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Nunca sueño con mis personajes: Sukowa

07 febrero 2014 3:41 Última actualización 23 septiembre 2013 5:2

[La actriz alemana, quien fue homenajeada en nuestro país, platica con El Financiero / Sergio Raúl López / El Financiero]


 Sergio Raúl LópezEs probablemente el rostro cinematográfico con el que se identifica al mayor número de personajes históricos femeninos de la cultura alemana. Los rasgos angulosos, duros y de gran carácter que caracterizan a la actriz Barbara Sukowa (Bremen, 1950) han dado vida cinematográfica a una extensa latitud de épocas e ideologías, sobre todo bajo la dirección de Margarette von Trotta: lo mismo a la militante marxista Rosa Luxemburgo (1985), fundadora de la liga espartaquista a inicios del siglo XX; que a la compositora y monja visionaria del siglo XII, Hildegard von Bingen, en Visión: la historia de Hildegard von Bingen (2009). La lista continúa con Marianne –integrante del grupo Baader-Meinhoff encarcelada por terrorismo y muerta años después– en Las dos hermanas (1981); y con la filósofa de origen judío Hanna Arendt (2012), estudiosa del totalitarismo. Sin embargo, a Barbara Sukowa la cara se le suaviza, e incluso se le enrojece casi imperceptiblemente, cuando confiesa que posee una terrible memoria y suele olvidar muy pronto las montañas de datos que acumula sobre los personajes que encarna y que memoriza junto al guión, durante la creación fílmica. La compenetración llega a tal grado que, sin pensarlo, logró que su letra manuscrita fuera idéntica a la de Rosa Luxemburgo al redactar una carta para una escena. Este síndrome solía entristecerla, pero con el correr de su abundante y exitosa trayectoria –ganó el Fénix Dorado en Venecia, en 1981, y en 1986 el premio a Mejor Actriz en Cannes– le hace muy feliz. “Digo, tengo buena memoria para memorizar parlamentos y textos –expresa–, pero tan pronto como acaba el trabajo, todo eso se va, es increíble. Me resulta tan difícil hablar de eso un año más tarde que, en verdad, es frustrante.  A pesar de que sabía tanto sobre Hanna Arendt o Rosa Luxemburgo, soy muy buena soltando los papeles, no necesito recurrir al psicoanálisis; además, nunca sueño con mis personajes, nunca.”  Objeto reciente de un homenaje en la Cineteca Nacional –donde se presentó una retrospectiva de sus trabajos más destacados, entre los que se incluyen su colaboración con directores de la talla de Rainer Werner Fassbinder (Berlin Alexander Platz, 1980; y Lola, 1981), Volker Schlöndorff (El caminante, 1991), David Cronenberg (M. Butterfly, 1993) o Lars von Trier (Europa, 1991)–, Sukowa visitó la Ciudad de México y ofreció la siguiente entrevista. Actualmente está en cartelera la cinta Hanna Arendt, que aborda la controvertida crónica del juicio realizado en 1961 contra el nazi Adolf Eichmann, en Israel, y que la pensadora entregó a The New Yorker. –Ha sido, seguramente, una gran responsabilidad encarnar como intérprete figuras de episodios históricos no sólo alemanes, sino centroeuropeos. ¿Cómo la encara? –Es cierto: es una responsabilidad. Encuentro muy difícil elucidar lo que en realidad ocurrió. Dado que hay tanta información y existen muchas opiniones y escritos diferentes del mismo suceso, es muy duro hacerte un juicio propio. Para Hanna Arendt, el juicio personal era muy importante, siempre le disgustaron quienes afirman que no son nadie para juzgar. En este caso basé mi juicio en la información que la propia Arendt dejó y en las cartas que escribió aunque, por supuesto, también intenté encontrar las posturas y opiniones de sus oponentes. Fue, sí, una responsabilidad, porque una película o un escrito pone algo nuevo en el mundo y nos hace formar parte de los hacedores de juicio. Por eso pienso que debiéramos sentirnos responsables de lo que decimos. –Como actriz, ¿posee un punto de vista político en la interpretación de estos personajes o debe tener un acercamiento más humanista y un punto de vista más amplio? –Son dos cosas. Está el punto de vista del personaje que, como actriz, debo retratar fielmente, incluso si no comparto su opinión. Pero también puedo decidir qué clase de película quiero hacer, así que si voy a interpretar, por ejemplo, a un nazi, puedo retratar sus opiniones, pero no tengo que hacer una película con un director que comparta esas opiniones, que no pueda ser crítico o hacer una cinta crítica hacia el personaje. Así que debes averiguar con quién estás trabajando, cuál es la intención del filme, qué pretende decir. Eso es muy importante. Sin embargo, como actriz debo defender a mi personaje. Es algo muy escabroso. –Implica una decisión ética. –Sí, es una decisión ética, pero intento asegurarme de filmar con las personas con las que comparto la intención en torno a la película, sin importar el personaje que hago. Intento hacerlos humanos y no personajes icónicos. Y me asusta, por supuesto, cada ocasión que me lo proponen, me pregunto cómo voy a lograrlo. Al final siempre es agradable. –¿Ha cambiado algo desde los primeros años del llamado Nuevo Cine Alemán (ahora negado por directores como Herzog o Wenders) en la manera de filmar, en los presupuestos, en el entorno de la industria cinematográfica? –En los años ochenta, estos directores realmente tenían algo contra lo que reaccionar, que eran las cintas de los años cincuenta regularmente sentimentales y de entretenimiento, con grandes estrellas. Querían en verdad hacer algo distinto. Si tienes algo a lo que oponerte, puedes hallar un estilo en ese camino, lo que es muy difícil hoy en día, pues no estoy segura contra qué reaccionan o qué es lo que buscan las nuevas generaciones.  –Las formas de trabajo actuales han sufrido una especie de aceleración. –Creo que los jóvenes cineastas están más enterados que los de antes de cómo promover una película. No creo que Fassbinder haya puesto nada de atención a la promoción de las películas, había gente que se ocupaba de eso; el productor, por ejemplo. Pero a los jóvenes les preocupa tanto sobresalir pronto, que en la industria de la música si tienes más de 25 años y no has triunfado, prácticamente vas de salida. El problema es que van a vivir mucho más tiempo que nosotros. Mis hijos, seguramente, alcanzarán los cien años, pero quieren haber logrado todo apenas a los 25 años. ¿Qué harán con el resto de su vida? Probablemente tendrán que estarse reinventando. Es una época totalmente diferente y yo no puedo más que simplemente observarla, no puedo hacer ningún juicio.   –¿Siente que su rostro encarna el ideal de la mujer alemana en la actualidad?

 

–No lo sé, en el caso de los personajes históricos debo intentar ser tan fiel hacia el personaje como me sea posible, pero en los roles de ficción debo echar mucho más mano de mi imaginación, aunque asegurándome de que tenga sentido social, que no sea absolutamente estúpido. Aunque me encanta interpretar a gente que no tiene una sólida formación intelectual, me ha sido difícil encontrar ese tipo de roles: nunca me los dan. Algunas veces me gustaría hacer papeles más tontos.