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Ocho cambios en la sabiduría financiera tras la crisis

06 febrero 2014 7:6 Última actualización 27 diciembre 2013 5:2

  [Las finanzas ya no se consideran autoestabilizantes. Al contrario, a menudo parecen “autodestructivas”. / Reuters] 


 
 

 
  Por Gilliam Tett
 
 

Se cuenta que hace ocho décadas, el economista John Maynard Keynes comentó: “Cuando cambian los hechos, yo cambio mis ideas; ¿usted qué hace, señor?”. Los inversionistas deberían considerar esa pregunta, ya que, teniendo en cuenta los cinco años anteriores, está claro que se han trastocado algunos de los “hechos” de las finanzas globales.
 
 
No es de sorprenderse que esto haya provocado cambios visibles en los puntos de vista de la mayor parte de los inversionistas. Nadie asume que los bonos hipotecarios de alto riesgo sean seguros, por ejemplo, ni nadie alegremente confía en calificaciones crediticias triple A. Ni siquiera se presume que los grandes bancos no puedan colapsar, o que los bancos occidentales no puedan mantener las tasas en cero.
 

Pero mientras estos cambios en los puntos de vista son impactantes, quizá lo más interesante es cómo nuestras mentes han cambiado de formas sutiles. La mayor parte del tiempo, los inversionistas no reflexionan acerca de la naturaleza de la sabiduría convencional, o acerca de las presunciones no declaradas; después de todo, nadie quiere admitir que es producto de su ambiente cognitivo.
 
 
Sin embargo, un prominente banquero central de occidente se embarcó recientemente en un ejercicio personal de exploración acerca de cómo su sabiduría convencional, y la de sus colegas, cambió en la década pasada. Y aunque su banco no me permitió (desafortunadamente) identificarlo, vale la pena mostrar sus reflexiones, aunque sea sólo para inspirarnos a realizar ejercicios mentales similares en esta temporada vacacional.
 
 
¿Entonces qué se incluyó en la lista de este banquero? Sin orden específico, el banquero relata ocho puntos.
 
 
Primero, ya no se asume que lo mayor sea mejor. Antes de 2008, los inversionistas instintivamente arrullaban con admiración cuando contemplaban los bancos gigantes (como Citigroup) o países con sistemas bancarios fervorosos y entusiastas (como Islandia). Ya no más; ahora sabemos que las economías de escala a veces son sólo ilusiones.
 

Segundo, las finanzas ya no se consideran autoestabilizantes. Al contrario, a menudo parecen “autodestructivas”, según dice el banquero central. Vea usted el hecho de que incluso Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal y decano de la escuela de “autoestabilización”, hoy parece alarmado acerca del comportamiento de los bancos.
 

Tercero, sabemos que los contribuyentes están enganchados cuando las finanzas fallan, nadie tiene vagas esperanzas de que un hada mágica hará que los problemas desaparezcan. Vea usted, por ejemplo, como las calificaciones crediticias bancarias y soberanas, o los precios de permutas de cobertura por impago, se han entrelazado desde 2008.
 
 
Cuarto, el apalancamiento es importante. Antes de 2008, este tema parecía irrelevante, o quizás algo anticuado, hasta el punto que, cuando algunos banqueros europeos de titulización crearon un grupo aficionado de música rock a inicios de 2007, se hicieron llamar “Da Leverage” (Apalancamiento), en tono de broma. Sin embargo, hoy nadie se atreve a reírse de eso.
 
 
Quinto, la liquidez también es importante. Antes de 2008, preocuparse acerca de esto parecía algo también anticuado; después de todo, la innovación financiera parecía haber “liquidado” la mayor parte de las clases de activos. Hoy todos saben que la liquidez se puede desvanecer, a menudo cuando más se le necesita.
 
 
Sexto, las burbujas no se encuentran solamente en la bañera. Antes de 2008, a los formuladores de políticas les gustaba pensar que solamente tendrían que limpiar después de los excesos, si acaso, más que intervenir de antemano. Ya no es así.
 

Séptimo, las soluciones estructurales no son un tabú. Antes de 2008, era prácticamente extravagante sugerir que los formuladores de políticas pudieran deliberadamente encauzar la dirección de las finanzas con intervenciones políticas. Hoy, incluso las voces de la derecha piensan que tiene sentido restringir el tamaño y comportamiento de los bancos, y las voces de la izquierda quieren controlar incluso más.
 
 
Octavo, lo que está en las sombras no debe permanecer en las sombras. Previamente, generalmente se ignoraba al sector financiero no bancario.
 
 
Hoy, tanto los formuladores de políticas como los inversionistas quieren dirigir los reflectores hacia los bancos en la sombra, y los gobiernos (tardíamente) quieren crear nuevos controles.
 

Algunos lectores probablemente tienen sus propias listas de ideas. Y yo pienso que quizás uno de los más grandes e importantes cambios culturales (unido a muchos de los ocho puntos anteriores) tiene que ver con el papel del gobierno.
 

Antes de 2008, los inversionistas a menudo asumían que las economías y los mercados estaban impulsados por fuerzas apolíticas y asociales.
 

Hoy, sin embargo, nadie cree que la economía se trata solamente de cifras duras; al contrario, los factores políticos y sociales –sin mencionar las acciones de los banqueros centrales– moldean casi todas las clases de activos.
 

Independientemente de si usted está de acuerdo o no con estos cambios (o tiene sus propias ideas suplementarias), la cuestión crucial es ésta: nuestras propias suposiciones pueden cambiar silenciosamente, a menudo de formas que nos resultan casi imperceptibles. Por esta razón, por supuesto, debemos reflexionar periódicamente acerca de nuestras ideas, y hacernos otra pregunta crucial: ¿podría esta sabiduría convencional cambiar nuevamente en los próximos cinco años? Y si así fuera, ¿cómo afectaría esto el precio de los activos, o el debate político?
 
 
Tenga usted unas felices reflexiones durante esta temporada vacacional.
 
 
 
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