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Obama no puede liderar desde atrás al comercio

01 febrero 2014 8:14 Última actualización 09 diciembre 2013 5:13

 [Si Obama desea avanzar el programa comercial del siglo XXI que originalmente propuso, debe estar dispuesto a desmantelar las medidas protección del siglo XIX. / Reuters] 


 
 
 

 
  
Por Edward Luce
 
 
Por uno de esos caprichos de la historia, el vigésimo aniversario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) coincide con la crisis acerca del sistema del cuidado de salud estadounidense. Esta vez se trata del escabroso debut del Obamacare. En 1993, la crisis era acerca del plan de salud de Hillary Clinton. A la hora de la verdad, Bill Clinton se decidió por el TLCAN – el cual se escabulló a través del Congreso, mientras el Hillarycare se derrumbaba. El presidente Obama también quiere imponer su gran programa comercial. Sin embargo, aún está por ver si tiene el apetito de Clinton para tomar los riesgos necesarios para lograr acuerdos serios. Es probable que andar de puntillas en torno a este asunto no le convenga por mucho más tiempo.
 
En teoría, Obama ha apuntado demasiado alto. En conjunto, la Asociación Trans-Pacífica (TPP) y su contraparte transatlántica, la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP) representan el programa comercial estadounidense más ambicioso desde el TLCAN y la Ronda Uruguay en los 1990.
 
Estos dos últimos se aprobaron durante las primeras etapas de la expansión comercial más robusta de EU desde la segunda guerra mundial. Las conversaciones comerciales actuales llegan en medio de una recuperación más insípida y una caída en los ingresos de la clase media estadounidense. A diferencia de México, donde el aniversario del TLCAN se está celebrando abiertamente, nadie en Washington está de fiesta.
 
La primera barrera de Obama está en el Capitolio. Los negociadores en Asia y Europa esperan que el Congreso le dé la facultad de negociación por vía rápida en las semanas venideras – sin esto, es poco probable que las conversaciones avancen mucho. La postura actual de Obama es evitar mencionar la vía rápida con la esperanza de que tal reticencia le facilite la aprobación de los Republicanos. Como es de esperar, la mayoría de los Demócratas se oponen. La pasividad probablemente sea el mejor camino para Obama, especialmente ya que su índice de desaprobación sigue atascado en 55 por ciento. Sin embargo, esto sólo lo llevará hasta cierto punto. Liderar desde la retaguardia no es la estrategia adecuada para negociar con otros países.
 
Para lograr un objetivo, se requiere la disposición de utilizar los medios adecuados. Si Obama desea avanzar el programa comercial del siglo XXI que originalmente propuso, debe estar dispuesto a desmantelar las medidas estadounidenses de protección del siglo XIX. Esto implicaría utilizar capital político en batallas con los poderosos grupos de presión estadounidenses – y su arsenal está muy mermado. Los socios estadounidenses de la TTP, como Vietnam, Malasia, Australia y Nueva Zelanda, quieren destruir las barreras en textiles, ropa, productos lácteos y azúcar. EU todavía impone cuotas de importación mezquinas en cada uno de estos sectores. Las tarifas suben hasta el 66 por ciento en el sector de calzado.
 
Asimismo, la mayoría de las economías de la TPP han construido barreras para bloquear los servicios empresariales estadounidenses, el área estadounidense más fuerte de ventaja comparativa. Según un informe de Ted Alden del Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), las tarifas equivalentes sobre las exportaciones de servicios empresariales estadounidenses promedian un 66 por ciento en China, y un 44 por ciento en México – en contraste con sólo el 8 y el 5 por ciento respectivamente sobre las mercancías estadounidenses. China todavía no participa en la TPP. Pero Obama tendrá pocas oportunidades de mejorar el acceso para los servicios estadounidenses en la región de Asia y el Pacífico si a cambio no está dispuesto a hacer grandes concesiones. Incluso Clinton se resistió a enfrentarse a los grupos de presión de textiles y azúcar.
 
Un buen acuerdo con Europa implicaría riesgos de enfrentamientos domésticos para Obama, principalmente con su propio partido. Los Demócratas liberales populares, incluyendo a Elizabeth Warren, la senadora de Massachusetts, han dejado claro que se opondrían a un acuerdo de servicios financieros con Europa si esto involucrara la dilución de la Ley Dodd-Frank de reforma de Wall Street.
 
Esto, por su parte, alienta a Europa a perseverar en materia de seguridad alimentaria, en lo cual tiene normas más estrictas que EU. Lo mismo en materia de privacidad. Tampoco ayuda que Alemania, el principal miembro europeo, sigue resentida por las revelaciones de Edward Snowden, particularmente un documento filtrado que sugiere que el teléfono celular de Angela Merkel fue intervenido desde 2002, tres años antes de que se volviera canciller. En este caso Obama no logrará nada si no establece una posición clara al respecto. Dejar de lado las cuestiones de privacidad, seguridad alimentaria y servicios financieros debilitaría cualquier acuerdo.
 
Los deslices ya son evidentes. Los funcionarios advierten que el plazo informal de mediados de 2014 para concluir las negociaciones de la TTIP probablemente se aplace hasta 2015. La hora de la verdad para las conversaciones de la TPP puede estar más cercana. No ayudó mucho que Obama cancelara su viaje a Asia en octubre durante el cierre de los servicios gubernamentales estadounidenses.
 
Para vender grandes acuerdos comerciales más allá de la periferia de Washington, el presidente deberá convencer al 99 por ciento de que se beneficiarían también. Supuestamente, Obama piensa que sí se beneficiarían. Cuanto antes comience a trabajar en ello, mejor.
 
 
 
 
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