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Pelea estira el legado de Barragán de México a Basilea

06 febrero 2014 6:56 Última actualización 23 noviembre 2013 5:0

[Aspecto de la Casa Gilardi de Luis Barragán.]


© 2013 New York Times News Service
NUEVA YORK. Cuando Luis Barragán, considerado por muchos el arquitecto más grande de México, murió en 1988, dejó dispersas residencias privadas y obras públicas semejantes a joyas en la Ciudad de México y Guadalajara, su ciudad natal. Pero una parte importante de su legado –su archivo profesional y los derechos de autor de diseños e imágenes de gran parte de su obra– terminó a miles de kilómetros de distancia de su patria.

Después de pasar a la viuda del socio de negocios de Barragán, fueron vendidos en 1994 a una acaudalada pareja suiza, Rolf Fehlbaum, presidente de Vitra, la compañía mueblera internacional y museo del diseño, y la mujer que iba a convertirse en su esposa, Federica Zanco, una experta en arquitectura.

En los años transcurridos desde entonces, Zanco ha dedicado su vida a promover el legado de Barragán. Pero su determinación de mantener el archivo en la sede de Vitra cerca de Basilea ha exasperado a muchos en México, quienes se han quejado por años de que el país no haya logrado retener el archivo y quienes dicen que Zanco ha entorpecido el estudio de este arquitecto galardonado con el Premio Pritzker en donde su trabajo está inextricablemente arraigado, reservando gran parte de su legado para sí misma.

Estas tensiones culturales han bullido durante años. Y ahora son sacadas a la superficie por la artista de Brooklyn Jill Magid, quien, de manera muy similar a Zanco, tuvo poca conexión inicial con México o Barragán pero se llegó a sentir atraída por su colorida obra modernista y su vida altamente privada y se ha incorporado de manera personal en la pelea.

“Jill Magid: Mujer con sombrero”, una exhibición que se inauguró en noviembre en Art in General en Nueva York, es uno de los primeros disparos de salva en lo que planea sea una serie de provocativas obras artísticas sobre Barragán que oscilen de manera surrealista entre los hechos y la ficción, el pasado y el presente, y México y Suiza.

Magid, de 40 años, se ha hecho de un nombre en exposiciones en el Tate Modern y el Whitney con obras que, como escribió Roberta Smith en The New York Times, “parecen motivadas por el deseo de infiltrar y personalizar, si no sexualizar”, los sistemas de control en la sociedad contemporánea.

Para una pieza, se hizo amiga y acompañó como su sombra a un agente de la policía de la Ciudad de Nueva York durante más de cinco meses; para otra, hizo arreglos para que el enorme sistema de vigilancia con cámaras de la policía en Liverpool, Inglaterra, registrara sus movimientos. En 2005, la agencia de espionaje holandesa en La Haya pagó más de 100 mil dólares para comisionar una de sus obras artísticas pero terminó confiscando y eliminando partes de la misma por temor a que sus revelaciones personales sobre los agentes comprometieran su seguridad.

Se enteró del archivo de Barragán casi por coincidencia, mientras exhibía su obra en una galería de la Ciudad de México, Labor, que se encuentra frente a la Casa Luis Barragán, la residencia del arquitecto hasta su muerte y ahora un museo dirigido por una fundación mexicana creada usando parte de los activos de Barragán tras su muerte.

“Entre más escarbaba, el relato mismo era fascinante, pero giraba más en torno a todos los interrogantes que planteaba sobre la historia del artista, sobre la historia misma”, dijo en una entrevista en su estudio. De la dedicación decidida de Zanco a Barragán, para lo cual Zanco creó su propia organización sin fines de lucro, la Barragán Foundation, Magid dijo: “¿Cuál es la diferencia entre amar algo y amar tanto algo que se le sofoca?”.

Magid imaginó a Zanco y el archivo como amantes, en cierto sentido, y se proyecta a sí misma como la tercera en discordia en un triángulo de amantes, contratando a abogados para que le ayuden después de que Zanco rechazó sus solicitudes de visitar el archivo y para el uso de los materiales. En algún lugar en medio de este triángulo está la fundación en la Ciudad de México, la Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán, que a menudo se ha impacientado por el control que tiene Zanco sobre el legado de Barragán.

