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Tortugas marinas, viajeras en peligro. Parte 2

12 febrero 2014 5:31 Última actualización 30 marzo 2013 9:5

 [Fotos: José Antonio Guerrea]  Hasta 45,000 son sacrificadas cada año en el mundo. Nadie respeta la veda; huevo y carne se comercializan a plena luz del día. 


 
José Antonio Gurrea C. / Enviado
 
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Xcacel, Quintana Roo.- Sentado en la oficina que la asociación civil Flora, Fauna y Cultura de México tiene en las instalaciones delparque Xcaret, Alejandro Arenas, jefe del Programa de Conservación de Tortugas Marinas, lamenta en entrevista con EL FINANCIERO que en los últimos años el ser humano haya diezmado drásticamente la capacidad de las tortugas marinas para mantener su viabilidad, por lo que la mayoría de sus poblaciones se encuentran en declinación, y en algunos casos a niveles críticos. Para dar cuenta de la gravedad del caso, recuerda que reportes internacionales hablan de que 45,000 tortugas en el mundo son sacrificadas cada año por pescadores.


 
"Podemos decir que la tortuga blanca está amenazada, pero que la caguama, la lora, la carey y la laúd están en franco peligro de extinción; la golfina es la única especie que se encuentra en recuperación", añade.


 
Sobre el caso de la tortuga laúd -el reptil marino más grande del mundo pues llega a medir dos metros por uno de ancho, a pesar hasta una tonelada, y se tarda entre 30 o 40 años para ser adulta-, Itzel Trujano, responsable de Ecoturismo de Flora, Fauna y Cultura, desgrana varios datos duros que sirven para documentar el pesimismo.
 
"La laúd se encuentra en peligro crítico de extinción. Este año se tuvieron en todo el país de 500 a 600 nidos de esta especie de tortuga, lo que representa unas 120 tortugas en total anidando en México; sin embargo, en 1985 -para tener un punto de referencia-, en una sola playa mexicana y únicamente en una noche ese era el número de las laúd que anidaban: 120, y había 12,000  anidaciones". Se trata sólo de un dato que ejemplifica la gravedad del problema.


 
Y es que, pese a los esfuerzos, la mayor parte del litoral mexicano se encuentra desprotegido, admite por su parte Alejandro Arenas, quien señala que humanamente es imposible cubrir todas las zonas de anidación del país: "En Quintana Roo realizamos nuestro trabajo en 13 playas, pero los demás sitios quedan fuera de nuestro alcance debido a que son áreas privadas y no todos los hoteles están interesados en proteger a esta especie cuando anida frente a su predio".


 
A ello hay que agregarle las carencias económicas en las que se encuentran inmersos organismos, asociaciones y proyectos que luchan por proteger a la tortuga, como es el caso del programa que encabeza el biólogo Arenas.


 


 
"El Programa de Conservación de Tortugas Marinas nació en 1982 con financiamiento del gobierno estatal; sin embargo, cuando Mario Villanueva llegó al poder en 1993, de inmediato nos quitó el apoyo. En varias ocasiones estuvimos a punto de desaparecer, hasta que hace 10 años los propietarios de Xcaret (concretamente Miguel Quintana Pali) nos comenzaron a apoyar. De entrada nos dieron una oficina, metieron a la nómina a 12 personas a las cuales también se les brinda la alimentación; hay apoyo con la gasolina y el mantenimiento de los vehículos. Podemos decir que prácticamente un 50% del programa está financiado por la gente del parque."


 
-¿A cuánto ascienden los requerimientos del programa?

-Estamos hablando de 4 millones de pesos anuales.


 
-¿De dónde sale el otro 50%?

-Hay otros empresarios que nos apoyan, como los propietarios del hotel Maya Príncipe, pero no es suficiente y hay que tocar puertas. Este año estuvimos en crisis permanente; es difícil el proceso para allegarse de recursos. Por otra parte, hemos participado en muchas convocatorias tipo Iniciativa México, pero sin resultado alguno.


 
-¿De qué forma apoyan a los campamentos los tres órdenes de gobierno?

-Autoridades, municipales, estatales y federales no nos ayudan prácticamente con nada. La Semarnat nos da la autorización para operar como campamento y el gobierno estatal el permiso para hacer ecoturismo en el santuario (Xcacel), además de que nos brinda las instalaciones donde se quedan los tortugueros y los voluntarios, pero a cambio a las autoridades estatales les tenemos que dar el 40% de lo que sacamos, que de por sí es poco. Xcacel produce durante una temporada
de anidación entre 40,000 y 60,000 pesos en total. Casi nada.


"No somos los únicos. Hay campamentos en todo el país que aparecen y desaparecen por falta de presupuesto. Y es que la tortuga no es negocio", dice contrariado Alejandro Arenas.


 
Letra muerta


 
Aunque consumir y comerciar con carne y huevos de tortuga son prácticas ilegales desde 1990 y el Código Penal Federal (artículo 420) establece penas de uno a nueve años de prisión y sanciones de 300 a 3,000 días multa a la persona que "capture, dañe o prive de la vida a algún ejemplar de tortuga o mamífero marino, o recolecte o almacene de cualquier forma sus productos o subproductos", en los hechos esta legislación es letra muerta.


 
Cierto, la tortuga está en veda, pero la justicia no se aplica bien porque los huevos y la carne de estos quelonios se siguen vendiendo abiertamente, señala Miriam Tzeek, responsable de datos y estadísticas del programa de tortugas marinas.


 
Aún más, agrega Alejandro Arenas: "Con mucha frecuencia las personas que entregamos a la policía por robar huevos de tortuga son puestas en libertad en menos de una semana, y no falta el temor a que existan represalias, pues es gente que vive en Tulum u otros pueblos cercanos, así que nos conoce bien".


 
Ante esta realidad, Flora, Fauna y Cultura promueve un programa de vinculación comunitaria y de educación ambiental que busca involucrar a la comunidad de Tulum en la protección de la tortuga marina:


 
 
"Buscamos que, de depredadora, la gente se convierta en protectora de la tortuga marina. Se trata de que la comunidad aproveche el recurso, que tenga conciencia de que una tortuga vale más viva que muerta; quela comunidad funja como guía de turista, que aprenda a administrar el recurso, que la salvaguarda de esta especie se convierta en una fuente de trabajo. Hay que crear un sentido de pertenencia a los recursos naturales, y a la vez usar el programa de conservación para poder apoyar a estos grupos vulnerables que no tienen trabajo", señala Arenas.


 
Aunque Miriam Tzeek cree y apoya el proyecto, acepta que tratar de involucrar a la comunidad en la protección de la tortuga marina es un proceso arduo: "El consumo de huevo y carne de tortuga es una costumbre ancestral en Quintana Roo; convencer a la gente de que no consuma estos productos es muy difícil, pues se piensa que el huevo es como una especie de Viagra natural, y que además cura el asma y otras enfermedades. Para muchos, es algo así como un alimento milagroso".


 
Por lo pronto, a plena luz del día -como lo comprobó este diario- en el pueblo de Tulum es posible encontrar huevos de tortuga entre 5 y 10 pesos la pieza. No hay restricción alguna y el producto se exhibe abiertamente en varios establecimientos, en franco desafío a las autoridades federales y al código penal.


 
Cierto, sin el esfuerzo de todos esos aguerridos hombres y mujeres que forman parte de los campamentos tortugueros la situación sería aún más crítica para las tortugas marinas. Sin embargo, la batalla decisiva -ésa en donde se juega la permanencia de esta especie milenaria- está lejos de ser ganada.
 
 
 
 
 
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