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Migrantes, un problema fuera de la agenda gubernamental

06 febrero 2014 6:53 Última actualización 12 diciembre 2013 5:23

  [Crimen, autoridades y civiles se aprovechan de ellos para realizar negocios lucrativos / Cuartoscuro]


 
 

Eulalio Reyes / corresponsal
 
Lechería, colonia enclavada en la zona fabril del municipio de Tultitlán, a sólo unos kilómetros de la ciudad de México, es el sitio de concentración diaria de cientos de migrantes que llegan de los corredores del Golfo y Pacifico, y buscan abordar “La Bestia” en su viaje al norte del continente.
 
Para Aldo Damián Ríos Vargas, ex coordinador de albergue para migrantes San José en Huehuetoca y estudiante de potsgrado de Antropología Social de la Iber, durante 2012 hubo una serie de acontecimientos que detonaron el cierre del albergue San Juan Diego, en Tultitlán, de manera definitiva, el cual recibía hasta 250 personas al día en una vivienda de 10 metros de ancho por 30 de fondo:
 
Tuvo que ver el proceso electoral del municipio; una oleada de migrantes donde venían miembros de la Mara Salvatrucha, lo que provocó un incremento de la delincuencia, y el cambio de administradores del albergue.
 

Explicó: “En marzo, cuando inician con formalidad las campañas electorales, uno de los discursos más fuertes de todos los partidos fue la seguridad. Los migrantes fueron señalados como los depositarios de todos los males del municipio, cuando sólo llegaban a un punto concreto y no afectan la dinámica de la localidad.
 

Todos los albergues detonan un desarrollo económico en el lugar, como bares, tiendas, tortillerías, cafés internet…. Sin embargo, la interacción con la comunidad en un principio es aceptada, pero finalmente desborda la dinámica propia de la comunidad porque en temporada alta arriban entre 300 y 350 migrantes”.
 

Resalta que la población se queja de que los migrantes se quedan a trabajar, pero “antes de la instalación del albergue, este fenómeno ya existía en la zona”.
 
 
Fin a albergues
 

Un mes después de iniciada la contienda electoral, vecinos de la Cerrada de la Luz manifestaron que “migrantes intentaron asaltar un negocio a punta de machetes y que hirieron al dueño, aunque el hecho nunca se pudo confirmar”, asegura Damián Ríos.
 

Ese fue el pretexto para que el gobierno saliente de Tultitlán y del Estado de México presionaran al obispo de Cuautitlán Izcalli para cambiar al sacerdote Héctor, encargado del albergue San Juan Diego.
 

“En su lugar llegó Cristian, un joven de 22 años que no sabía del tema migratorio y los problemas del albergue. Los vecinos presionaron y decidió cerrar el espacio”.
 

Tras la clausura, fue habilitada una carpa en las inmediaciones de las instalaciones de la estación del tren suburbano de Tultitlán. El proyecto fue dirigido por organizaciones de la sociedad civil, sin embargo las autoridades locales condicionaron un mes de estancia, en lo que encontraban otro espacio.
 
En junio del 2012, el Programa de Asuntos Migratorios de la Ibero y organizaciones civiles acondicionaron en Huehuetoca un comedor que llamaron San José, mientras que otras organizaciones se encargaban de atender la carpa en Tultitlán.
 

Sin embargo, el 21 de junio, el comedor fue baleado. Ante esta situación decidieron reubicar el comedor y convertirlo en albergue. Quedó a cargo de las organizaciones de la sociedad civil.
 

La iglesia católica no apoyó el proyecto, pero al poco tiempo la diócesis de Cuautitlán Izcalli abrió un espacio alterno para migrantes también en Huehuetoca --un terreno baldío donde no había donde dormir y sin letrinas-- donde organizaciones de derechos humanos denunciaron malos tratos”.
 
“El 3 de noviembre ingresa a las instalaciones un Mara Salvatrucha y reconoce a gente del Barrio 18, lo que desata una trifulca. El espacio fue cerrado de manera temporal.
 

“Pese a que el 17 de diciembre representantes del gobierno de Huehuetoca y del gobierno estatal prometieron medidas de seguridad en el albergue, no se cumplió nada. Aún así decidimos reabrirlo”.
 

El activista afirma que las agresiones también vinieron del gobierno, pues en mayo el Instituto Nacional de Migración (INM) realizó un operativo , donde también ingresaron agentes municipales y estatales, “detuvieron a dos personas, y hasta este momento se desconoce su paradero”.
 

Esta situación, las constantes amenazas y la falta de seguridad motivaron a que varias organizaciones que trabajaban en el proyecto lo abandonaran.
 

Nosotros somos ustedes

Andrea González, profesora universitaria y miembro del colectivo Nosotros Somos Ustedes, apunta que desde la academia ante la emergencia, cuando se cerró el albergue San Juan Diego decidieron emprender acciones directas.
 

“Iniciamos en junio de 2012 en las vías del tren de Tultitlán, dando comida y ropa, y haciendo denuncias sobre violaciones a los derechos humanos de los migrantes.”
 
González refiere que en enero de 2013, el centro de ayuda San José abrió pero sólo como comedor. “Al principio la presencia de la policía estatal fue constante pero poco a poco se fue desvaneciendo y de nueva cuenta volvieron los incidentes de inseguridad con la presencia del crimen organizado, por lo que se tomó la decisión de cerrar indefinidamente”.
 

Señala que actualmente redefinen qué camino seguir “porque la situación es muy complicada y no hay disposición por parte de las autoridades para garantizar nuestra seguridad y la de los migrantes”.
 
Nuestro objetivo es volver abrir un albergue, pero no en Huehuetoca porque es una zona muy peligrosa”.
 

González considera que actualmente el tránsito de los migrantes por el país es cada vez más violento y vulnerable, porque hay toda una serie de redes del crimen organizado que trabajan en colusión con policías federales, estatales y municipales.
 

La académica resalta que debido a la situación económica y extrema violencia en Centroamérica, las personas están huyendo de su país, por lo que “hay más migración que antes y es distinta”.
 

Cada vez más vemos más mujeres solas o con hijos, y adolescentes huyendo de La Mara… la migración se convierte en un gran negocio para todo tipo de personas que se encuentran en su camino, pues se aprovechan de su vulnerabilidad.
 

Los enganchan en bares y en trabajos ilícitos… en las casas les venden comida y llamadas telefónicas carísimas, e incluso les rentan las banquetas para que puedan dormir”.
 

La migración es un gran negocio, por eso es tan difícil que la gente y las autoridades gubernamentales le entren al tema.”
 
Respecto al papel del gobierno estatal, apunta que asume una política de no hacer nada porque no es parte de su agenda y de sus intereses.