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La fantasía del presidente del Banco Mundial

07 febrero 2014 5:52 Última actualización 11 agosto 2013 5:26

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Jim Yong Kim alguna vez dormía en su oficina y conducía por caminos de tierra para ayudar a sus pacientes en un barrio con carencias cerca de Lima. Cuando regresó a Carabayllo, en Perú, dos décadas después como presidente del Banco Mundial, una comitiva lo trasladó a toda velocidad desde el hotel de lujo donde estaba alojado. Desde el auto podía ver carteles de bienvenida en pancartas y paredes de ladrillo.
 
La reunión en junio, un año después de que el médico formado en Harvard asumió la presidencia del banco, tuvo que ver con el futuro de Kim tanto como con su pasado. En los años 1990, su organización Socios en Salud ayudó a los pacientes de Carabayllo que sufrían de tuberculosis resistente a los medicamentos. El proyecto, que dependía de los trabajadores de la salud de la comunidad para el tratamiento, obtuvo una mejor tasa de cura que los hospitales de Estados Unidos, se expandió en Perú y tuvo influencia en otros países.
 
Kim describe su "fantasía" de replicar ese tipo de éxito en el Banco Mundial, que distribuyó 53 mil millones de dólares en ayuda financiera el año pasado, comparable con la economía de Croacia. Basado en el trabajo de campo de su pasado, está intentando que 15 mil empleados trabajen en una misión destinada a poner fin a la pobreza que está amenazada por una aversión institucional al cambio que se fue generando durante casi siete décadas y por fuerzas exteriores como la ola global de capital privado en busca de mayores retornos.
 
"Mis antecedentes como persona del ámbito del desarrollo va a ser relevante en el futuro por una razón muy simple", dijo Kim en una entrevista en Lima. "Esto para mí no tiene que ver con entender las políticas macroeconómicas, con encontrar financiamiento. Tiene que ver con entender los detalles de cómo llegar a lugares como éste".
 
Objetivo de 2030
 
Llegar a los rincones más pobres del mundo y lograr que gobiernos e inversores sigan sus pasos será clave para Kim, que fijó un objetivo en abril que el banco no puede alcanzar por sí solo: reducir el porcentaje de gente que vive con menos de 1.25 dólares por día a 3 por ciento en 2030, desde 21 por ciento en 2010, y fomentar los ingresos del 40 por ciento más pobre de la población.
 
Para alcanzar esa meta, promete transformar una institución que se creó después de la Segunda Guerra Mundial para reconstruir a Europa y que ahora está centrada en los países en desarrollo. Kim llegó a la conclusión de que el banco se ha vuelto demasiado fragmentado, cauteloso y ensimismado como para lograr su misión.
 
El intento de Kim de reformular la organización y reducir la burocracia se hace eco de los mandatos de muchos de sus antecesores, una serie de burócratas, políticos y financistas. Antes que él, el banco fue dirigido por los funcionarios de la administración Bush Paul Wolfowitz y Robert Zoellick, banqueros de inversión como James Wolfensohn de 1995 a 2005 y el ex secretario de Defensa de Estados Unidos Robert McNamara durante los años 1970.
 
Cambios culturales
 
En un memo dirigido al personal el 23 de julio, Kim dijo que planea realizar cambios para superar "una infinidad de obstáculos, algunos culturales, otros de procedimiento". Dijo que quiere establecer un programa de especialización profesional para expertos técnicos y señaló que el personal con conocimiento regional necesita trabajar más estrechamente con especialistas en áreas como la educación o la salud.
 
"El banco corre peligro de ahogarse en sus propias burocracias, pero pienso que también es una institución difícil de reformar", dijo Clare Short, ex secretaria de desarrollo internacional del Reino Unido que se reunió con Kim en Washington en julio. "Kim necesita todo su encanto y su determinación, y además necesita ser absolutamente implacable".
 
Lo que está en juego para el banco durante el mandato de cinco años de Kim y después es su lugar en una economía global donde cada vez más países pueden recurrir a los mercados de deuda, donde organizaciones como la Bill & Melinda Gates Foundation se expanden y donde países como China se han vuelto prestadores a tasas bajas.
 
El banco "tiene que redefinirse en un entorno más competitivo donde hoy ocupa una porción cada vez más pequeña de la torta mundial", dijo Catherine Weaver, profesora adjunta de asuntos públicos en la Universidad de Texas en Austin, que escribió un libro en 2008 sobre la institución.
 
Al hablar ante los residentes de la ciudad de Cliza en Bolivia el 6 de julio, Kim dijo que la era en la que el banco imponía políticas a los receptores de la ayuda se había terminado.
"Yo soy médico, pero en este banco no prescribimos recetas", dijo. "Queremos que nos vean como un socio que pone su gran riqueza de conocimiento a su disposición".
 
Kim va a necesitar de los países ricos como Estados Unidos cuando, más avanzado este año, salga a pedir dinero para prestarles a los países más pobres sin interés.
 
"Va a tener que mostrar no sólo su objetivo, sino que va a necesitar ser mucho más concreto sobre cómo va a alcanzarlo", dijo Steve Radelet, profesor de la Universidad de Georgetown y ex funcionario del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.
 
En Perú, ha habido progresos en las colinas de Carabayllo, donde Kim puede usar Internet 4G y su teléfono celular en zonas donde en otra época hacía fila para poder hacer una llamada por teléfono. Lo que lo motivó en los barrios con carencias de Perú allá por 1993 no había cambiado, dijo.
 
"Si podemos demostrar que incluso en estas comunidades pobres podemos brindar asistencia, podríamos tener un impacto mucho mayor", dijo. "No hay duda de eso sigue siendo lo que vengo a hacer aquí".