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Tortugas marinas, viajeras en peligro. Parte 1

12 febrero 2014 5:35 Última actualización 30 marzo 2013 8:23

[Fotos: José Antonio Guerrea]  Sólo una de cada 1,000 crías llega a la edad adulta; hoy, su principal amenaza es el hombre. 


 
José Antonio Gurrea C. / Enviado
 
Xcacel, Quintana Roo.- Es más de medianoche en este santuario tortuguero, y un viento fresco y húmedo que viene de mar adentro golpea la costa. Entre la oscuridad, cerca de 10 personas enfundadas en chamarras y jeans avanzan lenta y sigilosamente sobre las dunas de arena con sus lámparas de cabeza encendidas. Mientras caminan, voltean hacia todos lados. Hay alerta en sus ojos y adrenalina en sus cuerpos: saben que un encuentro con algún saqueador de nidos es una posibilidad siempre latente.
 
Sin embargo, estos riesgos no amedrentan a estos patrulleros nocturnos; mucho menos el viento, la prolongada vigilia, los mosquitos, la lluvia, los huracanes o las incomodidades por las que tienen que pasar durante los 6 meses que permanecen en los campamentos tortugueros. Para estos voluntarios llegados de todas partes del país, y aun del extranjero, la prioridad es poner un granode arena para contribuir a conservar a las tortugas marinas: una especie que, pese a los esfuerzos, continúa en peligro de extinción.
 
La desaparición de la tortuga marina -lo saben- representaría una grave pérdida para el planeta, pues se trata de un grupo con características anatómicas singulares que tiene más de 150 millones de años de existencia en la Tierra. Ésa es, finalmente, la gran paradoja: contemporáneos de los dinosaurios, estos quelonios han sobrevivido a
fenómenos y cambios extremos, pero ahora ante el hombre -el más grande depredador de toda la historia- pueden perder la batalla definitiva.
 
"Hay una mortandad elevadísima de tortugas marinas. Hoy se estima que, de cada 1,000  que nacen, sólo 1 cría o dos llega a la edad madura", dice a EL FINANCIERO Alejandro Arenas, jefe del Programa de Conservación de Tortugas Marinas, un proyecto que ya tiene 30 años, pero que desde hace diez se encuentra a cargo de la asociación civil Flora, Fauna y Cultura de México, y que actualmente opera 6 campamentos tortugueros en el litoral del Caribe mexicano.
 
"De 7 especies de tortugas marinas que existen en el mundo, 6 anidan en playas mexicanas, 4 de ellas en Quintana Roo (blanca, caguama, carey y laúd); de hecho, para la blanca y la caguama, las playas del Caribe mexicano se encuentran entre sus principales sitios de anidación a nivel mundial", explica Arenas, quien destaca que el programa que encabeza protege a las tortugas que, provenientes de lejanos mares -a veces recorren miles de kilómetros-, desovan de mayo a noviembre en 13 de las más importantes playas de anidación de la zona centro del estado.
 
"Cubrimos una extensión de 120 kilómetros de costa", agrega Arenas, quien indica que a lo largo de dos kilómetros y medio de playa de este santuario se concentran más de tres mil nidos entre septiembre y noviembre: "Pese a las intensas presiones de los grandes desarrolladores turísticos, Xcacel aún se encuentra a salvo; por eso lo llamo 'el último rincón del paraíso'".
 
Desde sus 22 años de experiencia, este biólogo enumera los riesgos a los que se enfrentan las tortugas marinas:al salir de los nidos pueden ser presa de algunas clases de moscas que se alimentan de las partes blandas de su cuerpo, como ojos y aletas.Durante el recorrido de la playa al mar son los cangrejos, las aves marinas o los perros salvajes los que se alimentan de ellas.Cuando por fin alcanzan el mar, apenas cruzando el rompiente de las olas, las tortugas pueden ser devoradas por una gran variedad de peces.Otra amenaza tiene que ver con el calentamiento global. Por un lado, el incremento de las temperaturas en el mar provoca que la mayoría delas crías que nacen sean hembrasPor otro, los huracanes cada vez más fuertes se llevan un gran porcentaje de los nidos. "En 2005 Emily y Vilma se llevaron el 23% de los nidos de la caguama y el 50% de la blanca", nos dice apesumbrado Alejando ArenasEl hombre
 
El principal depredador
 
No obstante, el principal daño o amenaza para las poblaciones de tortuga proviene del hombre:saqueo de nidospesca ilegalcomercio ilícito de carne y huevos -el consumo de este último producto esalentado por el mito de que tiene propiedades afrodisiacas-captura y sacrificio de hembras anidadorascontaminación de sus sitios de anidaciónmodificación y degradación de su hábitat por la pérdida de manglares y playas a causa del desarrollo turísticocaptura incidental de ejemplares por parte de barcos camaroneros, ya que debido a la falta de capacitación, la flota mexicana no utiliza adecuadamente los excluidores de tortugas marinas.
 
