Archivo

Mamás olvidadas en el cine mexicano

06 febrero 2014 3:35 Última actualización 14 enero 2014 5:30

 [El cine mexicano apuesta por cintas en las que el padre asume el cuidado de los hijos / Bloomberg]


 
 

Sandra Aguilar Loya
 
 
A lo largo de su historia, algo que ha caracterizado al cine mexicano es que siempre ha contado con un elemento fundamental, base incluso, de nuestra sociedad: la figura materna, esa que sin importar qué rol juegue dentro del cosmos fílmico, siempre está presente.
 
Sin embargo, desde la apreciación del experto en guión cinematográfico, Marco Julio Linares, la figura materna está ausente en diversas películas que hicieron su aparición en el 2013; dos de ellas rompieron récords de recaudación en taquilla que no se habían visto desde hacía por lo menos una década como Nosotros los Nobles, de Gary Alazraki, y No se aceptan devoluciones, de Eugenio Derbez, así como dos cintas catalogadas como de arte y que contaron con el reconocimiento de la crítica especializada y que a la fecha siguen cosechando premios en los festivales de cine internacional como Heli, de Amat Escalante, y La jaula de oro, de Diego Quemada-Díez.
 

Con respecto a esta idea de Linares, Óscar Galicia Castillo, coordinador del Laboratorio de Neurociencia de la Universidad Iberoamericana, asegura que éste es un fenómeno casual, ya que la psicología, en términos del país, sigue siendo maternalista.
 
No creo que esto se haya hecho pensando en tener una reconfiguración social o en apuntalar la idea de la masculinidad o empezar una nuevo cambio sobre la organización social, me parece más bien un hecho casual”, apuntó Galicia.
 
En 2012 Linares ve Después de Lucía, de Michel Franco, una historia sin madre, “cosa que me llamó la atención y luego veo Heli que me parece una película dirigida magistralmente; seguimos con La jaula de oro, en las que detecto por razones, tal vez en mi deformación del análisis, la falta de la presencia fundamentalmente femenina en el cine mexicano”, dice el también maestro de guión y dirección en la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco, desde hace 40 años.
 
“El problema de nuestro país es la ignorancia. Eso es lo que se refleja en los temas que se preparan para el cine y la televisión, es innegable porque ahí el objetivo es vender, mientras que en el cine es otro caso”, apuntó.
 
Pero todo esto depende de “los contadores de historias”, como llama Linares a los guionistas, puesto que desde su punto de vista, todos los temas son tocables en el cine. “Son ellos los que rigen el destino de un guión, que se basa en lo que ellos ven. De lo que hay que preocuparse es de saber de qué depende que la mujer deje de ser un objeto para pasar a ser un sujeto de la película”.
 
A esa constante Óscar Galicia Castillo, le llama el nuevo realismo mexicano. Un tipo de cine que inicia a principios de este siglo con Amores perros y Amar te duele:
 
“En este caso estamos hablando de una realidad que para muchos es solamente un mito, es inaccesible y que para otros es la realidad cotidiana. Para algunos es su primer acercamiento con la violencia real y cotidiana, particularmente protagonizada por la pobreza, por la desintegración familiar, por el uso de sustancias que para muchos es algo muy lejano de su círculo inmediato. Se han encontrado fórmulas interesantes con estas cintas, cuyo único fin es el entretenimiento, mientras que otras quieren presentar la descomposición social”, agregó el investigador de la Universidad Iberoamericana.
 
En el caso del cine mexicano, dice, es incluso más casual la relación porque, de entrada tiene muy pocos apoyos y es muy limitado. De tal manera que los temas que se tratan deben tener cierta rentabilidad, algo que garantice su sustento y que no sea un desperdicio de inversión, ya que esta industria nacional tiene poca demanda.
 

“Estos temas creo que están más asociados a esa demanda mercadotécnica y no a un tipo de reivindicación social a cerca de la figura masculina, porque seguimos siendo predominantemente un matriarcado como pantalla del machismo mexicano.
 

“Con la descomposición que tenemos en México podríamos hacer un sinfín de películas. Nunca acabaríamos porque vemos esos casos de manera muy frecuente, a los que estamos expuestos y que para otros resultan fantásticos”, finalizó Galicia Castillo.