Archivo

Migrantes: ¿sueño cumplido o pesadilla sin fin?

12 febrero 2014 5:28 Última actualización 14 abril 2013 10:34

[Foto: Salvador Sierra] Pocos logran su cometido; la mayoría son deportados, otros son secuestrados o asesinados. Ocho indocumentados narran las peripecias de su viaje 


 

José Antonio Gurrea C. / enviado
 
Ciudad Ixtepec, Oaxaca.- Son casi las 21 horas cuando un largo y agudo silbato rompe el silencio anunciando la llegada de La Bestia. De inmediato, decenas de migrantes comienzan a salir de los dormitorios del albergue Hermanos en el Camino. Lo hacen deprisa. Se encuentran ansiosos de reiniciar ya el recorrido comenzado días o
semanas atrás en sus lugares de origen.
 
Son los más pobres entre los pobres, pues se ven obligados a viajar sobre el tren porque no tienen dinero para contratar un pollero o para pagar el pasaje de un autobús que los lleve lo más cerca posible de la frontera norte. No llevan más equipaje que una raída mochila a la espalda, un morral al hombro o simplemente una o dos bolsas de plástico.
 
Luego de traspasar la puerta principal del refugio comandado por el padre Alejandro Solalinde, los indocumentados están conscientes de que se encontrarán de nuevo a expensas de traficantes de personas, de asaltantes, de violadores, de extorsionadores, y también de los abusos de diversas autoridades. Aun así -dicen a este reportero- no habrá media vuelta: están dispuestos a proseguir el camino. No tienen otra opción.
 
En sus rostros decididos se observa también aflicción. La miseria y la violencia que existe en sus países los lleva a buscar obsesivamente una vida de oportunidades "al otro lado" -en el grupo hay veteranos que lo han intentado hasta cinco veces-; sin embargo, saben de sobra que únicamente algunos pocos lograrán conseguirlo. La mayoría serían deportados; otros serán secuestrados o pasarán a engrosar la larga lista de los muertos-desaparecidos. Sin olvidar a aquellos que durante el trayecto serán mutilados por el tren.
 
Recorrer los 500 metros que separan el albergue de La Bestia se convierte así en una marcha triste, silenciosa. Sólo se escucha el ruido de los cansados pies chocando contra la grava que se encuentra en los rieles, junto con el sonido del intenso viento que trae hasta aquí el enésimo frente frío de la temporada invernal.
 
Los migrantes comienzan a subir por las escalerillas externas del tren y a mimetizarse con el oscuro metal de los vagones. Se sientan en el techo, disponiéndose a esperar que el ferrocarril parta. Empero, estos vehículos de carga no saben de horarios ni de fechas. Nadie puede precisar cuándo llegará el siguiente, pero tampoco cuándo comenzará su marcha el que se encuentra sobre las vías. A veces transcurren días para que La Bestia continúe su periplo. No importa. Los migrantes no se mueven un centímetro y apartan sus lugares como si el tren fuera apartir de un momento a otro.
 

 
"En Honduras matan por nada"
 
Darling Javier González. 20 años
 
De Progreso y Oro, Honduras, donde trabajó como albañil y guardia de seguridad. Tercer intento por llegar a Dallas, Texas.
 
"A mí, más que la pobreza, lo que me orilla para irme al norte es la violencia de mi país. A cada rato matan y roban a la gente. Apenas sales del trabajo con tu sueldo, y los malandros ya te están esperando en la esquina para quitártelo. En los últimos tres años me han asaltado diez veces, y ya asesinaron a dos de mis amigos.
 
"Pero muchas veces la violencia también la encuentras en el camino hacia el norte. En mi segunda vez -hace un año- me secuestraron. Llegando a Nuevo Laredo me cayeron unos batos así, normales, gente como nosotros. Me dijeron que caminara delante de ellos. Quise resistirme, pero sacaron una pistola y tuve que hacerlo. Después, conamenazas tuve que decirles donde estaban mis otros compas. Me metieron a un carro, donde me amarraron y me taparon la boca con cinta adhesiva. Me llevaron a una casa llena de gente secuestrada. Luego me golpearon varios días hasta que les di el teléfono de mi madre, pues ella era la única que podía pagar los tres mil 500 dólares que pedían. Le hablaron y la extorsionaron. Cuando estaban hablando con ella me golpeaban muy cabrón para que ella escuchara mis gritos. Mi madre pagó el dinero y después me fueron a aventar a Laredo, donde la migra me deportó.
 
"En total, en esa casa estuve como tres meses. Ahí vi cómo violaban a las mujeres y cómo mataban a la gente que no podía pagar. Así, en vivo y frente a todos. Uno qué va a hacer, no puede uno hacer nada. Éramos como 150 personas en un cuarto pequeñito. Unos dormían en el suelo, otros en las escaleras. Algunos recargados en las paredes. Estábamos todos apretados. Hacía mucho calor y no había ni baños.
 
