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Riesgo político, preocupación en mercados emergentes

06 febrero 2014 7:19 Última actualización 20 diciembre 2013 5:2

  [La expectativa de que la Fed siga reduciendo el tamaño de su programa de flexibilización cuantitativa el 2014, es un factor dominante para los mercados emergentes / Reuters]


 

 
 
 Por Robin Wigglesworth
 
 

Estrechamiento o gas lacrimógeno: ¿Cuál es el mayor riesgo para los mercados emergentes el año próximo?
 

Ahora que la Reserva Federal (Fed) se ha embarcado en sus planes de disminución del estímulo monetario, parte de la incertidumbre que acompañaba el riesgo de la política monetaria de Estados Unidos se ha desvanecido, y algunos analistas creen que el riesgo político se volverá cada vez más una característica definitoria del 2014.
 
El desorden político siempre ha sido un peligro en el mundo en desarrollo. Solamente este año los inversionistas han sido golpeados por protestas extensas o disturbios populares en Brasil, Turquía, Ucrania y Tailandia.
 

Pero algunos analistas y gestores de activos dicen que el riesgo político va a ser un problema mayor en los años próximos, cuando la aparición de una clase media más exigente en muchos países en desarrollo choque con realidades económicas más austeras y líderes políticos atrincherados.
 
“El lento crecimiento, líderes debilitados, las exigencias de nuevas clases medias y la ubicuidad de los medios sociales han convergido, culminando en un fenómeno que llamamos el riesgo Vox Populi: una opinión pública cambiante, volátil y rápidamente movilizada”, argumenta Tina Fordham, analista de política de Citigroup.
 
Ésta es una perspectiva que está ganando adeptos entre gestores de activos, algunos de los cuales están importando científicos políticos, funcionarios jubilados y hasta antiguos espías para que les ayuden a navegar estos escollos políticos incuantificables que no se adhieren a ningún modelo.
 

El riesgo político es enorme,” dice Daniel James, director de mercados globales en Aviva Investors.
 
“Muchos gestores de activos han aprendido más sobre la política en los últimos tres o cuatro años de lo que hubieran querido... Pero la incertidumbre política sólo va a crecer”, dijo.
 
La expectativa de que la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) seguirá reduciendo el tamaño de su programa de flexibilización cuantitativa el año próximo sigue siendo el factor dominante para los mercados emergentes. Pero el estrechamiento y el riesgo político están interrelacionados, y podrían estarlo aún más el año próximo.
 

Un puñado de los países más afectados por la “rabieta del estrechamiento” del verano celebrará elecciones el año próximo. Sudáfrica, India, Turquía, Indonesia y Brasil – llamados colectivamente “los cinco frágiles” – irán a las urnas en un ambiente económico mucho más austero que en sus últimas elecciones.
 
“Las protestas frecuentemente generan protestas, y se vuelven mucho más comunes en el periodo previo a elecciones, que en muchos de estos países ocurrirán durante el año próximo,” apunta Fordham.
 

Más inestabilidad podría incitar a los políticos hacia posiciones más populistas, temen algunos. “En algunos países las autoridades van a errar en el lado fiscal para prevenir la inquietud social, en otros podrían subir los sueldos, y ambos alimentarían la inflación,” dice Sergio Trigo Paz, director de deuda de mercados emergentes en BlackRock.
 
 
Las elecciones que se avecinan también podrían hacer que los bancos centrales se muestren reacios a subir las tasas de interés para combatir la depreciación de la moneda que pudiera resultar del estrechamiento de la Fed. Aunque muchos de los bancos centrales en mercados emergentes ahora son técnicamente independientes, los gestores de fondos dicen que la mayoría son en realidad vulnerables a la influencia política.
 
 
Pero por lo menos las elecciones son riesgos anunciados e identificables. La mayor preocupación podría ser algo totalmente espontáneo, como caóticas erupciones de desorden público o hasta el fervor revolucionario. Estos son, por definición, difíciles de pronosticar y es aún más difícil predecir cómo van a terminar.
 
 
Las protestas en Brasil y Turquía se extinguieron solas este año, pero en 2010, manifestaciones modestas en una pequeña aldea de Túnez se propagaron por el Medio Oriente y derrocaron atrincherados dictadores en Túnez, Libia y Egipto, y hasta sacudieron a las monarquías del Golfo empapadas en petróleo.
 
 
Analistas políticos y cautelosos gestores de activos dicen que hay varias señales que se deben vigilar: alta inflación; un sentido de insatisfacción entre la clase media; un gran número de jóvenes desempleados; medios sociales omnipresentes; y el liderazgo político atrincherado, haya sido elegido o no.
 
 
Aun así, los elementos desencadenantes pudieran ser muy idiosincráticos, dice Jonathan Woods, director de práctica de análisis estratégicos en Control Risks, una consultoría: “El desorden puede ser desencadenado por razones muy pequeñas y particulares. Estos pequeños incidentes se amplían rápidamente cuando el ambiente es propicio.”
 

La calidad del servicio de orden público también es un factor. Pequeñas cuestiones locales explotan después de una reacción burda por parte de las autoridades – como fue evidente en Brasil, Turquía y Ucrania este año. Fordham dice: “la historia sugiere que las tácticas severas contra protestas cuya meta el público considera legítima pueden con frecuencia galvanizar y exacerbar los movimientos de protesta, poniendo en riesgo la estabilidad política.”
 

No obstante, el levantamiento político puede ofrecer tentadoras oportunidades para administradores de dinero que tengan agallas para enfrentar la volatilidad. Las elecciones pudieran conducir a la incertidumbre, pero también pudieran ser un evento catalizador de reformas “positivas para el mercado”, apunta el economista de Barclays, Alia Moubayed.
 
 
Trigo Paz, de BlackRock, dice que él busca explícitamente países donde hay un potencial para la inquietud política, con la expectativa de que muchos inversionistas huirán rápidamente del mercado local, dejando atrás gangas que otros podrían aprovechar.
 
 
“Lo ideal es evitar esos países y entonces entrar una vez que han sido golpeados. Esa es nuestra estrategia,” dice él.
 
 
 
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