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Poesía a tragos: homenaje a José Alfredo

06 febrero 2014 7:4 Última actualización 22 noviembre 2013 5:33

 [Con su peculiar estilo, el guanajuatense traspasó fronteras. / Cortesía] 


 
Sandra Aguilar Loya
 
 

El 23 de noviembre de 1973 moría el hombre y nacía la leyenda, la de José Alfredo Jiménez, el cantautor guanajuatense que con su música y talento trascendió las fronteras. Son sus hijos, José Alfredo y Paloma Jiménez Gálvez, quienes cuidan el legado del compositor de temas como El Rey, Cielo rojo, Te solté la rienda, Caminos de Guanajuato, Qué bonito amor, Ella, La media vuelta, Cuando lloran los hombres y más, gracias al Festival José Alfredo Jiménez que se lleva a cabo hasta el 24 de noviembre en su natal Dolores Hidalgo.
 

“A pesar de que estamos a un día de conmemorar cuatro décadas de la muerte de mi padre, su cancionero sigue generando mucho entusiasmo. Uno de los discos más buscados en internet y en las redes es XXX, hecho para el 30 aniversario luctuoso, en donde hay tres canciones inéditas que musicalizaron Saúl Hernández, Reyli y Alex Lora; hay otro disco hecho por españoles llamado Brindando a José Alfredo, además de lo que hizo Luis Miguel con La media vuelta, o Enrique Bunbury con El Jinete, entre muchos otros”, dice Jiménez Gálvez.
 

Diversas instituciones se han sumado, como la Lotería Nacional, que sacó un billete conmemorativo, y la discográfica Sony Music, que junto con el heredero creó el libro 'Y sigo siendo el rey', escrito por Paloma Jiménez Gálvez, prologado por Elena Poniatowska y con textos Jesús Flores, cronista de Guanajuato; incluye contenido en tres CD´s y un DVD.
 

De acuerdo con Jaime Almeida, el cantautor construyó una cosmogonía, marcada por la presencia del alcohol, el desamor y la muerte, tanto en sentido real como figurado, que se muestra por ejemplo, en Caminos de Guanajuato.
 

“Sus letras tienen palabras sinceras, abiertas; es un personaje de la época de los machos, que le echa la culpa de todos sus males a la mujer, a quien a veces perdona, pero también de la que quiere vengarse. Constituye así, un hombre frágil, dañado por el desamor y que encuentra un refugio en el alcohol.
 

“A pesar de ello, su música con vestidos distintos, suena gloriosa, con mariachi se percibe de gala. Sus canciones sirven para cualquier estado de ánimo”.
 
 

Allá en Dolores Hidalgo
 

Son muchas las anécdotas que José Azanza Jiménez, director administrativo de la Casa Museo José Alfredo Jiménez en Dolores Hidalgo, Guanajuato, ha ido atesorando desde hace 5 años y 4 meses cuando asumió el cargo. Con nostalgia, pero a la vez alegría en sus palabras, comenta que le ha tocado ver a señoras mayores salir del recinto llorando luego de recorrerlo, pasando por un quinteto de jovencitas que entonaban Si nos dejan, hasta un niño de 5 años de edad llamado Manuel, que acompañado de su abuelita y su hermana Melissa de 4 años, insistía en ver al compositor en persona.
 

“Esas son cosas que, a pesar de los años, nos siguen sorprendiendo y causan admiración, nos damos cuenta hasta dónde penetró y sigue penetrando la obra musical de José Alfredo Jiménez”, dice Anzanza Jiménez, sobrino del compositor de Que te vaya bonito.
 
 
“José Alfredo era un hombre con gran calidad humana, serio e introvertido, pero mucha gente cree, por su obra musical, que era una persona muy alegre. Pero además era hipersensible, lo cual heredó de su padre, que tenía una gran inclinación por la música y la cultura en general, y por el lado Sandoval tenía una sorprendente facilidad para versificar, así que fue el vaso receptor de esas dos vigorosas corrientes anímicas, prueba de ello es que a los siete años de edad le cambiaba la letra a las canciones de Cri-Cri y a las rondas infantiles que escuchaba en su escuela”, abundó.
 

El 19 de enero de 2014 José Alfredo Jiménez cumpliría 87 años de edad, en Dolores Hidalgo ya no hay personas que hayan conocido o convivido con el compositor. Sin embargo, “sí hay mucha gente que le gusta inventar historias sobre mi tío, se dice que no salía de las cantinas, pero él sólo pisó en una ocasión El convoy y La Eufemia, ninguna de las dos existen ya, y eso lo puedo asegurar porque estuve con él, pero aquí hay más de 10 cantinas y en todas le platican a los visitantes cosas como en aquel rincón escribió Tu recuerdo y yo, o en otra que escribió Llegó borracho el borracho, son mitos, leyendas que en el fondo tienen un afán de lucro”, concluye el director del museo dedicado a la memoria del artista.