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México pierde a Guillermo Tovar de Teresa

06 febrero 2014 7:0 Última actualización 11 noviembre 2013 5:2

[El país se queda si uno de sus más grandes devotos y deja una obra de pretérito total / Cuartoscuro]


 

Redacción
 

Christopher Domínguez Michael lo llamó, atinadamente, “agudo comentarista de la encrucijada que padecemos entre la globalización y el fundamentalismo”. Guillermo Tovar de Teresa, patrimonio en sí mismo, ha muerto a los 57 años. México pierde a uno de sus grandes entusiasmos. A uno de sus grandes devotos. Toda la obra publicada por el cronista de lo perdido tiene que ver con la recuperación de un país que al irse fue dejando huellas, ruinas y señas, materiales de estudio para un hombre asombroso.
 
Restaurador en el sentido amplio de la palabra, Tovar de Teresa (nacido en Ciudad de México en 1956) también fue una voz oportuna a la hora de defender a la Ciudad de México de las devastaciones del progreso.
 
La muerte de Guillermo Tovar de Teresa se cobra muchas vidas: la del historiador, la del amante de libros, la del inconógrafo, la del coleccionista, la del cronista y, sobre todo, la del celoso trabajador del tiempo. En 1985 fue nombrado cronista de la Ciudad de México, cargo al que renunciaría pocos meses después. Propuso, entre otras cosas, que esa labor fuera desempañada por un cuerpo colegiado. El historiador Luis González y González fue un gran admirador del autor de La Ciudad de los Palacios: crónica de un tiempo perdido.
 
Calificó su obra como “fecunda y excelente”. Octavio Paz dijo: “La suya es una contribución esencial a la historia de las ideas que han formado a nuestra cultura y a nuestra nación”.
 

Asegura Domínguez Michael que “los libros de Guillermo son para ser leídos y para ser vistos”. Según él, a Tovar de Teresa lo visitaban los vivos y también los muertos, “clases distintas de fantasmas, y el anfitrión procuraba lectura actual para todos”.
 
La versatilidad del trabajo de Tovar de Teresa da vida una bibliografía llena de casi todo: ensayista, prologuista y curador. Entre sus libros más sobresalientes se encuentran: Pintura y Escultura del Renacimiento en México (1979), México Barroco (1981) Renacimiento en México Artistas y Retablos (1982), Un rescate de fantasía/El arte de los Lagarto, iluminadores novohispanos del siglo XVI y XVII (1988), Pintura y Escultura en Nueva España (1992), Colonia Roma (1995), El Pegaso el mundo barroco novohispano en el siglo XVII (1993).
 
Como miembro del Consejo Consultivo del Centro Histórico jugó un papel determinante en la rehabilitación del primer cuadro de la ciudad.