“De vez en cuando, afirman que no podemos publicar libros, fotografías o realizar películas en nuestra propia casa; o, es más, en cualquier otra obra de Barragán, sin el permiso 'adecuado’ de sus abogados, y, por supuesto, una tarifa”, señaló la organización en una declaración por escrito en respuesta a preguntas sobre su relación con la fundación suiza.

Las obras de Barragán y las imágenes de las mismas, añadió la declaración, “pertenecen a este país y a toda la gente en el mundo que busca la vitalidad y el consuelo de la belleza. Sería realmente extraño que los 'derechos’ de Frank Lloyd Wright o Louis Khan se mantuvieran y administraran desde otro país, rigiendo su trabajo y limitando el acceso al público estadounidense”.

En una larga entrevista telefónica desde las oficinas de su fundación en Suiza, Zanco dijo que aun cuando comprendía los sentimientos de aquellos a quienes les gustaría que el archivo permaneciera en México, ella se ve como su salvadora, tras evitar que fuera vendido por piezas.

“Veamos lo que habría sucedido si nosotros lo hubiéramos dejado”, dijo. “Estaría disperso. Sería mucho más difícil reunir estas cosas”.

En cuanto a los permisos de derechos de autor y el acceso a los materiales, Zanco dijo que su fundación tenía poco tiempo para manejar las solicitudes porque ha estado dedicada a tratar de completar un estudio y catálogo de dos volúmenes del archivo para el año próximo. El dinero que la fundación recibe por tarifas de derechos de autor es minúsculo, dijo.

“Lo que peleo es el crédito”, dijo. “Me gustaría difundir la noticia de que la fundación está aquí”.

De los descontentos en México, dijo: “Quizá yo hiera sensibilidades, sin darme cuenta”. Pero añadió: “Lo que no acepto es: 'aquí, somos pobres’, y 'ustedes son ricos y colonialistas’. Yo no soy así”.

Magid, quien ha ahondado profundamente en muchos de los documentos personales, cartas y libros de Barragán que permanecen en un archivo más pequeño en la Ciudad de México, ha hecho de los derechos de propiedad intelectual un tema central y destacado de su exposición en Art in General principalmente haciendo grandes esfuerzos por permanecer apenas fuera de los límites de la violación de derechos de autor.

No se reproducen imágenes de las obras de Barragán. En vez de ello, compró varias copias de un libro sobre Barragán publicado por Zanco en 2001 y los colgó en la pared como obras ya hechas, con marcos en torno a las imágenes para hacerlas parecer impresiones fotográficas. Como no pudo conseguir que la fundación suiza le prestara una silla Butaca, una de las raras creaciones de muebles de Barragán, Magid fotografió una miniatura de la silla alguna vez producida por Vitra y la amplió al tamaño real.

Zanco ha advertido a Magid por escrito que tenga cuidado con las “implicaciones de derechos de autor” en la forma en que se entrega a su propia fascinación por Barragán. Pero, en la entrevista, Zanco insistió en que no sentía animosidad hacia la artista: “Los interrogantes que plantea son convincentes”, dijo. “Eso me encanta”. Añadió que esperaba que las dos pudieran colaborar en el futuro.

Magid dijo que también lo esperaba. Pero en la nueva exhibición, Zanco a menudo surge como sólo otro de los implacables agentes de control que han sido tan prominentemente expuestos en la obra de Magid. Y la naturaleza de la colaboración que la artista busca quizá no sea algo para lo cual Zanco esté preparada.
Una obra en la galería presenta el texto de una carta personal íntima que Barragán alguna vez escribió a una mujer que conocía. Pero ha sido alterada por Magid para que la carta ahora parezca ser de dirigida por ella misma a Zanco.

Comienza: “Muy querida Federica: Te agradezco infinitamente cumplir las promesas que hiciste”, y continúa: “Ahora sufro por tu ausencia y, lo que es aún peor, me siento ausente de todo lo que me rodea”.

Concluye: “Escríbeme mucho y ámame. Sinceramente tuya”, y está firmada por Jill Magid.