Robots que se parecen más a nosotros
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Robots que se parecen más a nosotros

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Robots que se parecen más a nosotros

09/11/2013
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 © 2013 New York Times News Service

 
Una mañana reciente, Natanel Dukan entró en las oficinas de Aldebaran, el fabricante francés de robots, en París y notó que uno de los humanoides NAO estaba sentado en una silla. Dukan, un ingeniero electricista, no pudo resistirse. Inclinándose, besó al robot en la mejilla. En respuesta, el robot inclinó la cabeza, le tocó la mejilla y dejó salir un beso audible.

Por supuesto que es una aplicación muy francesa para un robot, pero el gesto íntimo del robot de 61 centímetros y 16 mil dólares, que hoy se utiliza en los laboratorios de investigación académica y ligas de futbol robótico también refleja un cambio significativo.

Hasta hace poco, la mayoría de los robots se separaban cuidadosamente de los humanos. Se han utilizado en gran parte en fábricas para el desempeño de tareas repetitivas que requieren velocidad, precisión y fuerza. Esa generación de robots es peligrosa, y se los ha enjaulado y cubierto para proteger a los obreros.
Sin embargo, ya terminó la era industrial de la robótica. Y los robots empiezan a moverse en el mundo.

Cada vez más, también empiezan a imitar, y parecerse, a los humanos. Y también están comenzando a desempeñar tareas como los humanos. Muchos en la nueva generación se teleoperan a distancia, pero son cada vez más las tareas que ejecutan independientemente del control humano directo.

Por ejemplo, Romeo, un robot humanoide de 1.5 metros, al que Aldebaran presentará pronto como un “hermano mayor” del mocoso NAO, el robot que besa. Creado con la asistencia de 13.8 millones de dólares del gobierno francés, se está programando al costoso robot para atender a personas mayores y asistir en el hogar.

Para que sea útil, tendrá que hacer más que el trabajo repetitivo que ejecutan los robots comerciales en fábricas, hospitales y otros entornos. Más aún, los nuevos están diseñados no sólo para remplazar los humanos, sino para colaborar con ellos.

La idea de que los robots serán socios de los humanos, en lugar de sustitutos o sirvientes, impulsa ahora a la investigación en universidades y laboratorios industriales.
 
Este año, se publicaron las normas industriales estadounidenses para los sistemas de fabricación robótica, en las que se resalta el surgimiento del campo. Las normas especifican los requerimientos de desempeño que permitirán que trabajadores colaboren con robots directamente, y revocan los lineamientos de 1999, por los cuales se prohibían “las operaciones asistidas continuas” en las que se requería que los humanos tuvieran contacto estrecho con robots a los que la industria consideraba poco seguros.

Los diseñadores de los robots actuales creen que sus creaciones se convertirán en terapistas, cuidadores, guías y guardias de seguridad, y, al final, realizarán prácticamente cualquier tipo de labor humana. (Todavía falta que lleguen los robots que puedan pensar por sí mismos; es decir, desempeñarse con altos niveles de inteligencia artificial.)

La clave para este avance es la nueva forma del robot. Su aspecto humanoide hace más que satisfacer fantasías de ciencia ficción. Los robotistas dicen que eligen la forma humana tanto por razones sociales como técnicas. Los robots que funcionan en interiores, en particular, deben poder circular en un mundo lleno de manijas, interruptores, palancas y puertas que se diseñaron para humanos.

Los robotistas también señalan que los humanos tienen afinidad por su propia forma, lo que facilita las transiciones y hace que la colaboración sea más natural. Crear robots con forma humanoide también simplifica la capacitación y las asociaciones en el centro de trabajo, e incrementa su potencial para aplicaciones nuevas, como brindar cuidados.

Todavía no está claro qué tan bien aceptará la sociedad a estas nuevas imitaciones de personas, ya que plantean interrogantes fundamentales sobre lo que significa ser humano. No obstante, las mejoras rápidas en la visión informática, la potencia para el procesamiento y el almacenamiento, y los sensores de bajo costo, así como algoritmos nuevos que permiten que los robots planeen y se muevan en entornos abarrotados, hacen que sean posibles todos estos usos nuevos y, en el proceso, se cambie la naturaleza de la robótica.

“Es la oleada que está dándose en la robótica en este momento”, notó Charlie Kemp, un catedrático adjunto de ingeniería biomédica en el Instituto de Tecnología de Georgia, en Atlanta. “Las cosas no son las mismas cuando interactúas con personas. Ahí es donde queremos que estén los robots; es donde vemos enormes oportunidades para los robots, y hay requerimientos muy distintos a los que impulsaron el clásico robot industrial”.

Compañías como Rethink Robotics de Boston, que hace un robot humanoide para simples tareas de automatización en las fábricas, y Universal Robots de Odense, Dinamarca, que hace un sistema dual de brazos robóticos, diseñado para desempeñar aplicaciones fabriles más tradicionales, pero sin vallas, están manufacturando una nueva clase de robots para plantas de todo el mundo.

Rethink Robotics dio a conocer hace poco un video de su robot Baxter preparando una taza de café en una cafetera Keurig. La compañía dijo que al robot humanoide, con manos en forma de pinzas y rostro de pantalla de computadora, se lo entrenó para desempeñar diversas tareas programadas para preparar café en sólo varias horas.
 
En el laboratorio de robótica para la atención de la salud de Kemp, en el Tecnológico de Georgia, un robot de 1.5 metros, llamado Cody, que puede detectar fuerzas en los brazos y tiene una base que le permite moverse con gracia, se utiliza como pareja de baile tanto de bailarines experimentados como de pacientes durante la terapia física.

“Es una forma en la que se puede usar a los robots para divertirse, o hacer ejercicio en forma interactiva en la rehabilitación”, notó Kemp. “También podemos usarlo como una herramienta para comprender toda una interacción corporal física entre las personas y los robots”.