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Le debo todo al periodismo: Poniatowska

06 febrero 2014 6:54 Última actualización 20 noviembre 2013 5:36

 [El Cervantes se rinde a la reportera, la artesana de las palabras más íntimas en tiempos en los que el oficio es un peligro / Alarcón]


 
 

Mauricio Mejía / Silvina Espinosa de los Monteros

En un país plagado de periodistas, la reportera. En un ambiente lleno de respuestas, la que pregunta. En un contexto plagado de opiniones doctas, de dogmas, la pluma que escribe lo que sucede, lo que pasa, lo que acontece allá a en donde no asisten los que llevan la vida bien y a su modo, sin quejas.

El Cervantes ha visto en Elena Poniatowska a una artesana del oficio más lindo de todos. A una preguntona sin descanso. Reportero que no inquieta es un cuchillo sin filo. Con sus formas, en los géneros se rompen gustos, Poniatowksa es arma punzante. Perturba la tranquilidad de los que viven al pie de la letra. Revelar es la condición última y primera del trabajo periodístico. Elena transparenta un país de alas rotas, lejano de Dios y cerca al abismo. Atina cuando llama a uno de sus libros Hasta no verte Jesús Mío. Porque en la desesperanza, en la zozobra, en los estercoleros, Jesús es la resistencia última, el último suspiro, de los que viven fuera del dibujo.
 
No hay espacio para el reportero en el reino de la comodidad. El máximo premio la palabra en español asume, con todo, el peso de la prensa en un baldío lleno de cruces. Cuando la literatura se acorta, cuando la realidad es más perturbadora que la ficción es hora del periodismo. Elena pone el cuaderno y anota, anota. Debajo de la alfombra también hay amaneceres.
 
El Cervantes premia también a los lectores fieles de una inquietud recurrente. En el último de los casos, el reportero es sus fuentes. Y las fuentes de Elena son las que no tienen reporteros; los que nadie busca a la hora de las efemérides y de los obituarios, de los festejos nacionales y los informes presidenciales. Los nadies.
 
Y, al mismo tiempo, los otros: los de todos, los que tienen algo que decir ante la barbarie. Un reportaje es un hecho cultural en la medida en la que responde a una pregunta, a un problema: Elena, a su estilo, ha tratado de revelar no la respuesta; sí el problema.
 
Algo más en el reconocimiento cervantino para la obrera de la realidad: la injusticia, la crítica a esa injusticia, es un asunto ético. El jurado no premia, meramente, una obra. Aplaude una postura ante la desigualdad. Elena Poniatowska es una libreta de apuntes del desamparo. No es casual que sean jóvenes los que la sigan a donde va. Es justo la juventud la que se da cuenta que las cobijas no cubren los pies de todos. Esa descalza realidad es la que merece contarse aunque se enloden los zapatos.
 
“Yo tomaba notas”

Después de pasear a su perro en el Parque de la Bombilla, Elena Poniatowska recibió la noticia de que le habían llamado en un par de ocasiones de Madrid. Ella pensó que el motivo de la llamada era por alguna falla o insuficiencia en la entrega de un artículo que había enviado a España sobre la Premio Nobel de Literatura 2007, Doris Lessing, recientemente fallecida. Finalmente escuchó de boca del presidente del jurado que era la ganadora del Premio Cervantes de Literatura 2013. “Casí me caí al suelo de la emoción y la sorpresa”, exclamó la cuarta mujer en obtener el reconociento a lo mejor de la lietarura en español.
 
 
Para usted que gran parte de su trabajo lo ha desempeñado en la trinchera del periodismo, ¿qué piensa de esto, sobre todo, tratándose de un premio de narrativa?
El premio es literario y, por lo tanto, tiene qué ver con la educación y la cultura. Yo creo que es muy bonito. Tengo 81 años pero, en realidad, considero que es un poco la culminación de muchos años de estar en los periódicos y trabajar como periodista.
 
 
¿Cuál es la impresión que tiene de ser la cuarta mujer en recibir el Premio Cervantes después de autoras como Ana María Matute (2010), Dulce María Loynaz (1992) y María Zambrano (1988)?
María Zambrano me llama mucho la atención porque era una gran filósofa, a Ana María Matute sí alcance a conocerla y todavía vive. Dulce María Loynaz ya había muerto cuando fui a Cuba, pero fíjate que ni la he leído. Ser la cuarta mujer en recibirlo me hace sentir que muchas mexicanas ya lo pueden obtener y que la puerta no está cerrada. También siento mucho agradecimiento por el periodismo. No debemos separar el periodismo de la literatura, ya que escribir todos los días es una escuela formidable, porque hay que dejar atrás el miedo y entregar con rapidez, en vez de irte a sentar como esos que les dicen “literatos de café”, que se pasan platicando durante horas de lo que van a hacer y no hacen nada.
 
 
¿De no haber sido periodista hubiera existido su obra como escritora de ficción?
No. Yo le debo todo al periodismo, porque tuve una educación de convento de monjas, en inglés, en Estados Unidos y cuando regresé, casi por hacer algo, me hice periodista gracias a Ana Cecilia Treviño “Bambi”. El periodismo ha sido mi escuela, mi formación, me enseñó a escuchar y a retener, porque ahora hay grabadoras pero yo era de tomar notas.
 
 
¿Por qué haber dedicado toda una vida al oficio de la escritura?
 Yo creo que era mi manera de estar sobre la tierra, era a lo que yo me dedicaba. A estas alturas ya ni modo de cambiar y volverme bailarina. No puedo. Tengo que seguir en lo que estoy.
 
El Premio Cervantes de Literatura 2013 le será entregado a Elena Poniatowska el 23 de abril de 2014, en la Universidad de Alcalá de Henares.