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KRUGMAN: Olvide la deuda, cuídese de submarinos chinos

10 febrero 2014 4:53 Última actualización 19 agosto 2013 5:55

[Paul Krugman]


 
 
 
No creo que valga la pena hacer una refutación detallada del intento de los economistas Glenn Hubbard y Tim Kane por convencernos de que el déficit es demasiado espeluznante, y que por tanto debemos implementar una agenda de ala derecha.
 
 

Sin embargo, me impactó la frase de apertura de su reciente columna de opinión en The New York Times: “Hace dos años, el almirante Mike Mullen, en ese entonces jefe del Estado Mayor Conjunto, dijo que la deuda era ‘la principal amenaza para nuestra seguridad nacional’; ni una nación rebelde ni un grupo terrorista, sino la deuda”.
 
 

Bueno, discrepo. Creo que la principal amenaza para nuestra seguridad nacional son los submarinos chinos.
 
 

Ahora, podría preguntarse qué sé de estrategia naval, y la respuesta es absolutamente nada (y de hecho no tengo idea del grado de amenaza que representan los submarinos chinos). Pero soy una persona conocida con algunas credenciales ostentosas. Eso me convierte en un experto en todo cuyo juicio no debe cuestionarse, ¿cierto?
 
 

Hasta en los mejores momentos, discutir desde la autoridad (el término lógico para esta falacia lógica) generalmente es una mala idea. Es una mala idea especialmente cuando la autoridad en cuestión no tiene experiencia reconocida en el área que está discutiendo. Y es una idea muy mala especialmente en tiempos como ahora, cuando las personalidades con autoridad (la Gente Muy Seria) han estado completa y desastrosamente equivocadas en cada paso del camino. Al almirante Mullen, como sabemos, le gusta convivir con Erskine Bowles y Alan Simpson, ex copresidentes de la Comisión Nacional de Responsabilidad y Reforma Fiscal; han pasado aproximadamente dos años y medio desde que pronosticaron que en dos años ocurriría una severa crisis fiscal.
 
 
Ahora, respecto a esos submarinos …
 
 
 

Prejuicios inaceptables
 
 
John Holbo, un profesor de filosofía de la Universidad Nacional de Singapur, formuló una pregunta muy buena en una publicación reciente en un blog inspirada en un artículo sobre Martin Luther King en una revista de avión: ¿Cómo fue que la expresión pública del racismo se volvió inaceptable?
 
 

Note que no está preguntando por qué es malo el racismo ni por qué es algo bueno que la gente no se atreva a hacer declaraciones abiertamente racistas. Tampoco niega que de hecho aún exista mucho racismo de facto, y bastante racismo abierto tras puertas cerradas. Pero en nuestro discurso público, el racismo abierto se convirtió en un completo tabú.
 
 
Y aunque literalmente no ocurrió de la noche a la mañana, sí fue rápido. Mi recuerdo personal: crecí en Long Island en la década de 1960, y en ese entonces muchas de las casas más elegantes (¡mansiones de varios pisos!) tenían al frente estatuillas de cocheros. Al menos, según recuerdo, hubo un verano (¿tal vez el de 1965?) en que repentinamente todo mundo repintó la cara de sus cocheros; de un día para otro todos eran blancos. El mensaje había llegado: pretender que se vivía en Tara de antes de la guerra civil no estaba bien.
 
 
El Sr. Holbo lo formuló como pregunta, sin respuesta clara, y tampoco tengo una. Señalaría que pareciera como si actualmente estuviéramos viviendo algo similar con respecto a la homofobia; otra vez, no está completamente claro por qué.
 
 

Y seamos claros: aunque hay mucha conformidad e hipocresía en esos cambios, aun así son cosas buenas. Sí, si usted recuerda al movimiento de Derechos Civiles y al verdadero Martin Luther King, es un poco perturbador ver a M.L.K. convertido en una tierna personalidad universalmente querida y celebrada en revistas de aviones. Pero la hipocresía es el tributo que el vicio paga a la virtud y todo eso; cada vez que un prejuicio vil se vuelve socialmente inaceptable, nuestra sociedad se vuelve un poco mejor.