desarrollarse desde esta área; no tiene posibilidades si no se le ve como un proyecto que genere economía social”, sostiene.

Recuerda que él presentó un estudio completo y minucioso a dos gobiernos estatales anteriores que aportaba y proponía mecanismos necesarios para reconvertirlo y estimular la creación de empresas que diversificaran la oferta.

Víctor Manuel Solís Medina, en cambio, defiende que se le considere artesanía puesto que, para él es “más que una mera mercancía”. Por tanto, califica de “idóneo” que una institución cultural “lo arrope” y que desde esa plataforma se promuevan y trabajen nichos de mercados específicos que aprecian mucho lo artesanal y pagan lo que cuesta.

En lo que concuerda con García Villanueva es en proponer que se consiga la denominación de origen para el deshilado hecho en Aguascalientes.

Para Solís Medina merece, además, que se le considere patrimonio cultural “porque es el mejor ejemplo de la conjunción del tejido indígena con la tradición ibérica-canaria o europea de Brujas y Flandes”.