"Es mi tercera vez y sí, tengo mucho miedo. Por el narco, por la migra, por el tren, pero qué puedo hacer. Si se queda uno en Honduras, de todos modos lo matan a uno por nada. Siquiera uno sabe que si cae al otro lado va a poder hacer algo. Esperamos en Dios tener suerte esta ocasión."
 

 
"Me quedé sin nada y me tiré a la calle"
 
Leonel. 14 años.
 
De Zacapa, Guatemala, donde era pandillero. Primer intento por llegar a Los Angeles, California.
 
"A mi papá, mi mamá y mi hermano más grande los mataron cuando yo tenía nueve años. Mi papá era medio trabado (loco, irresponsable) y andaba metido en cosas ilegales, por eso lo mataron y por su culpa también asesinaron a mi mamá y a mi hermano. Ellos dos eran cristianos. Mi papá tenía dinero, yo tenía casa y carro, pero mis primos se aprovecharon de que era un niño, sacaron papeles y me quitaron todo lo que tenía.
 
"Después de que me quedé sin nada, me tiré a la calle. Viví con la clica (las pandillas) y andaba con ella. Como soy muy morrito, me cuidaban, quien quería hacerme algo malo se las veía con los pandilleros. Sí, estuve adentro de la clica, pero me vine porque ya no quería estar en esa cosa.
 
"Me voy pa'l norte. A ver que puedo hacer por la vida."
 

 
"Haber dejado a nuestros hijos nos hace mucho daño"
 
María Eugenia Molina / Otto Olivares
 
De Coatepeque, Guatemala, donde ella era ama de casa y él taxista. Tienen dos hijos, uno de tres y otro de seis años, que se quedaron a cargo de la madre de él. Viven en el DF desde hace un año. Ella es trabajadora doméstica, él trabaja en un lavado de autos. Van de regreso tras pasar las fiestas decembrinas con sus familiares.
 
"Hace cosa de una año íbamos a Estados Unidos, pero nos asaltaron cuando el tren llegó a Medias Aguas, Veracruz. Llegamos hasta Lechería y, sin dinero, decidimos quedarnos a vivir en el DF.
 
"Los que nos asaltaron era un grupo de los mismos migrantes. Secuestraron también a dos mujeres que viajaban solas. Nos organizamos y fuimos por ellos, pero no tuvimos éxito. Dimos con una casa donde las habían llevado, de hecho encontramos algunas de sus pertenencias;pero de sus rastros, nada.
 
¿Denuncias? No, la verdad no hicimos ninguna. ¿Para qué?
 
"Quizá no nos está yendo tan bien como en Estados Unidos, pero más o menos nos alcanza y hasta podemos visitar a nuestros hijos, como sucedió en diciembre. Entre los dos ganamos un poco más de ocho mil pesos al mes. Enviamos como tres mil 700 a nuestros hijos. Yo gano 200 pesos diarios; Otto, 250 pesos diarios.
 
"Cuando estamos en el DF tratamos de no pensar mucho en nuestros hijos, porque haberlos dejado nos duele mucho, nos hace mucho daño.
 
"Sí, nos da mucho miedo regresarnos en La Bestia, pero no tenemos dinero para el autobús y la necesidad es más fuerte. Tenemos dos hijos a los que hay que dar de comer y darles estudio. Esperamos llegar con bien."
 
 
 
"En La Bestia no te puedes quedar dormido"
 
Alexander Ramírez. 22 años.
 
De la Ciudad de Guatemala, donde era zapatero. Primer intento por llegar a Los Angeles, California.
 
"Tengo una gran responsabilidad porque tengo que mantener a mis abuelos y a mis tres hermanos menores. Cuando yo era niño mis padres se divorciaron y nos abandonaron. Mi padre vive en el otro lado y mi madre en Veracruz, pero desde hace muchos años no tenemos contacto con ellos. No quisiera dejar Guatemala, pero ahí hay mucha pobreza y el dinero no alcanza. A la semana ganaba unos 150 quetzales (19 dólares).
 
"Sé que va a ser difícil llegar hasta el otro lado. A un amigo lo agarraron luego luego en Chiapas. Veníamos en una Combi y se puso nervioso al pasar por una garita en la frontera. Mi sueño es llegar aLos Angeles. No importa el trabajo. Allí viven una tía y una exvecina. Espero que me ayuden.
 
"Viajar en La Bestia es muy incómodo. El recorrido entre Arriaga e Ixtepec puede llevarse hasta 14 horas (en auto se hacen sólo dos horas y media de camino). Además, no te puedes quedar dormido porque te puedes caer. Tampoco puedes ponerte de pie porque te pegas con las ramas. Antes de llegar aquí nos atacó un enjambre de abejas. Lasgarrapatas también son feroces. Pero hay mucha solidaridad. Cuando pasas por los pueblitos, la gente te da agua y fruta."
 

 
"La muerte de mi padre me dolió un verbo"
 
Pedro Javier Ruiz. 18 años.
 
De La Libertad, El Salvador, donde era estudiante. Primer intento por llegar a Los Angeles, California.
 
