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Le ganan el Zócalo; va AMLO a la Alameda

07 febrero 2014 3:46 Última actualización 09 septiembre 2013 5:4

[Ex candidato presidencial convoca a movilizaciones pacíficas sin máscaras ni capuchas / Cuartoscuro]




 
Rivelino Rueda
 
 
Ni un centímetro cedieron los disidentes magisteriales de la CNTE, instalados en el campamento del Zócalo, lo que obligó a Andrés Manuel López Obrador a decidir en la madrugada la reubicación de su asamblea y llevarla a la altura del Hemiciclo a Juárez, por allá en la Alameda Central.
 
 
Ya sea por el cambio de sede de última hora o por una mañana que anunciaba lluvia desde muy temprano, al final Andrés Manuel López Obrador lució un rostro de satisfacción, porque la Avenida Juárez tuvo lleno total.
 
 
Para muchos el plan de acción que anunció ayer el tabasqueño, en defensa del petróleo y en contra de la generalización del IVA, es “lo que sigue de light”, en el cual se incluyen asambleas informativas en todo el país para el próximo domingo y una megamarcha el 22 de septiembre, del Ángel de la Independencia al Zócalo capitalino.
 
 
Eso sí, hizo una convocatoria muy especial a dar la lucha contra la privatización del petróleo porque constituye una regresión y una traición a la patria, pero también pidió que las movilizaciones se hagan sin máscaras ni capuchas y que no haya infiltrados.
 
 
Pero sobre todo llamó a realizar movilizaciones pacíficas, porque la violencia no destruye el autoritarismo, dijo.
 
 
Los desmañanados asistentes al acto del ex candidato presidencial comentan entre sí que este movimiento es el único asidero que les queda, ante lo que llaman “tibieza” y “colaboracionismo” de la dirigencia del PRD frente a las llamadas reformas estructurales que impulsa el Pacto por México.
 
 
Señales cruzadas
 
Es por ello que hoy, a pesar de amanecerse con que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) no quiso ceder la Plaza de la Constitución y bajo la incesante amenaza de lluvia, celebran la advertencia del dirigente del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) , en el sentido de que “sólo las movilizaciones podrán detener las reformas privatizadoras”.
 
 
Las señales cruzadas provocan que el mitin se retrase, aunque a las 11 de la mañana, en el cruce de las avenidas Juárez y Balderas, donde fue ubicado el templete, hasta el Eje Central Lázaro Cárdenas, ya está colmado por simpatizantes del tabasqueño, quienes siguen arribando al corredor Plaza de la Solidaridad-Alameda Central-Bellas Artes por la Calle Madero o por la antigua Avenida del Niño Perdido.
 
 
Y aunque las cifras van de los 20 mil a los 30 mil o los 40 mil asistentes –las cifras más eufóricas–, el dos veces candidato presidencial alarga su llegada, que se da a las 11:15 de la mañana, para encontrarse con una convocatoria que rebasa las expectativas.
 
 
Luego de tres discursos –de Claudia Sheinbaum; del presidente nacional de Morena, Martí Bartes, y del actor Damián Alcázar–, López Obrador inicia su mensaje en punto de las 12:00 del mediodía, y de inmediato se mete a los terrenos que le gustan, los de la historia.
 
 
Advierte que la política neoliberal de los últimos cinco sexenios, que se ha exacerbado en la administración de Enrique Peña Nieto, no es más que un “neoporfirismo”, es decir, un regreso a la época de Porfirio Díaz.
 
 
“Se trata de regresar a una de las épocas más siniestras en la historia de México”, enfatiza el tabasqueño.
 
 
Al pie de una monumental manta con la leyenda “No al robo de todos los tiempos”, subraya que una verdadera reforma energética va de la mano de “amarrarle las manos a los salinistas, a los panistas y a los líderes sindicales corruptos”.
 
 
No hay referencias ni a la iniciativa energética del PRD, partido del que se separó hace exactamente un año, el 9 de septiembre de 2012, ni a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, artífice de la iniciativa perredista en la materia y a quien, incluso, “destapó” como director general de Pemex en la campaña presidencial del año pasado.
 
 
“¡Esto es apenas el inicio! ¡Aquí estamos y vamos a seguir estando!”, remata López Obrador ante la algarabía de sus simpatizantes. Por ahí, en el templete, callado, Manuel Bartlett Díaz sólo observaba.