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Locos del remate: la vida de un corredor de bolsa

07 febrero 2014 3:42 Última actualización 12 septiembre 2013 5:2

 [Un veterano comparte secretos y anécdotas / Braulio Tenorio / El Financiero]


 
Sandra Marina
 
 
Aquí los errores son un pecado mortal… cuestan muchísimo dinero.
 
 
 
 
En efecto, el de corredor de bolsa es un oficio donde el desgaste se equipara con la de un controlador de torre de vuelo. Los cinco sentidos deben estar al 100 por ciento, al igual que la intuición y conocimientos para tomar las mejores decisiones.
 
 
El oficio es considerado de elite y altos incentivos económicos, aunque certificarse como corredor u operador de bolsa no exige tener algún título universitario.
 
 
Su función principal es representar a sus clientes en el mercado de valores para realizar en su nombre las operaciones de compra y/o venta de valores, actividad que inició en nuestro país entre 1880-1900 en las calles de Plateros (hoy Madero) y Cadena (Venustiano Carranza), en el centro de la ciudad de México, a través de “corredores” que se trasladaban a pie y de ahí su nombre.
 
 
Posteriormente, las transacciones se realizaron en coches tirados por caballos y, años más tarde, grupos exclusivos de accionistas y emisores se reunían a negociar a puerta cerrada en diversos puntos de la ciudad.
 
 
En otrora, los operadores  fueron calificados como los “locos del remate” y las sesiones de viva voz, como la mejor escuela con la que pueden contar los corredores que sobrevivieron a los nuevos tiempos, al método electrónico.
 
 
Cansados, pero con corbata
 


 
 
Manuel Lasa Lasa, director ejecutivo de Mercado de Capitales de Casa de Bolsa Interacciones, ha sido corredor por más de dos décadas y vivió el proceso de transición, en los años 90, entre el sistema de viva voz y el electrónico.
 
 
“Las operaciones de viva voz”, destaca, “fueron una forma privilegiada de entender realmente la dinámica de los mercados”.
 
 
A los 21 años de edad, Lasa entró al mercado bursátil como asistente de operador de piso en la cúpula de Reforma, y a los 23 ya era corredor. Recuerda que lo primero que aprendió de manera estricta fue la frase “lo que digas es tu contrato”, además de la palabra máxima “cerrado”, ya sea comprando o vendiendo.
 
 
“Los que tuvimos esa escuela nos apegamos mucho a la palabra… En el piso de remates no podías blofear, no te podías ventanear,  pues si hablabas de más, alguien te podía cerrar. La orden sólo la debías saber tú, tú la llenabas y ejecutabas al mejor precio.”
 
 
Rememora que afuera de las instalaciones todos los operadores se trataban como camaradas, sin embargo al entrar a piso esa amistad se tornaba en competencia y cada quien peleaba por lo suyo. “Era muy raro que alguien se quisiera pasar de vivo pero siempre tenías que cuidarte.
 
 
Antes de entrar al “ring”, los operadores debían tener un calentamiento previo: estar bien informados, por medio de los periódicos o los boletines de la institución o, en el caso de la sede de la calle de Uruguay, la información se encontraba sobre un pizarrón.
 
 
“Quienes sabían aprovechar las fuentes de información podían anticiparse a los demás, y tomar las mejores decisiones en representación de los clientes. Ser un buen operador de bolsa no sólo es saber ejecutar, sino entender por qué suceden las cosas. Por qué pagas y vendes a tal precio.”
 
 
El directivo explica que para lograr permanecer en el piso de remates, un operador requería de muchas habilidades como tener temple en situaciones difíciles, excelente manejo verbal para poner una orden o tomar un corro; gran capacidad auditiva para alcanzar a escuchar lo que se estaba operando del otro lado del piso de remate.
 
 
Además de fortaleza física para aguantar muchas horas de pie y lograr, de entre una multitud, estar más cerca de los representantes de la bolsa; conocer bien los mecanismos técnicos y regulatorios y trabajar bajo presión.
 
 
“Pero también había que saber en qué momento te agachabas, es decir, simular que habías concluido una orden y dejar de gritar con objeto de oír y ver qué podías cazar para de repente agarrarlo y cerrarlo.
 
 
El ejecutivo recuerda que en los  momentos más intensos llegaban y llegaban cables, estábamos atentos a los televisores, las noticias surgían y no paraban en llegar las órdenes. La muchedumbre se abalanzaba, pero como el código era muy estricto nunca podías quitarte el saco ni aflojarte la corbata”.
 
 
El mito de género
 
 
El especialista recuerda que las mujeres tenían prohibido entrar al piso de remate porque existía el mito de que si lo hacían, la bolsa no subía.
 
 
“Yo no comulgaba con esa creencia, pero todavía me tocó. Y cuando entraba alguna mujer era natural que se diera el chifladero y el ¡fuera! ¡fuera!. Fueron pecados de tiempos viejos”.
 
 
Hoy, la situación ha cambiado y existen mujeres operadoras de bolsa. Aunque éstas no empezaron como operadoras activas.
 
 
“La oportunidad a las mujeres se dio con el híbrido de viva voz y el primer sistema electrónico que se usó para el manejo de empresas de mediana y baja capitalización.
 
 
“Daban la oportunidad de ser operadoras a algunas mujeres que estaban de ayudantes en caseta que ni siquiera podían estar circulando en piso”.
 
 
El cambio
 


 
 
 
El piso de remates cerró su operación en 1999.
 
 
La totalidad de las negociaciones del Mercado de Capitales se incorporaron al sistema electrónico, y en 2000 la Comisión Bancaria y de Valores emitió una circular que permite que el ruteo electrónico de órdenes se realice directamente desde el sistema de las Casas de Bolsa, hacia el sistema de negociación de la Bolsa.
 
 
Con la llegada de nuevas tecnologías, las dinámicas del mercado cambiaron, pero muy pocos operadores lograron adaptarse.
 
 
“Actualmente no somos más de 30 los que estuvimos en el piso de remate y seguimos operando.
“Fue la resistencia a la tecnología, pues se salía de contexto, hay quienes no sabían siquiera prender una computadora; pero también fue una resistencia a dejar la tradición del piso”.
 
 
Entrevistado en su elegante y moderna oficina de Reforma, el especialista comenta que mediante el sistema electrónico, actualmente se pueden lograr 100 mil operaciones en un día, cuando antes se hacían 76.
 
 
Si bien la tecnología brinda la capacidad de multiplicar el número de transacciones por ´n´, Lasa señala que una de las desventajas para los operadores es que cada vez los nuevos sistemas suplen a la gente.
 
 
Con cierta nostalgia platica que el gran ambiente que se vivió en el piso ahora sólo queda en el recuerdo y aunque cada corredor opera desde su casa de bolsa, la rivalidad sigue existiendo entre colegas pero de diferente forma: “es más de cómo hacemos las cosas, cómo innovamos, cómo ganamos la delantera en técnicas y sistemas de ejecución”.
 
 
Actualmente, los corredores pasan más de seis horas sentados frente a cuatro monitores mediante los cuales atienden a sus clientes, checan las fuentes de información, el sistema de la Bolsa, la página interna de la casa, los sistemas transaccionales que se usan: “En ellos ves todo el mundo”, concluye.