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Si mueres, ella podría embalsamarte

10 febrero 2014 4:22 Última actualización 31 octubre 2013 6:0

[A sus 20 años, Katya es la cabeza del equipo en una funeraria del DF. / Braulio Tenorio / El Financiero] 


 
Miriam de Regil
 
 

A sus 20 años, Katya Castillo es ya la cabeza del equipo de embalsamadores de las casas funerarias J. García López en el Distrito Federal.
 
 
Su padre, también embalsamador, le abrió las puertas de ese oficio. Y aunque asegura que no está en sus planes dejarlo, la menuda y sonriente joven confía a El Financiero que en un corto plazo quiere estudiar una carrera, ya sea de danza o de administración.
 
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En entrevista, Katy, como todos la llaman en su trabajo, señala que en ese negocio familiar participan también sus tíos, primos y ahora su hermano.
 
 
Recuerda que de pequeña eran comunes y frecuentes las visitas a “la oficina de trabajo de papá”; es decir a la sala de embalsamar, y por ello poco a poco se fue involucrando hasta que un día durante sus vacaciones comenzó a colaborar en la empresa familiar.
 
 
“Yo apoyaba a mi papá con las cuestiones administrativas y en una ocasión que él estaba solo y se le junto el trabajo (tres cadáveres) llegó conmigo y me dijo: 'Sabes hija, aquí todos metemos las manos al pastel, así que ponte los guantes, toma el cubrebocas y el mandil porque me vas asistir' ".
 
 
De esta manera Katy se inició en el oficio a los 14 años de edad con labores “sencillas” como vestir, afeitar y hacer los arreglos estéticos a los occisos.
 
 
Durante la conversación con este diario, recalca que embalsamar no es nada sencillo y no cualquiera lo hace bien, ya que es como una cirugía.
 

“Por eso, además de aprender empíricamente decidí estudiar y tomar algunos diplomados para profesionalizar el trabajo, el cual desde luego con los consejos de la familia he ido enriqueciendo”.
 
 
La carrera para esta profesión dura dos años (técnico histopatólogo y embalsamador) y solamente la imparte la Universidad Veracruzana. “Ninguna institución la tiene como tal, sólo existen diplomados que instituciones como el Politécnico o la UNAM brindan actualmente”.
 
 
Ser embalsamador no es un trabajo fácil ni agradablepara la vista o para el olfato, advierte la joven, quien subraya que “emocionalmente” tampoco es sencillo, “pues yo por ejemplo llego a ver chavos y chavas de mi edad, bebés, niños e incluso muchos cuerpos que algunas veces están en muy malas condiciones. Pero soy profesional y hoy en verdad que disfruto mucho lo que hago y siempre que estoy con un cuerpo lo trato como si fuera de mi familia”.
 
 
Al respecto, asegura que jamás olvida lo que su papá le dijo una vez : “Aquí todos los cadáveres se tratan con respeto, ya que esto no es un circo y no hay que búrlanos ni a estar de morbosos, siempre hay que ser muy profesional”.
 
 
 

Estética postportem
 

 
Aunque el embalsamamiento es un proceso químico que consiste introducir al cuerpo una serie de sustancias (principalmente formol) que ayudan a la conservación, el proceso de arreglar un cadáver para Katy es muy importante, “porque las personas ponen en tus manos a su ser querido”, por lo que el reto es dejarlo en perfectas condiciones, pues los familiares lo que van a ver es cómo luce el difunto, y no que tipo de extracción o inyecciones se le aplicaron.
 
 
Pese a ser un trabajo demandante, Katy asegura llevar una vida como cualquier muchacha de su edad.
 
 
“Me gusta bailar, ir al cine, salir con mi novio. Trato de vivir el día a día al máximo, pues, como he aprendido en este oficio, hoy estamos aquí y mañana no sabemos.
 
 
“No soy de sangre fría como muchos creen, y si bien la muerte no me da miedo, tampoco me siento preparada para ella”, acota la joven, quien puede permanecer sola en una habitación con más de un cadáver, pero no soporta tener cerca a una pequeña araña... “Es algo que no puedo controlar, en verdad me dan miedo”.
 
 
Las anécdotas relacionadas con su profesión, comentó, son muchas y variadas, pero una que no olvida es como una ocasión cuando fue arreglarse las uñas a un salón de belleza, “la chica que me atendió y que preguntó a que me dedicaba me aventó las manos cuando le dije lo que hacía; eso me molestó mucho, pero cuando le expliqué y me logró entender todo cambió”.
 
 
Agrega que el proceso de embalsamamiento requiere de un lapso de entre una hora y hora y media, dependiendo de las características del cuerpo: complexión o tipo de fallecimiento: muerte natural o de tipo médico legal.
 
 
“Entiendo que es un oficio que puede causar morbo o muchos cuestionamientos, pero es un trabajo y alguien lo tiene que hacer”, concluyó.
 
 
Sólo en J. García López se embalsaman cada mes hasta 300 cuerpos, es decir, alrededor de 3 mil 500 al año. El costo de este trabajo es 2 mil 800 pesos cuando se trata de muerte natural.