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¿Sabían que el DF tiene un canal de TV? Está en abandono

12 febrero 2014 4:51 Última actualización 20 marzo 2013 14:55

[Bloomberg] Durante 5 años transmitió por web; con la salida de Ebrard se puso en riesgo su operación. 


 
Carmen García Bermejo
 
Justo hace un año el Canal 21 de la Ciudad de México comenzó su transmisión por una señal de televisión abierta. A pesar de su exiguo presupuesto, la emisora cumplió su objetivo. Pero el cambio de gobierno borró, de un golpe, toda la labor técnica y periodística realizada. Hoy sólo se retransmiten programas y su inacción pone en riesgo su permiso para operar.
 
La sustitución
 
En noviembre del año pasado la administración saliente del gobierno de Marcelo Ebrard pidió su renuncia a los directores-fundadores del Sistema de Radio y Televisión Digital Canal 21. Empero, el equipo de reporteros, editores, redactores, técnicos y productores continuaron con su trabajo y grabaron programas para todo diciembre y la primera semana de enero de 2013. Ellos estaban enterados de que Cervera Gómez, hasta entonces su director, ya no laboraba ahí y pronto sabrían el nombre de su sustituto. Sin embargo, eso nunca ocurrió. En las instalaciones no había presencia física de esa persona.
 
Aunque, una semana antes de abandonar su puesto, Ebrard designó a Marcela Gómez Zalce -entonces su directora de la Oficina de la Jefatura de Gobierno- para hacerse cargo de dicho sistema electrónico a partir del 30 de noviembre. Ella es egresada de la Universidad Iberoamericana, pero su experiencia laboral señala que fue directora corporativa de Relaciones Institucionales de Ocesa-Televisa y de 2002 a 2010 escribió la columna "A puerta cerrada" en Milenio, ya que luego de ese último año fue el brazo derecho de Ebrard.
 
Pese a esa decisión, nadie la presentó con el personal del Canal 21, ni ella hizo público su nombramiento. Después, en la primera semana de diciembre, el nuevo jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, la ratificó como directora de Canal 21.
 
Con Cervera Gómez se acordó cambiar la sede de la emisora, entonces ubicada en el Centro Cultural Futurama. Pero a Marcela Gómez Zalce le correspondió esa labor: se instalaron en el último piso de un edificio del gobierno capitalino en la calle de Izazaga. Al no contar con presupuesto, el 10 de enero de 2013 apremió a los trabajadores a realizar buena parte de la mudanza. Ya instalada en sus oficinas, despidió a técnicos, redactores, editores y administrativos. Al equipo de reporteros no lo corrió, pero nunca lo llamó. Pagó las producciones que había hecho hasta diciembre, aunque se le debe la primera semana de enero.
 
Sin tener nueva programación, la directora del Canal 21 se deshizo de la mayoría del personal al tiempo que ordenaba suspender los noticieros matutino y vespertino, que le otorgaban, de algún modo, identidad a esa televisora. Desde la segunda semana de enero sólo se retransmiten los programas que, durante 2012, el equipo fundador realizó, con el riesgo de que la Cofetel emita una suspensión del permiso debido al incumplimiento de las normas establecidas para la operación de un canal televisivo.
 
EL FINANCIERO solicitó una entrevista con Marcela Gómez Zalce para conocer los objetivos que tiene su Canal 21, a 3 meses de iniciada su gestión. Pero la respuesta de su oficina fue definitiva. "No está dando entrevistas ahora".
 
Instalación e indiferencia
 
El trayecto no ha sido fácil. En 2007 el gobierno capitalino hizo la petición formal a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes y entregó el expediente técnico para operar el Sistema de Radio y Televisión Digital del Gobierno del Distrito Federal, objetivo que se alcanzó al año siguiente. Después, en 2010, la Cofetel entregó el permiso para que el gobierno local reuniera la documentación necesaria para operar un canal en televisión abierta. Fue el 8 de febrero de 2012 cuando la Cofetel aprobó la operación del Canal 21 de la Ciudad de México en señal abierta, acción con la cual se iniciarían sus transmisiones a partir de marzo, aunque durante 5 años estuvo transmitiendo por Internet.
 
El periodista Roberto Rodríguez Baños, quien fungió como jefe de información del Canal 21, explica que esta televisora nació prácticamente de la nada, aprovechando que en México no existe prohibición para crear una estación de radio o un canal televisivo por Internet.
 
