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Todos hablan del bitcoin, pero ¿qué los respalda?

06 febrero 2014 7:5 Última actualización 08 diciembre 2013 5:0

[El bitcoin es la moneda virtual de moda que acapara espacios en diarios de todo el mundo. / Bloomberg]


© 2013 New York Times News Service
 
¿Cómo puede el bitcoin ser algo más que una moda pasajera? Pareciera que no se puede abrir un periódico o leer un sitio web hoy día sin enterarse de esta moneda virtual.
 
Todos hablan de ella. El multimillonario empresario Richard Branson ya la acepta como forma de pago en Virgin Galactic, que ofrece vuelos especiales comerciales. Baidu, el sitio web chino, la respaldó, y legisladores en Washington realizan audiencias sobre el tema.
 
Hasta Ben S. Bernanke, el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, les dijo a los senadores en una carta que muchas monedas virtuales son promesas a largo plazo, en particular, si las innovaciones promueven un sistema de pagos más rápido, más seguro y más eficiente.
 
Hace un año, un bitcoin valía un par de dólares. Hoy, se vende en 800 dólares, dependiendo del día. Y el valor puede oscilar 100 dólares al día, si no es que más.
 
Si todo da la idea de una moda, ello se debe a que así es. Peter Leeds de la gaceta Penny Stock me lo explicó así: “En cuestión de meses, ya no sabrás de esto. Seguirá la ruta de Paris Hilton: la gente avanzará a la siguiente cosa”.
 
Eso no quiere decir que no haya fervientes creyentes. El éxito temprano del bitcoin fue resultado, en parte, de un tipo de inversionista enojado y libertario que buscaba una alternativa al dólar, algo equiparable a la versión digital del oro.
 
Los bitcoin, en el corto plazo e incluso en el largo, podrían resultar una buena inversión de la misma forma en la que se puede considerar valioso a todo lo raro, como las tarjetas de beisbol o un Picasso. Eso se debe a que sólo hay unos cuantos.
 
Sin embargo, el bitcoin aspira a ser mucho más que algo coleccionable; aspira a ser la moneda electrónica universal. A ese respecto, no es probable que lo logre.
 
¿Por qué?
 
Empecemos por su valor o más precisamente con la volatilidad de su valor. ¿Qué comerciante en sus cabales va a aceptar una moneda que parece cambiar de valor en oscilaciones erráticas cada tercer día?
 
Y también está el problema de qué tan limitado es realmente el suministro. Computadoras que corren un algoritmo “extraen” digitalmente los bitcoins. (Si acaba de poner los ojos en blanco, no es el único.) El algoritmo limita a 21 millones de unidades la cantidad total de bitcoins que se puedan extraer.
 
Sin embargo, no hay ningún Bernanke (ni Janet Yellen) de las bitcoins. Nadie sabe quién las creó ni nadie las controla. Se supone que eso es un beneficio, pero también es la razón por la que, con frecuencia, se la asocia con ventas ilícitas. Se puede transferir en forma anónima y sin que los bancos cobren tarifas por la transferencia. Sin embargo, si, y se trata de un gran si, su transacción de par a par no funciona adecuadamente, no hay ninguna cámara de compensación donde quejarse.
 
Queda abierta la interrogante de si el gobierno estadounidense buscará finalmente regular el bitcóin. Parece difícil creer que las autoridades permitan el crecimiento de un mercado tan poco regulado en el que mamás y papás, viudas y huérfanos, y otras personas puedan estar sujetas a todo tipo de fraudes.
 
Finalmente, está la cuestión de lo que pasa si también surgen otras monedas digitales alternas. Son más de una docena las que tratan de competir con bitcoin. ¿Se pueden imaginar a un mundo en el cual todos hagan transacciones diarias con diferentes reglas en docenas de distintas monedas? Yo tampoco.
 
“Toda gran idea empieza sonando a locura. Pero no toda idea que suena loca termina siendo grande”, escribió Matthew O’Brien en The Atlantic en un brillante apunte sobre el bitcoin.
 
Realmente, lo mejor que puede esperar la bitcoin es ser una versión de segunda del oro, si acaso. Y Warren Buffet describió alguna vez al oro así: “Al oro lo sacan de la tierra en África, o cualquier lugar. Luego lo funden, cavan otro agujero, lo vuelven a enterrar y le pagan a la gente para que lo cuide. No tiene utilidad. Nadie que observara desde Marte entendería qué pasa”.
 
Eso se parece mucho a cómo podría pensar un marciano sobre el bitcoin.