"Mi papá me prometió que me llevaría al norte cuando yo cumpliera 18 años. Ya los cumplí y aunque él ya no esté porque lo mataron, yo lo voy a lograr.
 
"Él era coyote, de los recios. Cobraba entre seis mil y siete mil dólares por cabeza. Lo mató otro coyote que le tenía envidia. Le metió diez balazos: siete en el cuerpo y tres en la cara.
 
"La muerte de mi padre me dolió un verbo (mucho). Él era el que movía la plata allá en la casa. En cada viaje me daba mis cien dólares para que me comprara lo que quisiera. Cuando faltó tuve que entrarle a vender cualquier onda en mi país. Hasta aguacates vendí.
 
"Entrando a Chiapas, me siguió la migra junto con otros dos compas. Nos tiramos al cerro y no nos pudieron agarrar. A mí el tren no me damucho miedo, los que me dan más miedo son los narcos."
 

 
"El pollero, un negocio sucio"
 
Pedro Aguilar, 35 años.
 
De Trujillo Colón, Honduras, donde laboraba como campesino. Hizo tresintentos por llegar a Estados Unidos. Desde hace siete meses labora como voluntario en el albergue Hermanos en el Camino.
 
"Dejé Honduras por la pobreza, porque los jales no son permanentes, tampoco se paga bien. Baja hasta la autoestima. Como campesino apenas ganaba 600 lempiras (30 dólares) a la semana.
 
"Me han deportado tres veces. La primera en Tapachula, la segunda en Huehuetán, la tercera logré llegar a Ixtepec, donde me quedé como encargado de la granja y como voluntario del albergue.
 
"El pollero es un negocio sucio. Es una estafa. Nosotros sólo somos un negocio. A ellos les conviene que salgamos del país. Cobran siete mildólares desde Honduras y El Salvador hasta Estados Unidos, y seis mil dólares desde Guatemala. Hay gente que vende sus terrenos y sus casaspara pagar al coyote, y cuando los deportan pierden todo."
 

 
"Definitivamente, no habrá un sexto intento"
 
Alberto Donis, 25 años.
 
De Santa Rosa, Guatemala, donde era campesino. Hizo cinco intentos por llegar a Palm Springs, California. Desde hace cuatro años labora comovoluntario en el albergue.
 
"La primera vez que me fui para el norte mi familia pagó un coyote, pero el guía encargado de que atravesáramos Arizona se perdió en el desierto del Sásabe. Después de cinco días se nos acabó el agua y la comida. En ese lugar es tal el calor -en verano la temperatura puede llegar hasta 50 grados a la sombra- que durante el día no se puede caminar. La única opción es buscar un árbol y quedarse debajo escondido hasta que llega la noche y se puede comenzar a caminar porque hace menos calor, pero también porque es más difícil que te vea la migra. Al quinto día nos separamos en varios grupos y comenzamos abuscar agua sin éxito. Migración nos encontró deshidratados, a punto de desfallecer. Me deportaron.
 
"En el segundo intento me deportaron antes de llegar a territorio estadounidense, pero a la tercera y a la cuarta tentativa logré llegar a Palm Springs. En ambas ocasiones me deportaron a los pocos meses cuando ya estaba trabajando. En ese lugar laboré como jardinero, mesero y también ordeñé vacas en un rancho.
 
"Fue en el quinto intento cuando en Arriaga, Chiapas, personal de la Agencia Federal de Investigación (AFI) nos robó todo nuestro dinero (viajaba en un autobús con dos primos y dos amigos). No era mucho dinero, pero sí suficiente para llegar hasta la frontera norte. No nos quedó otra opción más que abordar La Bestia. Al arribar a Ixtepec, el padre Solalinde nos convenció de que denunciáramos y aquí sigo. Eso fue hace cuatro años.
 
"No tengo muchas esperanzas de que el proceso avance. Hace dos meses fui al Ministerio Público Federal de Tuxtla Gutiérrez, y ni siquiera encontraban la denuncia. Además, han encubierto a los policías que nos robaron el dinero. Dicen que eran ladrones disfrazados.
 
"En Santa Rosa era campesino, pero yo quería estudiar y superarme. Estudié hasta la preparatoria y busqué ingresar a ciencias políticas en la ciudad de Guatemala, pero en la capital hay demasiada violencia. Fue ahí cuando decidí irme a Estados Unidos, donde lo que ganas en un día, en Guatemala necesitas 15 días.
 
"Definitivamente, no habrá sexto intento. Aquí tengo un permiso y estoy bien. Puedo andar por todo México e ir a mi país cuando quiera. Acabo de estar en las fiestas decembrinas. Pienso seguir aquí y también comenzar a estudiar."
 
La Bestia despierta
 
Son las cuatro de la mañana. El silbato del tren es ahora más grave, pues anuncia la partida. La máquina comienza a engancharse a los vagones. Con cada enganche, el metal de La Bestia produce un ruido ensordecedor. En unos minutos más reiniciará el viaje de los migrantes hacia el sueño americano, o más seguramente hacia la continuación de una pesadilla que parece no tener fin.