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Resultados negativos para el campo con el TLCAN

06 febrero 2014 3:47 Última actualización 03 enero 2014 5:2

  [A 20 años del acuerdo, persisten los problemas estructurales del agro, afirma el investigador José Luis Calva. / Braulio Tenorio/ El Financiero] 


 
Héctor A. Chávez Maya
 
 
A 20 años de la entrada en vigor del Tratado de libre Comercio de América del Norte (TLCAN), los resultados en el sector agropecuario son negativos, pues las expectativas que se tenían han quedado incumplidas y nunca se lograron aprovechar las ventajas comparativas para contar con un campo en bonanza, señalan investigadores.
 
 
Dos décadas han pasado y los problemas estructurales ancestrales del agro mexicano como el minifundio, atraso tecnológico, falta de infraestructura y dependencia alimentaria, entre otras cosas, continúan y en muchos casos se ha agudizado, aseveran.
 

Para José Luis Calva, del Instituto de Investigaciones Económicas (IIE) de la UNAM, se han quedado muy cortos los resultados que en aquel entonces prometió el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, en el sentido de que se terminarían la pobreza, la migración y el desempleo para comenzar una nueva etapa de producción de alimentos en el país.
 
 
Si bien las exportaciones agroalimentarias mexicanas a Estados Unidos se han incrementado al pasar de 4.2 mil millones de dólares en 1994 a más de 14 mil millones en 2012, también las importaciones aumentaron y la balanza comercial agroalimentaria sigue siendo deficitaria para el país, al fluctuar entre 2 mil 500 y 4 mil millones de dólares anuales, agregó.
 

La dependencia alimentaria aumentó de 10 por ciento en 1994 a 43 por ciento; el porcentaje de importaciones en relación al consumo nacional pasó de 17 a 33 por ciento en maíz, de 34 a 65 en trigo, de 60 a 85 en arroz y se importa 95 por ciento de soya y 55 por ciento de algodón, señaló.
 
 
De los 50 millones de toneladas de granos de consumo nacional, México adquiere de fuera en promedio 17 millones, además de las que se importan en forma de productos cárnicos.
 

En el sector pecuario también se incrementó la dependencia alimentaria; en el caso de productos porcinos se pasó de 3.1 a casi 40 por ciento, en las aves de 3.1 a 13.2, y en el bovino aumentó de 1.1 a 19 por ciento.
 
 
La carencia de una política integral, por ejemplo en materia de financiamiento, sólo le ha dado acceso a los circuitos de crédito formal a 5.4 por ciento de los productores rurales y un 11.6 por ciento adicional al informal, propiciando que 80 por ciento de los recursos de la banca de desarrollo se concentraran en menos de 5 por ciento de los beneficiarios, observó.
 
 
Además, 74 por ciento de los municipios en donde vive 22 por ciento de la población se mantuvo sin acceso a ningún intermediario financiero.
 
 
José Luis Calva advirtió que en el periodo de los 20 años del TLCAN se ha incumplido el compromiso de crear circuitos comerciales, se suprimieron los sistemas de precios de garantías, los servicios estatales de acopio, de comercialización y almacenaje de cosechas, y se terminó de desmontar el andamiaje institucional, lo que derivó en un sector abandonado.
 
 
“Lamentablemente sigue en el olvido el campo mexicano, no hay indicios de un cambio sustancial en la política hacia el sector agropecuario, sería lo deseable y una cosa muy halagüeña para el nuevo gobierno, pero desafortunadamente no se ven cambios sustanciales”, apuntó.
 
 
Para Manuel Villa Issa, ex subsecretario de Desarrollo Agropecuario y actualmente investigador del Colegio de Posgraduados, están dadas las condiciones para lograr por fin las reformas que pudieran incrementar la productividad y disminuir la dependencia alimentaria a finales del sexenio.
 
 

“Así como se hizo la reforma energética, educativa, hacendaria y laboral, ahora le toca al campo y de ahí vamos a ganar todos, porque van a ganar tanto productores como consumidores”, apuntó.