Archivo

¿Un cafecito en una cafetera de 20 mil dólares?

01 febrero 2014 9:22 Última actualización 24 noviembre 2013 8:47

[Las máquinas de Van der Westen son objetos de culto entre los amantes del café. / Blomberg ] 


 
 
Bloomberg. Kees van der Westen conoció el expreso siendo estudiante universitario. Corrían los años 80 y él estudiaba diseño industrial en Genk, Bélgica. Como la mayoría de los universitarios, apreciaba la bebida oscura y ácida que tomaba en los cafés locales fundamentalmente por su contenido de cafeína, no por la complejidad de su sabor, la sensación en la boca o el aroma.
 
Esto cambió luego de que eligió la máquina expreso como proyecto final para recibirse. La mayoría de los dispositivos que entonces estaban en producción eran aburridas cajas de metal, dice, lo que daba amplio margen para la innovación.
 
Hoy día, las máquinas de Van der Westen, maravillas cromadas que evocan las líneas de los automóviles estadounidenses clásicos de mediados de siglo, son objetos de culto entre los conocedores de la bebida.
 
“Una Kees van der Westen es como el santo grial”, asegura Dave Ringwood, responsable de personalización, restauración y diseño de equipos de Espresso Parts LLC de Olympia, Washington.
 
También son algunas de las más caras el mercado. El modelo más pequeño y menos caro de van der Westen, la Speedster, se vende en los minoristas a 8 mil 800 dólares, mientras que el más grande, la Spirit, cuesta 20 mil dólares.
 
El diseñador y una docena de colaboradores montan unas 400 máquinas anuales en su pequeño taller de la ciudad de Waalre, al sur de los Países Bajos. La mayoría de los compradores son cafeterías y bares.
 
Objetos para lucir
Sin embargo, las personas acaudaladas últimamente han comenzado a comprar máquinas expreso comerciales para lucir en la cocina de su casa, dice van der Westen, una decisión no menor dadas las conexiones eléctricas especiales, las cañerías y los sistemas de filtrado del agua que se necesitan.
 
Edwin Mayer, abogado de medios de Londres, vio una de las Speedsters de van der Westen en la vidriera de un café local y de inmediato fue tentado. “Me gustó mucho su aspecto”, explica. Mayer considera que la compra es como adquirir una pintura o una escultura. “Es una pieza artística funcional”, dice.
 
Después de comprarla por su aspecto estético, Mayer rápidamente empezó a valorar sus cualidades para preparar un rico café. “Hace un café maravilloso,  es a prueba de errores y fácil de mantener”, asegura, agregando que la mayoría de las máquinas hogareñas no son lo suficientemente fuertes para producir siempre un excelente expreso.
 
Últimamente, dice van der Westen, está buscando la unión del hombre y la máquina. Describe extasiado a los baristas australianos que trabajan a toda marcha en cafeterías que sirven más de mil tazas antes de las 2 de la tarde. Un buen barista está en constante movimiento mientras sus manos ajustan el nivel de vapor de la máquina, apisonan el café molido, limpian las superficies con un trapo y sirven las pequeñas tazas. “Es algo lindo de ver”, apunta van der Westen.
 
Una cantidad creciente de amantes del café dice lo mismo de sus máquinas.