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"¡No tengo nada!", un clamor en medio de la tragedia

07 febrero 2014 3:42 Última actualización 20 septiembre 2013 15:59

[Cuartoscuro] 


 
 
 
Sandra Marina
 
 

ACAPULCO, Gro.- Solitario, Don Pedro “El Pescador" de 60 años de edad, recorre las calles inundadas de la unidad habitacional Vicente Guerrero, en Punta Diamante, para rescatar a sus vecinos con la ayuda del único bien que la tormenta tropical Manuel le dejó: su lancha.
 
Una vieja lancha de fibra de vidrio que a él también le salvó la vida luego de quedar dormido en ella, y no en su hogar, el pasado domingo, durante el desbordamiento de La Laguna Tres Palos.
 
Con alegría, pero un marcado cansancio en su rostro, Don Pedro resalta que algunas gallinas de propiedades cercanas igualmente lograron sobrevivir al quedar colgadas de las copas de los árboles. “Todavía allí andan brincoteando de rama en rama”.
 
Sin embargo, la casa de Don Pedro Campechano, que se encuentra al pie de la laguna, quedó cubierta totalmente por las aguas torrenciales que terminaron por arrasar sus contados muebles y cuatro lanchas que utilizaba para obtener el sustento de cada día.
 
La pesca de róbalo, talapia, carpa, entre otros peces de la laguna, fue sustituida por la pesca de personas y víveres. Don Pedro se ha convertido en el único medio que tienen los colonos para poder escapar de los anegamientos de calles que hicieron honor a su nombre: Río Cutzamala, Balsas, Papagayo, Nexpa, Huacapa, entre otras, donde la inundación alcanzó 1.20 metros de altura.
 
Pero ante la escaza ayuda de las autoridades y la vital necesidad de salir a comprar alimentos, la gente se ve obligada a cruzar descalzos pestilentes aguas que inundaron cerca de 350 casas que habitan maestros y trabajadores del ISSSTE.
 
Vecinos de la Vicente Guerrero señalan que es la primera vez que se inundan. Argumentan que esta situación se debe a que los anteriores gobiernos estatales y municipales autorizaron la construcción de nuevos fraccionamientos, como el Marina Diamante, que impiden el paso natural de los cauces y son desviados hacia su colonia.
 
“Pero también tiene que ver que no fueron abiertas a tiempo las compuertas de la Barra de la Laguna Tres Palos. Esta es una situación complicada porque la decisión de abrirlas se politizó, cuando antes el comandante del aeropuerto era el único que autorizaba su apertura”.
 
 
 
DESOLACIÓN
 
 
Se le pregunta ¿de qué colonia vienes? y Adela, de ásperos rasgos indígenas, baja la mirada y se sumerge en su espesa y larga cabellera para romper en llanto. Ángel y Noemi, de 2 y 7 años de edad, interrumpen su juego en el piso, para atender el incontenible dolor de su madre.
 
¡No tengo nada! ¡No tengo casa! ¡No tengo nada! dice la joven madre para luego dar una inesperada explicación en mixteco.
 
La pequeña Noemí interviene y traduce: “Nuestra casa se llenó de agua”.
 
Con dificultad para expresar abrumadores sentimientos y pensamientos, Adela narra que el sábado por la noche su casa se inundó a causa de las lluvias y el desbordamiento de la Laguna de Tres Palos, por lo que tuvo que huir con sus niños.
 
“Perdí esposo. No tengo dinero, me prestaron 10 pesos para (llegar) aquí. Amigo está en el agua, no puede salir, no puedo ir, no puedo dar alimento. No tengo casa, no muebles, no tengo nada… niños tienen hambre”.
 
Relata que, bajo la lluvia, el pasado domingo huyó con sus niños de su casa para refugiarse en el albergue del centro de convenciones Forum Imperial, en Punta Diamante; mientras, su esposo iría en busca de dinero y alimento para sus críos, sin embargo no la vuelto a ver.
 
“No tengo nada”, dice Adela para nuevamente encontrar desahogo entre sus largos y negros cabellos.
 
 
TRAS LAS REJAS
 
 
Son las 8 de la mañana del miércoles y empiezan a llegar toneladas de víveres a la pista de aterrizaje del aún inundado aeropuerto de Acapulco Diamante. Elementos del Ejército los reciben para llevarlos al refugio bodega Forum Imperial, pero aún desconocen a detalle su destino final.
 
En otra parte de la pista, impacientes turistas hacen largas filas para abordar los aeronaves de Policía Federal que se dirigen a la ciudad de México. Entre ellos, figura de manera inadvertida la presencia del exgobernador de Morelos, Sergio Estrada Cajigal. Esta ocasión, su viaje no fue al “helicóptero del amor” sino de un avión de la Marina.
 
Desde el punto donde acceden los vehículos al aeropuerto de Acapulco Diamante, las instalaciones están cerradas. La entrada, limitada por una malla ciclónica, es resguardada por elementos de la Policía Federal y del Ejército.
 
Tras las rejas se encuentran cientos de turistas que el pasado martes se alistaron para ser trasladados en aeronaves de la Marina o de la PF. Esperan escuchar su nombre por altavoz para lograr pasar la malla y poder realizar el anhelado regreso a la ciudad de México.
 
Las listas son largas. La espera es agotadora bajo el fulminante rayo del sol. Una carpa es insuficiente para resguardar a cientos de paseantes. No hay dotación de agua. La sombra de un árbol resulta el mejor aliado.
 
Entre los turistas se encuentra doña Leoba González Lugo, de 72 años de edad, quien el pasado 16 de septiembre dio el grito de Independencia con su hermana en el puerto de Acapulco. El grito, más que patriótico, significó la liberación de una enfermedad maligna diagnósticada recientemente.
 
Hace dos semanas fue operada de cáncer de colon y el pasado martes debía empezar con las quimioterapias. Su hermana María Luisa comenta que el lunes se angustiaron al ver que la situación que dejó la tormenta Manuel era complicada y que no podían regresar para iniciar el tratamiento de quimio.
 
“Apenas este miércoles por la mañana nos enteramos de los traslados de la Policía Federal, no nos alistamos pero esperamos que nos consideren, ya dejamos el hotel y no podemos regresar, pues debido a la falta de alimentos ya no permiten el registro de turistas”.
 
En la explanada del Forum Imperial cientos de paseantes se encuentran sobre el suelo esperando ser alistados por elementos del Ejército y la Marina para poder viajar en sus aeronaves. El desorden es evidente. Prevalece la desinformación y desorganización.
 
La mayoría de turistas abandonaron los hoteles con la esperanza de que el trámite de traslado vía la Marina o PF sería rápido, la realidad es otra.