Durante un recorrido que este diario realizó por las zonas de anidación de la bahía de Tankah -donde, pese al frágil equilibrio ecológico, cuadrillas de albañiles levantan lujosas residencias (de acuerdo con la página de Internet Homes for sale, el precio aproximado de una de estas casas es de 1 millón 450,000 dólares)-, Leonel Gómez, responsable de la operación de los campamentos, advierte que incluso los desarrollos turísticos de bajo impacto como el de esta zona modifican el entorno de la playa y afectan la orientación de las tortugas.
 
"Por naturaleza, las tortugas regresan a desovar al lugar donde nacieron y, si todo está cambiado, se pierden, regresan al mar y buscan otro lugar para desovar que a veces no es apto para la anidada; la otra es que, si no lo encuentran, a veces llegan a soltar los huevos en el mar con la consiguiente pérdida del producto", agrega.
 
-Pese a ello, las autoridades federales, concretamente la Semarnat, parecen no mover un solo dedo.
-En nuestros reportes a la Semarnat detallamos todas estas anomalías y también orientamos a las autoridades sobre lo que hay que hacer para que estos desarrolladores pongan en marcha acciones para cuidar esta zona tan importante; pero, sin duda, alguien no está haciendo su trabajo. No estamos en contra del desarrollo turístico, pero corresponde a las autoridades hacer respetar los lineamientos ecológicos que ya existen y buscar un equilibrio. Por el contrario, año con año la mancha urbana continúa su avance y se reducen los espacios para la tortuga. De seguir así, podemos perder la batalla.
 

La vida en un campamento tortuguero
 


 
Atraídos por la palabra "Caribe" -que remite a sol, playas de arena blanca, mar de tonalidades verde turquesa y perenne jolgorio en antros de moda- algunos jóvenes se inscriben como voluntarios en el programa de tortugas marinas. Sin embargo, al llegar al campamento encuentran una realidad muy distinta.
 
"Hay algunas deserciones porque muchos jóvenes pensaron en el paraíso, nunca en los mosquitos, en los tábanos, en la lluvia, en la vigilia ylos desvelos que significa caminar por la playa toda la noche... en las incomodidades de dormir en una hamaca. Vivir en un campamento donde se tiene que convivir estrechamente con otras personas de diferentes lugares, culturas y diversas formas de pensar, y además aprender a cocinar, a barrer, a limpiar los baños, a trabajar por lastortugas, deja una gran enseñanza; pero no a todos gusta", señala en entrevista Alejandro Arenas.
 
-¿De qué tamaño es la desbandada?
-Aproximadamente de 10%. Algunos abandonan el campamento al tercer día; otros, aunque traen ganas de seguir, no tienen la condición física ni las suficientes ganas y se van al mes; por el contrario, hay quien viene por un mes y se queda los 6. Y, aproximadamente, un 10% regresa año con año. Hay una persona que tiene 13 años con nosotros; otros tienen 3, 4, 5 años.
 
Es variable
 
"Hay también muchachos que no tienen vocación, que traen muchos problemas, que sólo querían salirse de su casa. Entonces, también hay que hacerla de padres o de psicoterapeutas".
 
Sobre las características que debe tener un voluntario, indica que se requiere tener condición física y muchos deseos de contribuir a la conservación de las tortugas marinas: "No nos cerramos: tenemos entre nosotros a estudiantes de biología, pero también comunicólogos, diseñadores e incluso un jubilado. Lo que importa es la disposición".
 
Los voluntarios no reciben remuneración alguna, pero sí comida y hospedaje.
 
Laura, una de las 40 voluntarias que laboró esta temporada, dice a este diario que lo que le costó más trabajo fue adaptarse a convivir tan estrechamente junto con sus compañeros y a los piquetes de los moscos: "Claro, también los patrullajes nocturnos son duros, y a veces nos tenemos que acostar a las seis de la mañana, pero si te toca cocinar a las 9 hay que estar preparando el desayuno de los compañeros (en el caso de Xcacel, 25 personas). Es una labor que se lleva las 24 horas; es demandante, de mucha entrega".
 
-¿Es complicada la estrecha convivencia con tantas personas?
 
-Sólo al principio, pero una vez que te adaptas la socialización es increíble; sin embargo, los baños son complicados pues no falta quien tape el WC o quien lo deje sucio. La comida también es complicada porque a veces quien cocina no calcula bien las raciones y se arman los gritos, pero vale la pena el esfuerzo. La primera vez que limpié un nido lloré de emoción pues, aunque no estás salvando el mundo, sí estás poniendo tu grano de arena para salvar una especie que ya estaba en este mundo mucho antes de que llegáramos nosotros.