El cineasta Héctor Cervera Gómez -apunta Rodríguez Baños- se lo propuso a Macelo Ebrard, quien aceptó. Nuestro canal en la web nació con una transmisión en vivo del Primer Informe de Gobierno. Lo que siguió fueron unas jornadas de trabajo frenéticas. Cervera Gómez prestó su casa y equipo de cámaras para hacer funcionar el proyecto. Aunque tuvo que pasar varios meses en la sombra, porque Ebrard nombró a Óscar Argüelles Dorantes, entonces director de Comunicación Social de su gobierno, como titular del canal. Hasta que a ese personaje lo mandaron a otro cargo fue cuando el verdadero autor de todo el concepto de programación y quien hace caminar esta emisora es designado director del sistema electrónico.
 
En su tercer año de Internet, el gobierno capitalino le asigna como sede una parte del Centro Cultural Futurama, prestado por la delegación Gustavo A. Madero. Todo parece miel sobre hojuelas. Al fin podían montar estudios de grabación, sets, cabinas de edición, oficina y un área para la radio.
 
-Pero, desde ese momento, al jefe de gobierno se le olvida su canal televisivo -precisa Rodríguez Baños.
 
Y, entonces, el presupuesto para su funcionamiento se vuelve raquítico, con sus respectivos recortes de personal. Pero es también cuando nace la serie Periodistas como la primera producción del canal, junto con los noticieros matutino y vespertino.
 
-Para colmo -añade Rodríguez Baños-, el delegado de la Gustavo A. Madero dijo que ya no nos quería allí. Y todo se desmanteló. No hubo arreglo entre la delegación y el gobierno central. Fue un incesante ejercicio de hostilidades en contra del canal, tanto de la burocracia gubernamental como de la delegacional. El equipo de trabajo no se dedicaba a realizar boletines para engrandecer la figura del jefe del gobierno, pues somos periodistas con una larga trayectoria profesional que asumimos el compromiso de darle a la sociedad un canal de servicio público.
 
Rodríguez Baños lamenta que ese objetivo no fuera comprendido y que, a la fecha, sea un medio de comunicación ninguneado. El personal y equipo de la emisora estaban por mudarse cuando se hizo el cambio de gobierno a finales del año pasado. Ahí se quedó todo. A la nueva administración le correspondió, como ya se apuntó, la mudanza a Izazaga, donde se volvió a hacer toda la instalación.
 
Nunca en los estudios
 
En efecto, el presupuesto asignado por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal al Sistema de Radio y Televisión Digital se comprimió con los años.Para 2009 se le otorgó 65 millones 119,211 pesosEn 2010, 72 millones 770,231 pesosEn 2011, 71 millones 886,164 pesosPero en 2012 el monto disminuyó drásticamente a 45 millones 743,589 pesosPara este año, ejercerá un total de 58 millones 388,000 pesos
 
Sólo como sencilla comparación, su vecino mexiquense Canal 34 ejercerá en 2013 un presupuesto de 202 millones 865,521 pesos.
 
Aunque en 2011 la Asamble Legislativa aprobó un total de 71.8 millones, la Secretaria de Finanzas, por medidas de "austeridad y optimización del gasto", hizo un recorte de 14 millones para quedar en 57.8 millones. Lo grave fue que el año pasado, cuando el Canal 21 logró que la Cofetel le otorgara el permiso para operar en televisión abierta, el presupuesto se redujo a 45 millones, de los cuales sólo 9 millones fueron para producción.
 
Ante esta situación, el entonces director de la emisora buscó diferentes apoyos a través de convenios de colaboración en materia de producción a cambio de apoyo presupuestal, de los cuales se formalizó uno con el Metro por un monto de hasta diez millones. Pero sólo recibieron cuatro y, de esos, 2.4 se aplicaron a la producción para cubrir una parte del adeudo de los programas Café DF, Mundo de Mascotas y A Favor y en Contra; el resto (1.6) se fue a honorarios para cubrir el pago de 25 empleados por el periodo de septiembre a diciem- bre de 2012.
 
Otro de los convenios fue con el Consejo Ciudadano de Seguridad Publica y Procuración de Justicia para la producción de una serie, a cambio de dar en comodato equipo para el estudio por un monto aproximado de 800,000 pesos. Con el Instituto de Apoyo a Adultos Mayores se realizó una serie del programa Gente Brillante y también se gestionó, ante la Secretaria de Finanzas, una transferencia por 10 millones de pesos.
 
Hay documentos donde se le explica al líder de la Asamblea Legislativa, diputado Manuel Granados, la importancia de revisar los presupuestos otorga- dos al Canal 21. Sobre todo ahora que maneja los dos sistemas: Internet y televisión abierta. Sin embargo, nunca hubo repuesta del legislador y el resultado es, nuevamente, la depresión de los recursos.
 
