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México y París, unidos por el arte

07 febrero 2014 3:44 Última actualización 29 octubre 2013 5:2

  [El Museo Dolores Olmedo y el Musée de l’Orangerie intercambian obras maestras del arte pictórico del siglo XX / "Argenteuil" de Claude Monet, 1875]


 
Silvina de los Monteros
 

Custodiados por un majestuoso jardín habitado por la doblemente exótica combinación de pavorreales y xoloitzcuintles, el Museo Dolores Olmedo (MDO) actualmente exhibe 30 cuadros de los pintores vanguardistas más destacados de la primera mitad siglo XX, entre los que sobresalen cuatro obras de Chaïm Soutine, pintor expresionista de origen bielorruso, quien nunca antes se había presentado en México.
 

Desgranadas paulatinamente sobre los muros de lujosas salas -que de manera simultánea exhiben importantes piezas prehispánicas de la colección del recinto-, la primera obra que salta a la vista es Argenteuil (1875) de Claude Monet, luego siguen óleos de Paul Cézanne, André Derain, Amedeo Modigliani, Henri Matisse, Paul Gauguin, Henri Rousseau, Pierre-Auguste Renoir, Pablo Picasso y Maurice Utrillo.
 

Un deslumbrante abanico integrado en total por once artistas de fines del siglo XIX y principios del XX que han arribado a lo que fuera la Hacienda de la Noria en Xochimilco, luego de cuatro años de planeación, gracias a un intercambio que el MDO realiza con el Musée de l’Orangerie.
 

Mientras que en dicha galería parisiense se exhibe la muestra Frida Kahlo-Diego Rivera: L’art en fusión, en México se presenta Obras maestras del Musée de l’Orangerie, que, en realidad, responde al deseo de mostrar una selección de los acervos de dos sagaces empresarios y coleccionistas: Dolores Olmedo (1908-2002), por la parte mexicana, y Paul Guillaume (1891-1934), por la parte francesa.
 

De acuerdo con Josefina García, directora de colecciones del MDO, la importancia que tiene esta exposición radica en que es la primera vez que el Musée de la Orangerie presta a una misma institución esta cantidad de obras: “No es común. Habitualmente suelen salir una o dos piezas para alguna exposición temporal, pero nunca una colección de 30. Es algo que difícilmente vamos a volver a ver en México”.
 

En este país, asegura, “no se ha hecho en los últimos años una muestra de este nivel y a veces pensamos que será difícil, por lo que implican las negociaciones y los costos”. García se refiere al millonario monto que implican los traslados y el aseguramiento de las piezas, aunque no define de cuánto se trata debido a que, “por cuestiones de seguridad” nunca se habla de cantidades de dinero, mucho menos en el caso de una exposición de estas características.
 

Tras admirar cuadros impresionistas como el Retrato de dos niñas (1890) de Pierre-Auguste Renoir o Jarrón, azucarero y manzanas (1890) de Paul Cézanne, a la mitad del recorrido, los visitantes encontrarán un pequeña sala adjunta en la que también se exhibe una selección de diez obras de Diego Rivera -pertenecientes al acervo del MDO-, con la que se pretende revisar las influencias que el muralista mexicano recibió durante su paso por Europa; piezas en las que es posible distinguir estilos y técnicas que Rivera tomó del costumbrismo, el realismo español, el impresionismo y el cubismo.
 

Hacia la parte final los asistentes encontrarán Novo pilota (1915), retrato que le hiciera Amedeo Modigliani a su mecenas, Paul Guillaume, el coleccionista francés, gracias al cual se lleva a cabo esta exposición, así como dos cuadros más del artista español Pablo Picasso: uno cuyo estilo retorna al arte grecolatino y otro intitulado Mujer con pandero (1925), que se acerca y aleja al mismo tiempo del cubismo.
 

Al salir, los visitantes podrán admirar las ya tradicionales ofrendas de Día de Muertos que, en esta ocasión, estarán relacionadas con el París de principios del siglo XX.