Otro aspecto donde se percibe el abandono del Canal 21 es que el gobierno capitalino nunca inauguró formalmente este medio, pese al largo proceso que sus fundadores vivieron para conseguir la señal abierta. Incluso cuando Marcelo Ebrard inauguró el Centro Cultural Futurama, el equipo de la emisora ya estaba en el set para hacerle una entrevista. Durante el recorrido por el recinto se le invitó a que pasara a la televisora, pero se limitó a saludar a los interesados alegando premura en su agenda. Nunca pisó el set.
 
Apoyo a la tele comercial
 
Pero, paradojas funcionales, ningún otro gobierno del Distrito Federal ha gastado tanto dinero en la televisión comercial como el de Marcelo Ebrard, recursos que no llegaban en la misma proporción a las revistas, periódicos, ni, mucho menos, ¡para gestionar mejores presupuestos para su propio Canal 21! Un ejemplo: de 2005 a 2010 el gobierno capitalino gastó 1,833 millones 600,000 pesos en publicidad oficial, de acuerdo con el estudio "Acceso al gasto en publicidad en las entidades federativas. Diagnóstico 2011", realizado por Fundar-Centro de Análisis e Investigación AC y la organización Article 19.
 
Dentro de ese análisis se establece que sólo en el periodo de septiembre-diciembre de 2010, el gobierno capitalino pagó a Televisa 105 millones 863,413 pesos por concepto de "publicidad oficial", mientras que a TV-Azteca le correspondió un total de 34 millones 888,324 pesos. La suma de ambos recursos es más de la mitad del monto total (246 millones 560,933 pesos) que en ese trimestre pagó el gobierno de Ebrard a la prensa escrita, a la radio y a otras pequeñas televisoras por "comunicación social y publicidad". Y eso fue sólo en un breve periodo de 2010, pero las proporciones en la repartición del dinero fueron similares durante todo su sexenio.
 
Donde se perciben con mayor claridad los altibajos de la emisora es en el área de producción de programas. Con más de 50 años de trayectoria profesional, José Luis Calderón fungió como director de producción de este sistema hasta el 30 de noviembre pasado. Su responsabilidad era presentar nuevas propuestas y revisar que toda la producción se hiciera en tiempo y forma:
 
-Teníamos tan bajo presupuesto -explica en entrevista- que la producción no era suficiente. Hubo una ocasión en que a uno de mis productores le tuve que ordenar hacer 11 programas a la semana con modesto montaje. Así que él dirigía cámaras, producía, daba llamados, coordinaba, editaba y entregaba el programa, sin asistentes ni directores de cámara. Tenía cinco productores y realizaban de siete a 11 progra- mas a la semana. Todos con sueldos que no rebasaban los nueve mil pesos mensuales. Lográbamos sacar el trabajo en un solo estudio, sin unidades móviles. Fue un esfuerzo que se hizo con poca gente y escasos recursos. La mayoría de los trabajadores se entregó al funcionamiento del canal, al grado de que nunca nos vimos en la necesidad de cancelar programas.
 
Calderón nos remonta al principio, cuando la emisora transmitía en Internet. Por eso no había presupuesto autorizado para tener más personal, por lo cual trabajaban con plazas vacantes del gobierno. En total eran seis productores para 14 programas semanales, más las series especiales como el seguimiento de las actividades del jefe de gobierno o los informes con los que alimentaban al Canal 28 de Excélsior o a los que les solicitaban la información. Además, se hacían 10 noticieros a la semana contando sólo con tres cámaras para cubrir estos informativos de una hora.
 
-Ya en 2012 -precisa Calderón- estuvimos manejando las señales en Internet y en televisión abierta. Los noticiarios en vivo se emitían en una transmisión espejo porque entraba el informativo en ambas señales. Pero el resto de la programación era distinta. En tele abierta pasábamos Prepa Sí, los noticieros del canal Deutsche Welle de Alemania, programas diarios del Instituto Nacional de Bellas Artes los sábados y domingos; una serie de televisión de Guerrero... Era un canal con una programación variada.
 
Calderón también narra cómo las con- diciones de precariedad eran tan grandes que hasta los productores llevaban su propio equipo para complementar lo existente. Él mismo prestó sus cámaras de televisión, monitores, kits de iluminación, 15 micrófonos y utilería como lámparas, sillas, cuadros... para armar los sets: "En los departamentos de escenografía, utilería y carpintería y pintura teníamos a una sola persona. ¿Qué hacíamos? Milagros. Y así sacábamos la producción para este canal de televisión pública. Al principio, cuando Héctor Cervera le propuso esto a Ebrard, él lo tomó con la importancia debida, incluso dio el banderazo de salida para la emisión en la web. Después todo se enfrió.
 
Ahora la nueva administración de Marcela Gómez Zalce no ha producido nada. Y han trascurrido 3 meses sin que el abandonado Canal 21 dé señales ya no de transmisión, sino siquiera de vida.